Las visas y otras perlas

Las visas y otras perlas
Alejandro Páez Varela
Historias de unos días

Historia de unos días escribe Alejandro Páez Varela 

La corbata

No tengo ningún dato estadístico que me diga que la Presidenta o Morena estén resintiendo un desgaste en sus niveles de aceptación popular por la campaña de acoso implementada desde Estados Unidos, y desde los escritorios de Ricardo Salinas Pliego y Claudio X. González. En cambio, sí tengo información, que está disponible para todos, sobre la resiliencia de la izquierda en estos meses. Hay dos tipos de países: los que se doblan cuando Washington amenaza (Argentina, Ecuador), y los que se indignan y rechazan la injerencia extranjera (Canadá, Brasil). Creo que somos de éstos últimos porque el odio hacia Estados Unidos y hacia Donald Trump se ha disparado en el país, de acuerdo con Pew Research Center, como consecuencia directa del maltrato.

También creo que deberíamos poner rostro y diseccionar bien la idea de que “Washington odia al Gobierno de México”. No es general ni son todos. Ni siquiera son todos los de arriba. No estoy autorizado para dar detalles, debido a que mi fuente fue extremadamente cuidadosa cuando me lo contó, pero Claudia Sheinbaum y Trump tuvieron un gran encuentro cuando ella visitó Nueva York y Nueva Jersey el pasado 19 de julio de 2026. Hay un momento donde Mark Carney se ve imprudente, tratando de hablarle al oído del Presidente de Estados Unidos. Hay otro momento donde el Felipe VI de España le recomienda a Pedro Sánchez salir del palco, desaparecer. Hay uno más donde Melania confía un par de datos a Sheinbaum y hay un momento donde Trump le pregunta a su homóloga mexicana:

–¿Con cuál corbata me veo mejor?

Por eso digo que eso de que “Washington odia al Gobierno de México” hay que tomárselo con reservas. No digo que el odio no exista; digo que no viene de la Casa Blanca como un todo como sí se siente, digamos, con el gobierno de Canadá. Insisto: habría que ponerle rostro y diseccionarlo para entenderlo mejor.

La fuente del odio

Marco Rubio sigue líneas generales. Cuba es su obsesión, pero quiere que se le reconozca la campaña de derechización de Latinoamérica. Será interesante ver qué hace después del 4 de octubre próximo, si Lula se impone en una primera vuelta. Será una derrota que anuncia otra: la de noviembre, cuando MAGA caiga en las urnas. Pero él y muchos como Rubio han aprendido del síndrome de Ormuz: si tu jefe quiere aferrarse a la derrota, adelante. Es su derrota, faltaba más.

Ahora, México. La pregunta que yo me hago es qué pensará el resto del equipo de Trump cuando Christopher Landau ataca al Gobierno de México con arranques personales, por afán de protagonismo en un país que cree que conoce. ¿Golpea con autorización? ¿Se burla por encargo? Francamente lo dudo. Aprovecha las líneas generales de Trump y Miller, como Rubio, pero le mete más de su cosecha. Pero vayamos por partes.

