Lunes, 27 Julio 2026 20:12

¿Inocencia?

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Machomenos escribe Israel León O’Farrill 

Palabras clave: machismo, acoso, suicidi@, violencia, protocolo.

El maestro que se quitó la vida por haber sido acusado de acoso nos dejó numerosas lecciones después de ello. Antes que otra cosa, es necesario reiterar que el acoso y la violencia de género y sexual, por supuesto que existen. Ni son inventos de las feministas o la “cultura woke” y tampoco son temas baladíes que son “ahora” exageraciones. Millones de personas en este mundo, principalmente mujeres, han vivido el acoso y la depredación de hombres a nivel histórico y, en buena medida, gracias a la expansión de la llamada cultura occidental por el orbe. El que una jovencita decida acusar a un profesor es cosa seria, debe ser escuchada, atendida y se le debe dar cauce jurídico y, si es el caso, penal. Por supuesto, también se debe respetar la presunción de inocencia del acusado, reunir evidencias y llegar a los resultados que establezcan protocolos y procedimientos. Sin embargo, ni la acusación misma es una confirmación del delito ni quitarse la vida es prueba de inocencia. Son las autoridades las únicas facultadas para determinar el caso; no obstante, hay que decirlo, el maestro, al exhibir las imágenes de chica cometió una transgresión que ha puesto en riesgo la vida de la víctima. Lo repito, el suicidio no es una prueba exculpatoria y, para solventar el efecto terrible en contra de la víctima que el video del profesor ha generado en redes sociales, un linchamiento burdo, es necesario que la investigación se siga con rigor y haya resultados prontos y claros. 

Por otro lado, leí recientemente en una publicación en FB una serie de recomendaciones que hace un personaje para “protegerse” de las falsas acusaciones de acoso. Van desde la idea de nunca estar solo con una mujer en la escuela o en el trabajo; guardar todas las conversaciones con las mujeres con las que nos comunicamos, entre otras. Sin embargo, en ningún lado leí algo que dijera “primero que nada, pregúntate: ¿cómo me comunico con mis compañeras? ¿Eso que les digo es inapropiado? ¿Mis acciones pueden ser consideradas acoso?” Claro que algo así no aparecerá pues para este personaje, como para sus lectores, como para el grueso de los patanes que han insultado a la denunciante, el delito en realidad no existe. Ellos piensan, “seguro la chica exageró” o “es una venganza porque no le hizo caso”. No voy a negar que existen hombres y mujeres que utilizan el acoso como arma política o como herramienta de vendetta, pero los casos reales y sus evidencias son tan abundantes, que unos pocos casos falsos no niegan la existencia del delito.

Como bien dijo Cirilo Rivera García en su cuenta de Facebook: “Hay una frase machista: ‘Si me voy, también me la llevo a ella’. Eso hizo este profe: ejercer violencia y exponer a la víctima con datos e imagen, y después vino el suicidi@ como forma de ‘ganar’ y mantener el ‘honor masculino’. Estas frases sostienen la historia única que aprendimos algunos hombres, incorporamos la creencia que estamos compitiendo con otros hombres y con las mujeres, por lo tanto, una forma de ganar es a través de la violencia”. Y sí, el acto realizado por el maestro es violento, en la superficie ejercido hacia sí mismo; pero, de manera concomitante, hacia la víctima a quien coloca en la plaza pública para exhibirla. ¿Es ella culpable de difamación y, además, ahora de la muerte del maestro? No lo sabemos pues la investigación no ha concluido. Por supuesto que tampoco sabemos de la culpabilidad del maestro. Sin embargo, para los grandes “expertos, juristas, psicólogos, forenses y dechados de virtud” que abundan en las redes sociales, lo mismo ella y él son culpables. Es justo decirlo: primero vino un linchamiento en contra del docente pues “seguramente era culpable”; después, gracias a la “purificación” que realizó, la culpabilidad pasó de inmediato a la parte acusadora. Lo que nos tiene que quedar claro, es que el sistema de derecho es el que tiene que imperar; debe haber investigación y resultados, como ya lo he dicho. Y, nosotros, como sociedad, debemos aprender a que, en estas situaciones, lo que menos se debe hacer, es tomar partido y debemos exigir que las autoridades hagan su trabajo. Machistas, es tiempo de reconocer sus violencias y sus acosos; y, feministas, las denuncias falsas y las difamaciones existen y, con profundo pesar lo digo, las denuncias y los tendederos también son usados con fines no muy honestos que digamos. De nosotros, hombres, queda el examinar nuestro accionar y, con franqueza, detectar si existen conductas inapropiadas, aceptarlo y corregirlo; del otro lado, denunciar el acoso y respaldarlo con las evidencias necesarias. No siempre se puede, pero en la medida de lo posible, hay que hacerlo. Y, a las autoridades, de todos los niveles, queda la labor de recibir la denuncia, investigar, procesar y condenar, de ser necesario.

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