Lunes, 10 Noviembre 2025 17:47

Acoso público

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Machomenos, escribe Israel León O’Farrill

El acoso vivido por la Presidenta Sheinbaum hace unos días nos debe llevar a múltiples reflexiones. Como lo he venido denunciando en esta columna, el acoso y abuso sexual que viven las mujeres en la calle – gritos, insinuaciones, insultos, tocamientos, violación- sigue siendo una realidad cotidiana y, hay recalcarlo, son tipos claros de violencia. Gracias a que existen las redes sociales y a que hay cada vez más conciencia sobre el tema, el número de denuncias en ese espacio son frecuentes. Sin embargo, lo que nos demuestra este caso es que estamos a años luz de ver este lacerante fenómeno fuera de nuestras vidas. Todavía hoy estas prácticas se encuentran ampliamente normalizadas y, como me dijo hace poco un estudiante, “hoy todo es acoso”. Pues no, no todo es acoso; pero sí lo son un volumen ingente de las expresiones y prácticas que como hombres realizamos. Claro está que produce escándalo que ni la mujer que es la líder de nuestro país se encuentre libre de semejante realidad. Pero, como muchas mujeres han opinado en numerosos espacios, eso es la vida cotidiana de prácticamente todas las mujeres de nuestro machirrín país.

Pero, por más grave que parezca esto, lo que me parece en verdad preocupante son las reacciones que se han generado en redes. Es comprensible que se hable de un montaje para construir una “cortina de humo” que distraiga la atención pública sobre el asesinato de Carlos Manzo; incluso que se tilde de falso el video y se desestime el ejercicio legislativo para tipificar el acoso callejero que está fraguándose en San Lázaro. Pero los comentarios en contra de ella, sea de bots o no, son de tal virulencia, que a la par que expresan el desprecio que destilan los que comulgan con la oposición, muestran una misoginia patente. Acá comparto algunas de las expresiones más nefastas que encontré para ilustrar lo que digo. Respeto la redacción tal cual la obtuve en los comentarios: “Puro show quería Ber si aún están duritos los limones”; “- Vas a surfear? - No, por qué? - Por la tabla que abrazas”; “Hay que ser una  como la #PreSirvienta Claudia #shitbaum como para hacer montajes y desviar la atención del caso Manzo de la corrupción de Adán Augusto López Hernández”; “Que le van a andar agarrando? pinche TABLA jajaja vieja ridícula, y no haya ni como desviar la atención del cagadero que tiene en el país FUERA CLAUDIA BUENA PARA NADA ” Destaco, por supuesto, la frase “Presirvienta”, lo mismo misógina que clasista, tan típica de la ultraderecha para referirse a la Presidenta, tan cargada de inquina y desprecio. Lo repito, no importa si se trata del ejército de bots contratado por cuanto líder opositor existente, de lo que se trata es de que llevan implícitos los discursos de la comunidad macha de este país -de hombres y mujeres-. También es importante puntualizar la forma en que el discurso se centra en su cuerpo: en la idea de que sus senos sean “limones” o que debido a que es delgada, sea una “tabla”. ¿Eso qué significa?, ¿que ni siquiera valía la pena el toqueteo? Ya he visto memes al respecto, es decir, de la “decepción” que el patán ese debió sentir. O quizá lo que busca es decir que no debería quejarse. Vaya machismo.  

Invito a quien lea esto que pregunte a aquellas mujeres cercanas a ustedes, amigas, familiares, madres, hermanas, primas, novias, esposas, qué tipo de acoso callejero han vivido; también les invito, especialmente a los machirrines, a preguntarse qué acosos han realizado y cuáles han observado que un familiar o amigo han perpetrado y no han intervenido. Les apuesto que se sorprenderán, tanto de la cantidad de veces que ellas lo han sufrido, como de la ignorancia de parte de ustedes, ya sea por falta de interés o por lo normalizado que se encuentra el tema. Por supuesto, he de decir que, como en cualquier caso de acoso, ni la vestimenta que traía, ni la hora en que estaba en la calle o el lugar, son justificaciones. Ni la Presidenta, ni ninguna otra mujer tienen la culpa del acoso, tan solo el acosador. Por tanto, dejemos de lado la teoría de conspiración y sigamos discutiendo y denunciando estas violencias. Pero, es primordial, hacerlo en casa, en la escuela, en el club, de forma abierta. No minimicemos el caso, no lo politicemos. Es una realidad y hay que seguir enfrentándola como sea, pues no deja de ser una clara muestra de que nuestro machismo, por desgracia, no sólo está fuerte, también está creciendo.     

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