  • Stephen Miller, asesor especial para Donald Trump. Odia a México, odia a los mexicanos, odia al Gobierno de México y odia todo lo que sea distinto. Supremacista blanco, es autor de lo más duro de la política migratoria de Trump como ir primero por los niños migrantes, acabar con el refugio o cancelar viajes de países específicos. Si por él fuera, nos borraría del mapa, pero su odio a México es el mismo que tiene, por ejemplo, contra los africanos o musulmanes. Así que tampoco me lo tomaría tan personal.
  • Terry Cole, director de la DEA. Tiene un largo historial negro en América Latina. Su pasado en México es una mancha indeleble para él, si es que tiene alma: una filtración de la DEA provocó una matanza de Los Zetas en Allende, Coahuila. Un pueblo entero fue borrado. Cole era parte de esa operación. Obvio, ve México con esos ojos. Ve México como si Felipe Calderón y su corrupto brazo derecho Genaro García Luna siguieran en el poder. Es partidario de la intromisión de Estados Unidos en la región (otra operación de él en Colombia causó la muerte de 10 agentes) sin medir consecuencias. Quiere que México abra las puertas a sus agentes aunque sus agentes sean unos sanguinarios y sus políticas también. Obvio, no ve con buenos ojos al Gobierno de México porque le pone límites.
  • Christopher Landau, Subsecretario de Estado. Encontró un gusto personal en amenazar políticos mexicanos y está bien, él sabrá. Sin embargo, en la ortodoxia de la diplomacia no es tan bien visto su protagonismo en redes, su encanto por el aplauso falso en X, etc. Está engolosinado con los halagos de los troles de Salinas Pliego. Se le nota demasiado. No estoy seguro de que Trump esté plenamente enterado de que hay alguien que le roba protagonismo. El Presidente de EU es celoso con eso. Los protagónicos suelen perder su respaldo y puedo hacerles una lista que empiece con Kristi Noem. Landau juega, me parece, un juego peligroso cuando reparte golpes: ¡México es el mejor socio de Estados Unidos! ¡El vínculo entre las dos naciones alcanzó niveles nunca antes vistos en, por ejemplo, comercio! Landau mete ruido en la relación México-EU porque quiere hacerse notar en los núcleos que antes, cuando Embajador, frecuentaba.

Así que eso de que “Washington odia al Gobierno de México” hay que tomárselo con reservas.

“Alito” y los elefantes

Obvio, Alejandro Moreno Cárdenas no es lo que algunos quisieran. No es un opositor respetable para Estados Unidos, que tiene tantos o más datos (por ejemplo: del hermano de “Alito”) como los tiene México. El líder del PRI no acumula bonos democráticos para colarse en ciertos círculos que podrían usarlo como “víctima de la dictadura” y todo lo anterior es tan obvio que no lo reciben figuras importantes cuando va de vendepatrias a Washington.

“Alito” decidió meterse en medio de una reunión de elefantes con un altavoz. Quiere que lo noten, tener voz entre ellos para negociar, como ya lo hizo, si sus actos de corrupción lo alcanzan. Pero cualquier movimiento de cola de cualquiera de los elefantes –incluso un movimiento involuntario– lo aplastará.

Algunos acá le dan estatus de “gran opositor”. No creo que lo sea. Se creció por las malas artes de ciertos personajes de la 4T que le extendieron el pasaporte de impunidad, pero no es quien creen que es. Ahora, se ha crecido. No para competirle a Morena ni mucho menos: se ha crecido en la oposición porque su discurso de “narco esto” y “narco lo otro” jala a los radicales, sobre todo en X. Y se ha crecido mientras Jorge Romero se derrumba. (Me da risa que Alito, personaje de historieta, salido de un Sensacional de Cantineros, sea para muchos viejos periodistas un “defensor de la libertad de expresión”. Jaja. Ya. Cierro paréntesis).

El PRI se ganará dos o tres puntos en 2027… y los perderá el PAN. Me lo dicen los promedios de encuestas. Pero eso no significa que este vendepatrias –que se disputa el lugar más indigno con Lilly Téllez y Ricardo Salinas Pliego– vaya a prosperar. Su destino es la cárcel. Ya veremos si la 4T se atreve, pero su destino está allí. Ya veremos si la izquierda tiene la capacidad para procesarlo sin mucho ruido.

“Narco esto” y “narco lo otro”

Llamar a alguien “narco” dejó de ser una acusación grave para convertirse en simple ofensa. “Narco” es un adjetivo más. Puedes llamar a alguien estúpido, o lo llamas narco. Podrías calificarlo de corrupto, ignorante, cómplice, impostor, mentecato: mejor lo llamas narco. Usarlo tanto terminó por crear un efecto contrario al que esperaban Claudio X. González y los suyos (incluyo en “los suyos” a los halcones en Estados Unidos). El adjetivo se diluyó y se explica de muchas maneras. Una correcta es con el dirigente nacional del partido que inventó la narcopolítica: el PRI. Alejandro Moreno Cárdenas acusa a otros de narcopolítica, pero tiene a sus espaldas no sólo lo propio, que eventualmente puede llevarlo a la cárcel, sino el estigma de dirigir la fuerza política que ayudó a la CIA a fundar los primeros cárteles mexicanos. Entonces que “Alito” llame “narco” a alguien ya era un exceso. Ahora se volvió irrelevante.

