Lunes, 10 Agosto 2026 19:40

Energía masculina o femenina

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Machomenos escribe Israel León O’Farrill 

Palabras clave: machismo, energía masculina, femenina, estereotipo

Una de mis lectoras, María Fernanda Huesca, a cuento de un artículo anterior en el que analicé los estereotipos de género, me habló hace poco de un concepto que anda circulando por la red: la energía vinculada al género, es decir, la energía masculina y la femenina. “Me quedé pensando en algo -me comentó- que me aparece todo el tiempo en redes, ‘la energía masculina’. (…) Cuando eres proveedora de tu hogar, cuando ganas más dinero que tu pareja hombre o sabes resolver problemas que implican herramientas como martillos, clavos, taladros, etc., estás en tu ‘energía masculina’ no es que simplemente eres un ser humano con ciertas características, a huevo es algo masculino. (…) Y peor aún, se considera malo y veo tantas publicaciones de como volver a tu ‘energía femenina’ (no sé por qué lo femenino se asocia a lo inútil y lo pasivo, a la falta de carácter y poder de decisión, a la nula iniciativa y capacidad) y también hay tanto sobre cómo es un hombre conectado con su ‘energía masculina’ y qué hacer para lograr esa supuesta energía”. Lo primero que me vino a la mente es la artificialidad de semejantes conceptos que, como muchos otros, son desarrollados por el propio patriarcado para reforzar los estereotipos de género de los que se vale para sobrevivir.

No obstante, mientras buscaba información en la red, me encontré con un interesante análisis que hace Montserrat Germán Miranda, estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM en una publicación del portal ¡Gooooya!, intitulada “El mito de la energía masculina y femenina”. Para ella, después de analizar la forma en que el tao divide las energías en el ying- yang, masculino y femenino, lo mismo que otras cosmovisiones, como la mesoamericana, basada, [según nos dice Alfredo López Austin] en opuestos complementarios, la “lógica binaria y funcional al sistema de producción y reproducción está muy alejada de la armonía que busca la dualidad energética del taoísmo, la expresión del ser es secuestrada y la nula integración de las energías expone lo alejado que está el uso de la energía femenina y masculina de su verdadera visión. La tendencia de apropiación de estos términos por un sinnúmero de creadores de contenido es notable, porque es aquí donde se desvirtúan las creencias espirituales que tienen como esencia la fe, la tolerancia y la armonía en la perpetuación de creencias y prácticas que promueven precisamente lo opuesto: la separación y dominación”. Esto es que, para muchas filosofías o cosmovisiones, existe una complementariedad de esas energías asignadas a los géneros, pero desde el punto de vista de la cultura que diseña estas interpretaciones, de ninguna manera se trata de algo universal y mucho menos contempla una relación de verticalidad y dominación entre las energías. Por el contrario, los contenidos en redes producidos por creadores de contenido banales o los más tradicionales de revista televisiva de medio cachete, no hacen otra cosa que sustentarse en estereotipos de género para, así, reforzarlos de manera intencional o sin ella.

Si uno realiza una búsqueda superficial en el Google, de inmediato su IA te lleva a estereotipos como “La energía masculina se asocia con la acción, la estructura y los límites, mientras que la femenina se relaciona con la intuición, la receptividad y la fluidez”. Por supuesto, cuando revisamos la fuente de donde la IA saca semejante perogrullada, se trata de un video en Youtube sin ningún sustento científico y que ni siquiera cuestiona la validez de los términos, simplemente los da por sentados. ¿Hay mujeres y hombres que se ajustan a estos estereotipos? Claro que sí, pero ¿qué tanto lo hacen porque han sido formados en un sistema que produce y reproduce esos estereotipos y todos estamos predeterminados a vivirlos? Como nos dice Germán, como “se explicó anteriormente, en el taoísmo la dualidad energética se encuentra integrada en todos los procesos de la vida, sin jerarquía o moralismo. La dicotomía entre lo femenino y lo masculino ha sido objeto de interpretación como lo ha sido de instrumentalización; de la mano de los roles de género y el sistema patriarcal que los fomenta y sostiene, es necesario mantener y concebir a los géneros en contraposición”. En efecto, al sistema le conviene que creamos que los hombres somos quienes proveemos la estructura en una relación y las mujeres la receptividad y la fluidez; esto implica que de los hombres viene la fortaleza y de ellas la emotividad y, desde ahí, se vende la idea de equilibrio. Lo cierto es que, en la vida real, hay muchas familias monoparentales donde el padre es ausente y las madres son las que ponen prácticamente todas esas “energías”. Por otro lado, ni la estructura está peleada con la fluidez y la libertad, ni la fuerza con la emotividad. No existe eso de energías divididas por género, así como tampoco su relación con los roles previamente establecidos. El que una mujer pueda usar un taladro y sea fanática de los Broncos de Denver y el que un hombre sea muy bueno para lavar los trastes -y lo disfrute- y que llore a moco tendido viendo un “Kdrama” no los hace tener energías encontradas o contrapuestas; los hace ser adultos funcionales y en contacto con su emotividad, sin importar su género. Hacía allá tendríamos que caminar. 

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