Vive Morena su propia resaca

Vive Morena su propia resaca
Fernando Maldonado
Parabólica

 Parabólica.MX escribe Fernando Maldonado  

Como plaga se reproducen todos los días escándalos envuelven a personajes identificados con el partido en el poder. Primero fueron las diputadas locales Graciela Palomares y Nayeli Salvatori, exhibidas así mismas por su clasismo y estereotipos; luego el video en el que un delegado del Bienestar, regidor además en San Andrés Cholula, Raymundo Cuautli actúa con prepotencia frente un agente de tránsito; le siguen la gobernadora de Campeche, Layda Sansores en un vuelo a Madrid en clase premier. 

Conductas inmorales y políticamente incorrectas que contrastan notoriamente con el credo obradorista: “por el bien de México, primero los pobres”. Frente a ese tipo de desplantes, Agustín Guerrero Castillo de larga trayectoria en los movimientos de izquierda en el país tiene un legítimo reclamo: parece que la presidenta Claudia Sheinbaum predica en el desierto. 

El vocero de Morena es el activo en Puebla que tiene la relación mas cercana con Ariadna Montiel. En el año 2000 fue presidente del PRD en la Ciudad de México y junto a la hoy presidenta nacional de Morena, encabezó la defensa de Andrés Manuel López Obrador en el proceso de desafuero como Jefe de Gobierno entre 2004 y 2005. 

Tiene la calidad moral frente a la trivialización de la política en Morena que encumbró en el poder a quienes ofrecen el deplorable espectáculo, personajes que encontraron la oportunidad en 2018 cuando se necesitó de votos para evitar un nuevo fraude como el que sucedió en 2006 y 2012.    

No solo es condenable la conducta de las diputadas morenistas castigadas con la suspensión de sus derechos partidistas por la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia, la prepotencia de Cuautli en San Andrés Cholula o los dislates de la Sansores. 

Deshonrosa, por decir lo menos, la postura comodina de Olga Romero Garci-Crespo, presidenta en el papel del partido político en el poder. Incapacitada políticamente para conducir ese partido; la del presidente del Congreso, Pável Gaspar por desatender el código de ética del propio Poder Legislativo que también prevé castigos para quienes evidencian conductas como la de Salvatori y Palomares.                       

No son solo los casos que se han visto recientemente, sino los del pasado reciente que han hecho poner en el terreno de la duda el monopolio de la moralidad pública en un partido que acuñó aquello de “no robar, no mentir y no traicionar”.  

Los viajes de “Andy” López Beltrán, precandidato a diputado federal en Tabasco; los excesos del senador Gerardo Fernández Noroña; o las acusaciones del Departamento de Justicia de Estados Unidos contra Rubén Rocha, gobernador de Sinaloa; o el espino caso del senador, Adán Augusto López, por la contratación del líder de la Barredora, Hernán Bermúdez.

Crece en un sector de Morena la idea de regresar a los orígenes. Cerrar las puertas al oportunismo que luego de ocho años de ejercicio en el poder arroja saldos deficitarios en el imaginario colectivo. La de sus cuadros dirigentes, a estas alturas, es como la del grupo que se graduó por fin con una borrachera de antología que hizo abrazar a desconocidos sin saber de reputaciones, conducta pública y perversiones privadas. 

La resaca también es una forma de lección. La fiesta llegó a su fin.

 

@FerMaldonadoMX