Un apestado en el Ajusco

Un apestado en el Ajusco
Fernando Maldonado
Parabólica

Parabólica.MX escribe Fernando Maldonado

Nadie lo ha dicho porque aún en tiempos de debate abierto en la escena pública, hay definiciones que exigen guardar decoro. Sin embargo ahí están los últimos datos disponibles; Ricardo Salinas Pliego adquirió un estatus inimaginable: es un apestado. 

Tener contratos con alguna de sus empresas en Televisión Azteca, ADN 40, servicio de proveeduría en materia de conectividad u productos de sus tiendas de electrodomésticos es reprobable, según dicta la coyuntura política en México.

Tener acuerdos contractuales con el impresentable y ultraconservador que el país heredó del gobierno de Carlos Salinas de Gortari en un tiempo en que se colocó como uno de los enemigos del régimen de la 4T, podría ser tan reprobable como mantener acuerdos con la delincuencia organizada.

Esa es la lectura obligada tras la publicación en redes sociales y columnas en donde se acusó a la gestión del presidente municipal de la capital, Pepe Chedraui de haber acordado contratos con el corporativo de Salinas Pliego, que el propio edil tuvo que desmentir en las primeras horas de este mismo arranque de semana.

No deja de ser paradigmático. En Puebla Ricardo Salinas encontró una plaza que le redituó de diversas maneras. La fuente de financiamiento público la comenzó a explotar decididamente desde el año 2008 con la llegada de un evento de farándula con pretensiones intelectuales, “La Ciudad de las Ideas” que tenía como curador a un depredador sexual como Andrés Roemer, prófugo de la justicia mexicana.

Eran los tiempos en los que el PRI era gobierno con Mario Marín y sin embargo, se mantuvo más allá de la alternancia política.

Con el panista Rafael Moreno Valle ahondó esa alianza a través de la Orquesta Azteca, además de los acuerdos comerciales con las televisoras que se convirtieron en cómplices de ese gobierno dictatorial en diversos episodios, como por ejemplo, el del niño José Luis Alberto Tehuatlie, asesinado por un proyectil lanzado por los granaderos en un desalojo en Chalchihuapan.

Las posturas públicas frente a expresiones de la diversidad social en México han sido bastante notorias y lo pintan de cuerpo entero. La intolerancia y el conservadurismo frente a exigencias como el de los colectivos para demandar apertura en temas sensibles como el derecho de las mujeres al aborto, la unión entre parejas del mismo sexo, la equidad de género o los pueblos indígenas ha recibido la condena desde sus espacios de noticias.    

La forma en la que el equipo de noticias en la Ciudad de México marcó línea editorial para sus locales en el interior del país fue siempre la misma. El sesgo como divisa para cuidar al que paga por encima del interés público fue la constante, incluso en el periodo de gobierno que tocó a Luis Miguel Barbosa, el primer mandatario de la 4T.

Del axioma de José López Portillo con el que se le recuerda “no pago para que me peguen” al “golpeo para que paguen”, Salinas Pliego encontró la forma de obtener contratos millonarios en diversas instancias gubernamentales.

No fue siempre un apestado, sino un aliado de ocasión que cayó de la gracia del poder hasta que pretendió doblar al gobierno de la 4T de Claudia Sheinbaum cuando le cobró sus adeudos millonarios.

Si esa disputa no hubiera sucedido, hoy no sería pecado mantener acuerdos con ese usurero en el Ajusco.

 

@FerMaldonadoMX