Desde la lente y como testigo de la historia, ha visto pasar a personajes de todo tipo en el poder
Las fiestas por el inicio de la Independencia de México en la capital poblana han evolucionado con el pasar del tiempo, que ha tenido anécdotas y experiencias con la gente de poder, es lo que ha retratado el fotoperiodista Jesús Olguín Pascualli.
En entrevista para el programa “Destrozando la Noticia”, de Cadena IN, con el periodista Fernando Maldonado, relató el autor del libro “Puebla, Crónica Gráfica de los años 70, 80 y 90 del siglo XX”, lo que ha pasado tras los bastidores de la gobernanza, en específico, después de las ceremonias.
“El 15 de septiembre para el pueblo de México es como el 12 de diciembre, son los dos símbolos porque el fervor mueve a millones, en el Zócalo y la Basílica, somos nacionalistas, me encanta la bandera”, dijo.
Sobre los antipatriotas, señaló que siempre los va a haber, porque los patriotas quieren a México no por un partido, sino que somos del país, como la solidaridad mexicana que es admirada en todo el mundo.
Recordó que ha habido tradiciones que se han ido perdiendo el tiempo, como la Batalla de las Flores, que se hizo desde la Colonia, trascendió los siglos, pero se perdió con la modernidad; se hacía desde el Paseo Bravo al Zócalo, y luego sólo en la Plaza de Armas.
“Iban todos, hombres, mujeres, que llevaban su ramo de flores para repartir una flor, se hacía con mucho respeto, posteriormente viene el confeti que cayó en el vandalismo, porque se lo aventaban a la cara, por eso se terminó”, contó.
Además, trajo a la memoria las ceremonias del Grito. Si el gobernador en turno no tenía buena relación con el presidente municipal que le tocaba, la fiesta posterior al acto oficial (en Palacio Municipal) se trasladaba al Palacio de Gobierno de la avenida Reforma, entre 7 y 9 Sur.
“En una ocasión, contrataron al cantautor Carlos Lico, en 1972, estaba de gobernador Gonzalo Bautista O’Farril, y de presidente municipal estaba Carlos J. Arruti y Ramírez, pero dan las 3 de la mañana y no aparece Carlos Lico, quien salió de una escalinata en el Palacio de Gobierno, bien alcoholizado y no dio el show”, expresó.
Recordó que en la década de los 60, 70, cada clase social tenía su fiesta de Independencia, los del poder con los del poder y el pueblo con el pueblo; por eso, quien “palomeaba” la lista de invitados a su fiesta era el propio mandatario en turno.
Además, narró uno de los episodios más incómodos en la relación entre el Estado y el Municipio, cuando Manuel Bartlett Díaz le tocó cohabitar el poder con el primer alcalde oposición, el entonces panista Gabriel Hinojosa Rivero.
“¿Te imaginas cómo llegó el señor (Hinojosa? En una situación incómoda, era muy adusto en su gesto, muy seco; lo mantuvo (Bartlett) en un segundo plano, atrás, los únicos que han estado en un segundo plano son tres: el segundo fue Roberto Cañedo, del PRI, pero no se llevaba tampoco con Bartlett, como se lo impusieron, no la llevaba con él, aunque como era el dueño de la HR, lo vi todo porque me tocó cubrir esas ceremonias”, indicó.
Sobre lo que se decía tras bastidores, con la prensa, reconoció que muchas veces no se decía nada porque no se sabía quién podía estar escuchando, lo que llegaba a oídos de los directores de los medios y venían los castigos o los vetos, o los despidos.
Los hijos del presidente
Otra anécdota que se quedó en el tiempo, y que no trascendió porque se habló poco en su época, la protagonizaron dos hijos de un presidente de la República, Luis Echeverría Álvarez, cuando en el estado gobernaba Guillermo Morales Blumenkron, y el alcalde era Gonzalo Bautista.
“Empezó la cena con gala, después del Grito, de momento empiezan a caer cosas, casualmente estaban ahí los hijos de Luis Echeverría, una invitación presidencial; los objetos que caían migajones, frutas, y cuando querían intervenir, el Estado Mayor impedía que se acercaran, intentaron controlar a los chamacos, pero no podían; luego de un rato, nos impidieron que se publicara algo respecto a la actitud, en las redacciones así se manejaba, preguntaban si se habían tomado fotografías, no se publica nada sobre que los hijos del presidente se habían comportado mal, y no sabíamos nada porque nos tenían aislados, no nos enteramos de nada hasta que el otro día, el reportero de El Sol de Puebla, Humberto Ferniza, hace una crónica de sociales, publicó la nota, haciendo referencia al hecho, tachando a los hijos del presidente como ‘patanes’, cuando era algo que no se podía hacer”, destacó.
El reconciliador
Jesús Olguín recordó una época más tranquila, la de reconciliación, cuando fue electo como gobernador Alfredo Toxqui Fernández de Lara, quien fue más tranquilo a diferencia de sus antecesores.
“Era más sensible, más político, vino a pacificar a Puebla. Me invito al entonces director del periódico Novedades en Puebla y a mí a una plática, cuando le preguntó ¿cómo pacificó Puebla? Respondió (el gobernador) que fue muy difícil, por un lado los estudiantes y por el otro la iniciativa privada, una vez con el Consejo Coordinador Empresarial y de momento uno de los líderes de la derecha y de la UPAEP (de apellido) Pellico, da un manotazo en la mesa y le dice: ‘señor gobernador, no es posible que usted no actúe con fuerza y con carácter y con criterio, si existiera don Maximino Ávila Camacho, no les hubiera permitido a los estudiantes haber salido’, se lo queda mirando Alfredo Toxqui y le responde: ‘le doy toda la razón, pero le recuerdo una cosa, que al general Maximino Ávila Camacho quien le gritaba, lo mataba’”, expresó.
Sobre el ejercicio como fotoperiodista, cuando retraba a algún personaje público, prefería guardarla a afectarlo, porque no mezclaba la vida privada con la política, además de que se hizo freelance.