En el país del no pasa nada, sucede de todo: Estados Unidos

En el país del no pasa nada, sucede de todo: Estados Unidos
Fernando Maldonado
Parabólica

Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado 

McAllen, Texas.- Aquí es conocida la historia de un líder del narcotráfico que sin visa estadounidense ingresó desde Reynosa a suelo norteamericano, viajó por tierra casi seis horas hasta Houston, Texas para despojar a una madre de los hijos que juntos habían procreado y luego regresar a suelo mexicano. Ese líder criminal vive ahora en Puebla.

El país que se erige como policía del mundo también tiene historias de corrupción. Naturaleza del ser humano que en Estados Unidos exhibe la inconsistencia del oficialismo que aquí descansa en manos de los republicanos.

La decencia que presumen hacia fuera, tiene en el área doméstica un rostro ignoto que perturba, pero nadie admite.

Con una frontera que va desde Chihuahua hasta Tamaulipas, miles de agentes fronterizos y un discurso que viste de xenofobia, también se muestra porosa.

Al mismo tiempo que cruzan bienes de consumo de todo tipo y servicios como el de la mano de obra mexicana, cruzan drogas, armas y autos con reporte de robo o utilizados para cometer crímenes.

En Mission, McAllen y otras ciudades se tejen historias en las que con dinero se compran voluntades y corroe instituciones norteamericanas.

Como sucede en México, aquí quien trae dinero en las alforjas, en el país que se precia de incorruptible, puede comprar libertad y borrar historiales delictivos.

Hay mexicanos que en esta tierra han sido llevados a juicio por tráfico de drogas u otros delitos. Los padres o tutores han podido comprar State Trooper (Policía estatal texana), fiscales o jueces. Ley de la oferta y la demanda.

Uno de ellos, ahora es padre y esposo. Obrero en la poderosa industria petrolera en la frontera, entra y sale de territorio nacional. En los registros en Texas no existe ni siquiera el warning de tránsito y ahora conduce su viejo vehículo por los amplios bulevares estadounidenses.

Su familia se ha dedicado por años a la venta de droga en territorio norteamericano. La ganancias, como sucede con otras familias, las lavan familias de abolengo que van a restaurantes de alta gama y otros destinos, la Isla del Padre, sobre todo.

Es testigo viviente de la pujante maquinaria que se mueve en función del dinero debajo de la mesa. El “entre” como decimos en nuestro país.

Consumidor de drogas duras -cocaína y crack- habita una modesta vivienda en un asentamiento en la periferia de Reynosa, una zona poblada por migrantes del norte de Veracruz, especialmente de municipios como Tampico Alto, Pánuco o Cerro Azul que llegaron a emplearse en la maquila.

Es uno más de los múltiples testimonios de una familia en la que se normaliza el uso de la droga, incluso frente a hijas e hijos de menor edad.

A minutos de la ostentación de los malls en los que se pueden encontrar las firmas más prestigiosas de la moda, esta a años luz, por la evidente desigualdad social que el modelo alienta.

En este asentamiento sucede de todo: narcomenudeo, robo de autos y trata. Microcosmos delincuencial visto de soslayo por permisivas autoridades en México y el vecino de rostro adusto del otro lado del Río Bravo.

En este lugar como sucede con los vecinos del norte, existe una oferta porque hay una demanda. Lógica elemental del mercado.

Es la corrupción que mañosamente escapa al discurso incendiario de Donald Trump, el presidente que alentó al movimiento MAGA (Make América Grate Again), lleno de fundamentalismo y una retórica que estigmatiza al inmigrante pero mira hacia otro lado cuando se trata de visibilizar un sistema que hiede a corrupción en sus diversos niveles de gobierno.