Más de 140 personas unen su talento para construir la estructura de 32 metros de altura
En el corazón de la Ciudad de México, el arte, los saberes técnicos y el trabajo colectivo se encuentran para dar forma a una de las piezas centrales de la celebración de Día de Muertos: una Catrina de poco más de 32 metros de altura que se levanta en la Plaza de la Constitución. Su construcción reúne la experiencia del Taller de Arte Xibalbá y la coordinación institucional de la Secretaría de Cultura de la Ciudad de México, responsable de impulsar la Ofrenda Monumental de manera anual como parte de la programación cultural de esta temporada.
Al frente del taller se encuentra Carlos Báez, quien participó en los primeros proyectos de cartonería monumental instalados en el Zócalo capitalino en 2005. Después de colaborar con distintos equipos y participar en producciones de gran formato en diversas regiones del país, hace cinco años fundó Xibalbá junto con un grupo de colaboradores. Desde entonces, el colectivo ha consolidado una forma de trabajo que integra conocimientos artísticos, técnicos y constructivos para transformar materiales en esculturas que dialogan con el espacio público.
La trayectoria del colectivo forma parte de una historia más amplia de formación artística vinculada con la Fábrica de Artes y Oficios (FARO) de Oriente, espacio cultural que ha contribuido al desarrollo de creadoras, creadores y equipos especializados en distintas disciplinas. La experiencia acumulada en esos procesos ha permitido que integrantes del Taller de Arte Xibalbá desarrollen proyectos de gran formato, en los que el trabajo plástico requiere también conocimientos de ingeniería, arquitectura, logística y seguridad.
La Secretaría de Cultura de la Ciudad de México participa en la organización y coordinación de la Ofrenda Monumental como parte de las actividades públicas que el Gobierno capitalino prepara para celebrar el Día de Muertos. A través de la Subsecretaría de Grandes Festivales Comunitarios, la dependencia articula la realización de esta instalación y la colaboración con los equipos artísticos y técnicos encargados de materializar sus componentes.
En esta edición, la complejidad estructural de la Catrina y sus dimensiones llevaron a trabajar con el Taller de Arte Xibalbá, cuya experiencia en esculturas monumentales responde a las necesidades de diseño, planeación y montaje de una pieza de estas características.
Antes de comenzar la fabricación, el equipo de Xibalbá desarrolló un anteproyecto para valorar la viabilidad de la escultura, cuyo montaje debía responder a las condiciones particulares del Zócalo. La instalación es temporal y no puede anclarse al piso ni contar con una cimentación permanente, por lo que la estabilidad de la estructura, los procedimientos de montaje y su posterior retiro debían considerarse desde la planeación.
“Empezamos a trabajar a principios de año, en el mes de febrero. Ahí nos hicieron la propuesta, nos preguntaron si podíamos hacer una pieza con esas características, sobre todo por el reto que implica hacer una pieza efímera en una plaza donde no podemos anclarnos, donde no podemos colocar una cimentación”, compartió Carlos Báez.
La construcción ha convocado a entre 140 y 150 personas que participan en diferentes etapas del proceso. Las labores incluyen logística, adquisición y administración de materiales, mantenimiento de máquinas y herramientas, instalación eléctrica, soldadura, escultura, muralismo y trabajo con fibra de vidrio. Un equipo central de 14 personas coordina las tareas principales, con el respaldo de colaboradoras y colaboradores que ya habían participado en producciones anteriores del taller. “Han sido hasta el momento cerca de 140, 150 personas las que hemos estado participando con diversas tareas de logística, de producción, de compra de materiales, de administración de los materiales de la bodega, la herramienta, la instalación eléctrica en el taller, el mantenimiento de máquinas, hasta los escultores, muralistas, fibreros, soldadores, etcétera”, detalló el director del taller.
