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Machomenos escribe Israel León O’Farrill
Palabras clave: machismo, cita, amor romántico, violenci@, soltería.
Hace poco, platicando con unas conocidas, me enteré de lo que hacen cuando salen por primera ocasión con alguien. Se cercioran de proporcionar a sus familiares santo y seña de con quién saldrán, envían la dirección y ubicación del lugar en donde estarán y, de ir y regresar solas, también comparten el recorrido del taxi o cualquier servicio de transporte en tiempo real. Por supuesto, no todas las mujeres mantienen informados de todo a sus seres queridos, pero me pareció bastante serio el asunto. ¿Tienen sentido semejantes preocupaciones o es una mera exageración? Sólo las mujeres y los depredadores que abundan allá afuera lo saben. Sin embargo, si tuviera hijos o hijas, estaría atento a todo. Yo, como mucha gente, [afortunadamentehttps://www.elfinanciero.com.mx/economia/2026/02/13/mexico-con-menos-casados-y-mas-solteros-datos-del-inegi-sobre-parejas-en-san-valentin/">El Financiero el “47.6 por ciento de la población mayor de 15 años estaba casada en 2005, cifra que disminuyó a 36.3 por ciento en 2025, según un reporte del Inegi”. Y, de acuerdo con un reportaje publicado en la Gaceta de la UNAM en 2021, “México se acerca cada vez más a ser un país mayoritariamente de población soltera. De acuerdo con cifras del Censo de Población y Vivienda 2020 realizado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi), 34.2 por ciento de los habitantes son solteros, sólo 1.2 por ciento menos que la población casada. (…) La modificación radical en esta situación, dijo Carlos Welti Chanes, del Instituto de Investigaciones Sociales, está en el segmento poblacional de mujeres solteras de entre 20 y 24 años de edad, quienes representan más de 50 por ciento, lo que refleja un cambio en su estatus social”. En efecto, ya sea por necesidad o por desarrollo personal, el número de que mujeres trabajan fuera del hogar y viven de manera independiente va en aumento. Por lo mismo, la vida en matrimonio ya no les resulta muy atractiva, máxime cuando vemos que ello implica, gracias a la maravilla del patriarcado, que deban trabajar fuera de casa y regresar a trabajar en ella, no sólo para mantener en condiciones apropiadas su vivienda, sino para atender a esposo e hij@s. Y sí, sabemos que tú que lees esto eres un adulto funcional que te haces cargo de las cosas del hogar estés o no casado simplemente porque hay que hacerlo; pero a diferencia de ti, todavía en nuestro país abundan machirrines que no mueven un dedo en casa. Para muchas mujeres, salir con alguien puede llevar a tener pareja y a que, con muy mala suerte, terminen esclavizadas con el angelito que, gracias al tamiz del matrimonio, se vuelve un zángano inútil.
Pero, todavía peor, para muchas de ellas representa el temor de no saber con quién se están relacionando. Es común ver en publicaciones en redes sociales la idea de las “red flags”, es decir, aquellas banderas rojas que te indican peligro. Muchas de ellas no lo eran hace unos treinta años, pero los tiempos cambian y ahora, el hecho de que el candidato a pareja sea celoso, vigile publicaciones en redes sociales, que de la nada se comporte como un patán agresivo o que a la menor provocación quiera pelearse con otros trogloditas para demostrar su virilidad y poder, son enormes “red flags” que las chicas cada vez están menos dispuestas a soportar. Hay una clara sensación de decepción sobre el amor romántico y sus implicaciones. Según una publicación del portal La Cadera de Eva, en “los últimos años, esta sensación ha sido nombrada como heteropesimismo, un término acuñado en 2019 por la escritora e investigadora Asa Seresin para describir el arrepentimiento, la vergüenza o la desesperanza hacia la experiencia heterosexual. (…) Según Seresin, este sentimiento surge a partir de las actitudes y dinámicas de los hombres, pero también de las expectativas culturales que pesan sobre cómo ‘debería ser’ una relación. (…) Y aunque muchas veces las conductas masculinas refuerzan la frustración —desigualdad emocional, falta de corresponsabilidad o machismos cotidianos—, también es cierto que gran parte de esa decepción nace del modelo de amor romántico tradicional, que nos enseñó a idealizar, a esperar, y a medir nuestra valía en función del vínculo con otro”. Por todo lo anterior, para las mujeres, la soltería es más un alivio que una dificultad. Pero para nosotros, por el contrario, significa una falta de realización. ¿Qué tanto estamos atrapados nosotros gracias al patriarcado en la necesidad de tener y conservar relaciones de pareja, sean buenas o malas? ¿Qué tanto sabemos disfrutar nuestra soltería? ¿Para qué salimos con alguien? Y cuando lo hacemos ¿qué esperamos de esa persona? ¿Sexo, compañía, una relación, pasar un buen rato? ¿Somos honestos con ellas y con nosotros mismos? Y, si salimos con ellas para aprovecharnos, para tener sexo a como dé lugar, argumentando que yo pagué la cena, y si se niega, la fuerzo… entonces, somos, aunque lo neguemos, el depredador del que se tienen que cuidar y gracias al que tienen que tomar todas las precauciones de las que hablé al inicio de esta columna. Piénsalo, ¿tú quién eres en estas circunstancias?
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