Puedo explicarlo de otra forma. Es como si Ricardo Salinas Pliego usara como frase pegajosa “zurdos de mierda evasores fiscales”. O como si Jorge Romero acusara a la izquierda de dirigir un cártel inmobiliario. O como “Alito”, que habla de narcopolítica y evade explicar cómo fue que la Dirección Federal de Seguridad (DFS), en tiempos en los que el PRI era todopoderoso, ayudó a la CIA a crear el Cártel de Guadalajara y el Cártel del Pacífico. La DFS no sólo torturó, acosó y asesinó a líderes de izquierda, sino que tuvo entre sus generales y directores a los más grandes narcotraficantes de su tiempo. Documentado en Estados Unidos y acá.

Pero, bueno, si les entretiene llamarle narca a su abuela, pues muy su gusto. He visto cómo otras iniciativas lanzadas por Claudio, “Alito”, Salinas Pliego o Jorge Romero fracasan rotundamente. Síganle. Me imagino que ya cobraron las entradas para ese partido, como dicen en el beisbol, y no les queda otra que llegar a la novena entrada.

(No le gusta que lo llamen) Andy’s affair

Cómo olvidar cuando varios de los periodistas más afamados de México escribieron que Andrés Manuel López Beltrán (AMLB), a quien no le gusta que lo llamen “Andy”, tenía como encargo disputarle Palacio Nacional a la Presidenta de México. O cuando Aristegui Noticias y Proceso dijeron que saqueaba Sembrando Vida para un negocio con chocolates. O cuando vaticinaron que destronaría a Luisa Alcalde. Y muchos etcéteras. No lo conozco, nunca lo he visto en persona, pero si alguna vez tengo manera de sugerirle algo, le diría que guarde esos recuerdos de vileza para una gran novela. Necesitará terabytes.

¿Washington le retiró la visa porque no lo quiere? Es probable. Aunque el mensaje va más arriba. Diría: no es siquiera un mensaje para el papá, que está en retiro. Es un mensaje para el movimiento. Es una de esas advertencias que vienen de lo más profundo del imperio; de las voces más cavernosas, de los halcones, del club semi-secreto de ancianos blancos que dirige Estados Unidos.

Y tampoco es López Beltrán en particular. The New York Times decía el domingo: “En toda América Latina, la administración Trump ha desplegado tácticas agresivas para afianzar su control sobre la región. Éstas incluyen aranceles paralizantes y sanciones económicas, ataques contra decenas de embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, injerencia en elecciones extranjeras y la captura del Presidente de un país en su propia capital. Pero una de sus herramientas más ágiles y precisas es también profundamente personal: el visado estadounidense”. Ese texto, por cierto, ni siquiera menciona a López Beltrán y tampoco menciona a México.

No tengo ningún dato estadístico que me diga que la Presidenta o Morena estén resintiendo un desgaste por esa campaña de acoso. A quien le interese probarlo, vaya a las encuestas serias. Claro que se han enfrentado momentos duros. A finales del año pasado y principios de este, Salinas Pliego y Claudio Equis le dieron en la diana al usar el asesinato de Carlos Manzo para golpear a Sheinbaum y para agitar socialmente. Estuvo el caso Rubén Rocha Moya. Pero todas las encuestas respetables dicen que para mayo-junio, el efecto adverso había pasado, y la izquierda y la Presidenta habían recuperado los pocos puntos que perdieron.

Mi cálculo es que los ataques desde Estados Unidos harán más fuerte a la izquierda porque México es un país que rechaza la injerencia extranjera; porque odiamos a los vendepatrias y porque sabemos muy bien que lo de las visas es un juego de élites. Millones nunca han tenido visa, siquiera. No sabrían decir si se siente bien o se siente de la fregada perderla.

 

@paezvarela