La pieza combina una estructura de acero con elementos escultóricos elaborados en fibra de vidrio, además de textiles e iluminación LED. Para producir algunas de sus formas, el equipo recurrió al modelado y a la elaboración de moldes mediante técnicas relacionadas con la cartonería, adaptadas a las necesidades de una obra de estas dimensiones. “Utilizamos fibra de vidrio para hacer la parte escultórica. Ese cráneo, por ejemplo, que está ahí, está hecho de fibra de vidrio. Previamente se hizo un molde modelando unicel y se utilizó la técnica de cartonería para poder hacer el molde de la pieza que estamos trabajando”, comentó.
El vestuario será uno de los elementos más llamativos de la escultura. Con una extensión aproximada de 27 metros, se confeccionó por partes para facilitar su montaje. Su diseño recupera referencias del arte textil mexicano, con inspiración en los bordados de Tenango, así como motivos de flores y colibríes que se integrarán a la iluminación. Los huesos de la Catrina también contarán con luz interior, de modo que la figura adquirirá una presencia distinta al caer la noche.
La instalación forma parte de una Ofrenda Monumental que acompañará a la Catrina con alrededor de 70 mil plantas de cempasúchil de productoras y productores del suelo de conservación de la Ciudad de México, así como esculturas intervenidas por artistas como parte de la exposición “Ajolotes en el corazón”, e iluminación temática. La propuesta rendirá homenaje a José Guadalupe Posada, creador de la calavera que se convirtió en uno de los símbolos más reconocidos de la cultura popular mexicana.
Para Carlos Báez, instalar una obra de estas dimensiones en el Zócalo representa un desafío técnico y una responsabilidad con las personas que acudirán a visitarla. Las condiciones de la plaza y los tiempos de montaje exigen coordinación y atención permanente para que la estructura sea segura y el público pueda disfrutarla. Además, el director del taller subrayó que la seguridad de la pieza depende de una planeación rigurosa y de la participación profesional de quienes intervienen en cada etapa del proceso.
“Es principalmente una gran responsabilidad. El Zócalo tiene una serie de características que la hacen única, todo eso implica un trabajo logístico operativo muy demandante, muy exigente, que implica mucho profesionalismo. La pieza tiene que ser sumamente segura para que no vaya a tener ningún problema y que la gente pueda estar segura disfrutando de venir a apreciarla”, señaló.
Más allá del reto constructivo, la participación en la Ofrenda Monumental tiene para Báez un significado personal. Esta será la sexta ocasión en que forma parte de una ofrenda instalada en el Zócalo, un espacio donde el trabajo artístico se encuentra con una ceremonia que ha acompañado su trayectoria y su manera de entender la vida.
“Y en la otra parte, la parte más humana, más sensible, pues siempre es muy lindo venir a participar en las ofrendas del Zócalo. Esta es la sexta vez que pongo una ofrenda aquí en el Zócalo. Y siempre se siente mucha emoción, mucha alegría, mucha satisfacción de poder participar en una ceremonia, en un ritual que siempre le ha dado sentido a mi vida”, compartió.
El director también recordó que la celebración se mantiene viva a través de las prácticas familiares y comunitarias: colocar altares en casa, visitar los panteones, preparar pan de muerto, adquirir cempasúchil y recordar a quienes han fallecido. “Pero más importante también es que no dejen de poner sus altares en casa, que no dejen de visitar sus panteones, hacer su pan de muerto, comprar la flor de cempasúchil, decorar sus casas, recordar a sus muertos. No olvidar que estamos de paso y que esta ceremonia es una especie de recordatorio para ser humildes y recordar que aquí solamente estamos de paso”, concluyó.
“La Catrina Monumental” estará abierta al público hasta el 2 de noviembre, con entrada libre, en el Zócalo de la Ciudad de México. Su realización reúne la coordinación de la Secretaría de Cultura Capitalina, la experiencia del Taller de Arte Xibalbá y el trabajo de más de un centenar de personas que, desde distintos oficios y conocimientos, contribuyen a dar forma a una obra que enlaza el arte monumental con la memoria colectiva.
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