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Machomenos escribe Israel León O’Farrill
Palabras clave: machismo, bots, redes sociales, conservadurismo, agresión
En su perfil de Facebook, la creadora de contenido Andrea Zapiain habló de algo denominado la “teoría de la sopa de frijoles”. De acuerdo con lo que nos cuenta, en algún perfil en la red, una persona publicó un video donde mostraba una receta para realizar sopa de frijoles. De pronto, en los comentarios alguien preguntó: ¿qué hago si no me gustan los frijoles?” Zapiain nos dice que se acabaron a quien hizo semejante comentario por ridículo. “Si no te gustan los frijoles -dice Zapiain-, no veas una receta de cómo hacer frijoles”. Desde que tengo una red social, he visto que eso poco importa. Es el espacio para que cualquiera opine lo que quiera sobre lo que sea, sin que medie compromiso o responsabilidad con lo dicho. Y, como difícilmente habrá consecuencias, más si se publica en modalidad anónima o con un perfil falso, pues las redes sociales se convierten en una plaza pletórica de gritos, insultos, memes, agresiones verbales, acosos diversos y difamaciones. ¿Pasaría esto de la misma manera en una plaza pública como el Zócalo de cualquier ciudad en nuestro país? Claro que no, ahí tendríamos muy de cerca a la persona agraviada y correríamos el riesgo de que nos contesten cara a cara o, en un caso extremo, que la violencia sea contestada de forma física.
En fin, algo así como la sopa de frijoles sucede a menudo en varios grupos que sigo en Facebook sobre estudios o activismo de género o de apoyo a la diversidad; lo mismo en el perfil del Consejo Nacional para Prevenir la discriminación (CONAPRED): prácticamente no hay publicación que no esté seguida por numerosos comentarios de personas que no están de acuerdo con la publicación, que se dedican a insultar al perfil o a quien la haya hecho. Si no estás de acuerdo con el discurso de género o con el respeto a las diversidades, ¿qué haces en ese grupo? ¿Acaso te dedicas a cazar estas publicaciones para atacarlas argumentando tu derecho a la libre expresión? ¿O es que no son entes reales y lo que hay son “bots”? En el blog de la CNDH se preguntan lo siguiente: “Pero ¿qué pasa con la libertad de expresión cuando se utilizan de manera sistemática cientos, o en ocasiones, miles de perfiles falsos en las distintas redes sociales para sesgar, manipular o distorsionar la información que se genera día con día y que debe estar al alcance de cualquier persona? Estas prácticas coartan nuestro derecho, pues, como se sabe, el uso de perfiles apócrifos o cuentas que suplantan la personalidad de alguien más, también conocidos como ‘bots’, tienen la finalidad de crear temas de interés de manera artificial, con lo cual se rompe el equilibrio de una discusión plural y auténtica que nos permita generar una opinión informada y sustentada respecto a diversos temas”. Todo eso suena a ficción científica, pero es una preocupante realidad. Y, aunque no se crea, este tipo de intervención cibernética ha tenido mucho que ver en las elecciones más recientes en diferentes partes del mundo. Según informa el portal del INE, “Investigaciones refieren que 20% de las conversaciones en redes sociales sobre eventos coyunturales a nivel internacional proviene de bots y 80% de personas. Por su parte, compañías de ciberseguridad reportan que los bots maliciosos representan más de un tercio (37%) de todo el tráfico web”.
No dudo que buena parte de los comentarios negativos que se publican en los grupos que señalo sean bots. Sin embargo, quiero pensar que el nivel de estulticia, cerrazón, conservadurismo, machismo y mentecatez -por no decir la nula ortografía junto a la deficiente sintaxis- van más allá de lo digital y muestran que esos comentarios son humanos. ¿Habrá una conspiración de grupos ultraconservadores que envían a sus esbirros a fastidiar en cuanto grupo de género y LGBTIQ+ se encuentren? La verdad es que dudo mucho que estén destinando recursos millonarios para la contratación de empresas dedicadas a esos sabotajes digitales. No, para mí son personas de carne y hueso, hombres y mujeres, que deliberadamente entran a estos grupos para forzar su agenda y entorpecer la discusión y eso es francamente preocupante por su imposición e intolerancia. O quizá se trate de personas que no acaban de asumir su propia orientación y, terriblemente ofuscados por sus frustraciones, atacan todo lo que quizá en secreto desearían tener o ser. Cada uno sabrá, en realidad. Frijoles o no frijoles, he ahí el dilema de las redes sociales.
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