Lunes, 07 Septiembre 2026 19:32

La cuenta

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Machomenos escribe Israel León O’Farrill

Palabras clave: machismo, caballerosidad, roles, colaboración.   

En una curiosa nota publicada en el diario argentino Los Andes se abordó un tema peculiar: ¿quién paga la cuenta en un restaurante, él o ella? Y es que la nota reporta que, en un establecimiento, unos comensales, hombre y mujer, pidieron la cuenta. Según dicen los trabajadores, el varón la solicitó al dueño del local y por eso se la llevaron a él. Luego, descubrieron una nota junto con la propina que decía: “Patriarcal y machista lo de darle la cuenta a él”. Para los trabajadores del lugar, incluido el dueño, el mensaje les pareció desproporcionado. La mesera que los atendió compartió el episodio en un video de Tiktok y, como respuesta, hubo un aluvión de comentarios, unos a favor del hecho, otros en contra: “’Concuerdo, las mujeres podemos pagar’ o ‘La cuenta se deja encima de la mesa. No se da por hecho que va a pagar una persona en concreto’, fueron algunos comentarios a favor de la pareja. ‘Me parece que la piel de la gente es cada vez más fina’, escribió uno, totalmente de acuerdo con el local de comida”. ¿El gesto fue machista por parte del establecimiento? Pienso que sí, aunque no creo que haya sido a propósito, es decir, fue una respuesta perfectamente normal, pues el machismo está totalmente normalizado y lo vemos en acciones tan cotidianas como esta.

Hace tiempo un conocido -mucho más joven que yo- con el que conversaba sobre salidas con amigas, prospectos o novias, me dijo, categórico, que él siempre pagaba la cuenta, le abría la puerta del auto y del establecimiento, apartaba la silla de su acompañante… justo como le enseñó su papá, a ser un caballero. Y, al decirlo, hinchaba el pecho, todo orondo por su correcto comportamiento. ¿Cuál es el origen de esa conducta? ¿Está mal? Bueno, en principio se podría decir que no; pero, visto a profundidad y en compañía de muchas otras actitudes, no deja de ser el inicio de una relación de dominación donde los roles están perfectamente establecidos. En la machósfera se quejan de que las mujeres siempre están a la defensiva sobre estos temas y que ven el mismo hecho de sacar la cartera como una amenaza machista. La verdad es que esas mujeres no se equivocan. Ahí mismo se dice, como lo hemos escuchado en numerosas conversaciones entre “compas”, que el hecho de pagar en una cita, de pasar por ella, de ser un caballero, es una inversión encaminada en algunos casos a iniciar una relación, pero en muchos otros, a conseguir sexo, tan burdo como suena. Para estos “compas”, salir es un juego de transacciones. ¿Puede terminar en una relación seria? Claro, pero no siempre es lo que están buscando ambos. ¿Puede terminar en sexo? Por supuesto, pero no es un requisito fundamental y nadie está obligado a facilitar el cuerpo a cambio de una cena y unos tragos.

Por tanto, seamos claros. Los tiempos han cambiado para algunos, pero para muchos otros, seguimos instalados en pleno inicio del siglo XX. El valor de la “caballerosidad” que regula la forma en que los hombres se comportan frente a las mujeres es lo mismo un anacronismo, que la vía que toman muchos machirrines para obtener lo que buscan, que suele ser un acostón ocasional o, si la cosa dura, la dominación absoluta so pretexto de ser el proveedor, tal como un “pater familias” debe ser. En el ejemplo que cité al inicio de esta entrega se asoman tintes machistas, sin duda; pero quizá, lo más interesante se encuentra en los comentarios reportados por el medio. ¿Es exagerada la reacción de los comensales? Bueno, más allá de juzgar semejante fruslería, lo que deberíamos es de cuestionarnos en verdad los roles que nos han asignado y si estamos o no de acuerdo con ellos. Luego, salir con alguien y esperar que aquella persona con la que lo haga comulgue con mis mismas ideas. En realidad, como en la vida en general, existe una cuenta y alguien tiene que pagarla. Ambos consumieron, ambos tienen que llegar a un acuerdo para liquidarla. No es una obligación del varón hacerlo, pero si lo hace porque la otra persona no tiene en ese momento o porque le nació hacerlo, pero hay un acuerdo, entonces no encuentro el problema. Lo mismo sucederá en casa, con las labores del hogar, con la crianza y un largo etcétera. No basta con ser proveedor, hay que ser persona. Una relación en pareja es eso, de dos y se trata de cooperación y construcción de comunidad; lo demás, es dominación y abuso. En el momento en que entendamos eso, avanzaremos una enormidad.

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