Crónicas de la frontera

Crónicas de la frontera
Fernando Maldonado
Parabólica

Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado 

El Vado, Tamaulipas.- Medio ambiente y clima de violencia. Es de lo que se habla en la franja norte de México. La conversación entre lugareños y visitantes deriva al fenómeno criminal del que ahora depende la relación bilateral con el gobierno de Estados Unidos.

Es el presidente de ese país, Donald Trump quien ha puesto en la agenda bilateral a los cárteles de la droga con la definición de “grupos terroristas”. Ve la paja en ojo ajeno el republicano: cálculos aquí indican que mientras un estudiante en México tiene contacto con alguna droga sucede entre los 17 y 22 años, del otro lado del bordo ocurre a los 13 años. Es un país de pachecos, literal.

A lo largo del territorio entre México y Estados Unidos que une a los estados de Tamaulipas, Coahuila, Chihuahua y Sonora la conversación ronda siempre sobre esa actividad: los grupos criminales. Microcosmos en cada entidad, está plagado de experiencias vividas.

Narcobloqueos por aquí, levantones por allá; enfrentamientos por muchos de los sitios que son mayormente frecuentados. Las redes sociales aquí inundan de memes sobre narcos: souvenirs en la zona, los “ponchallantas” utilizados para impedir la movilidad de rivales o fuerzas armadas.

Hablar del clima de inseguridad es equivalente a hacerlo sobre las condiciones climatológicas. La normalización aquí se hizo verbo.

Este reportero recorrió los 38 kilómetros que separan a los municipios de Reynosa con el de Gustavo Díaz Ordaz (el ex presidente de México originario de Chalchicomula de Sesma, Puebla, responsabilizado de la matanza de estudiantes en Tlatelolco el 2 de octubre de 1968).

En ese pequeño municipio localizado en el norte de Tamaulipas opera una pequeña embarcación con capacidad para trasladar tres autos y unas 12 personas para cruzar de México a Estado Unidos por 60 pesos por automóvil. Se trata de un intrincado camino de calles polvosas con pequeños negocios de comida y vendedores de bebidas con las características del norteño mexicano: sombrero a la cabeza, camisa a cuadros y franca sonrisa.

El tramo para llegar a ese pequeño punto lleno de polvo y tierra, lejos de los cruces internacionales fronterizos no está exento de la vigilancia de los “radieros”, jóvenes a bordo de bicicletas dotados de equipos de radiocomunición que se dedican a “halconear” par los grupos criminales que operan en la zona.

Igual se les conoce como los “maruchaneros” porque suelen ser alimentados con las sopas ramen de bajo costo y consumo popular. En la estructura criminal ocupan el escalón mas bajo, muy lejos de los capos que ocuparon los grandes espacios de la prensa internacional como Juan Nepomuceno Guerra y Juan García Abrego, fundadores del Cártel del Golfo que nació en estas tierras tamaulipecas.

Los “radieros” se colocan en puntos clave del tramo carretero que no tiene mas de dos carriles. Uno que lleva al Río Bravo hasta el punto del rústico cruce de El Vado y otro que lleva a Reynosa. Ahí están a la vista de todos, incluso del convoy militar que parece dirigirse a Reynosa.

Nadie se perturba, nadie se alarma. Los “halcones” al servicio del narco en la franja fronteriza ya forman parte de un paisaje semirural. El Cártel del Golfo, creación de García Abrego, fue la extensión de un grupo que en sus orígenes contrabandeaba licor a la Unión Americana en la era de la prohibición en la década de los 30 del siglo pasado.

Luego diversificó. Las drogas fueron el producto que introdujeron al mercado de mayor consumo en el mundo.

La organización criminal de. Nepomuceno Guerra y García Abrego fueron los creadores de los Zetas, a cuyo mando estuvieron Arturo Guzmán Decena y Heriberto Lazcano Lazcano “El Lazca”, responsabilizados de la muerte de 73 inmigrantes centroamericanos en San Fernando, a una hora de camino al sur de Reynosa en el año de 2010.

El camino a El Vado también ofrece un panorama que parece el del abandono forzado: estructuras de concreto que antes fueron negocios abiertos al público consumidor y que ahora están envueltos en abandono, y tal vez olvido.

Y si, en estas tierras del norte de México toda la conversación suele llevar a los años del florecimiento del narcotráfico, la estela de miedo y su inevitable normalización entre sus sociedades.