Cuando la fanfarronería se vuelve evidencia

Cuando la fanfarronería se vuelve evidencia
Fernando Maldonado
Parabólica

Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado 

Los audios que rodean el caso del llamado “Animal” Celis Romero ya no admiten lecturas tibias. Esto dejó ser ser rumor de pasillo y se convirtió en materia prima de escrutinio público.

En una grabación ampliamente difundida, Miguel Ángel Celis Romero presume que la ministra de la Suprema Corte Loretta Ortiz “votó a su favor”.
La frase, por sí sola, es explosiva. No por a quién menciona, sino por lo que sugiere: ¿de qué voto habla?, ¿en qué asunto?, ¿con qué
contexto?, ¿y por qué presume una cercanía que, de existir, jamás debería presumirse?

Decir que “estuvo con ella” y que “votó a su favor” no es una anécdota casual. Es una insinuación directa de influencias indebidas.

Si fue exageración, revela una necesidad desesperada de aparentar poder. Si no lo fue, el escenario es todavía más grave.

En ambos casos, el problema no es la mención: es la conducta de quien presume.

El patrón se repite a lo largo de los audios. En ellos, el propio Celis amenaza con meter a la cárcel a Gilberto Higuera Bernal, ex titular de la Fiscalía General del Estado y a Rubén Alejandro Tello, acusándolos de haberse aliado con Monina.

Sin embargo, otra grabación, quizá la más reveladora, revienta esa narrativa. Ahí se escucha a Alfonso Celis enfrentarlo de manera directa y decirle sin rodeos: “El que sacó las actas fuiste tú, no fue
Monina. Eso es una bajeza”.

La frase no es menor. No es interpretación ni editorialización: es una contradicción directa en audio.

Si no fue Monina, entonces la acusación fue fabricada. Y fabricar culpables ha sido una constante en la forma de operar del Celis Romerto: ensuciar nombres ajenos para desviar responsabilidades propias.

A partir de ahí las preguntas se vuelven inevitables.

¿Existen denuncias por contratos o documentos presentados en el entorno de Higuera?

¿Qué explica la cercanía actual entre Miguel Celis y Tello, cuando fue este último quien obtuvo una orden de aprehensión?

¿Por qué, pese a esa orden, Miguel Celis caminó durante meses por Tehuacán sin amparo alguno?

¿Hubo acuerdos? ¿Pagos? ¿Silencios comprados?

El propio discurso del imputado ofrece pistas. Presume sobornos. Presume votos. Presume control.

Y cada vez que presume, se incrimina. En la práctica, nadie alardea de comprar voluntades si no cree que lo hizo. La fanfarronería, cuando queda grabada, deja de ser bravata y se convierte en evidencia.

Este ya no es un debate jurídico sofisticado. Es un problema de credibilidad pública. Arrastrar con nombres y apellidos, presumir votos judiciales y amenazar con cárceles selectivas no es estrategia: es desesperación. Y cuando esa desesperación queda registrada en audio,
el daño es irreversible.

Hoy los audios ya no protegen a nadie. Exponen métodos, revelan bajezas y colocan el foco donde más duele: en la presunción de sobornos como moneda de operación. El expediente no solo se escribe en tribunales; también se escribe en lo que quedó grabado.

Y esta vez, lo grabado no absuelve, incrimina.