No más pájaros en el alambre

No más pájaros en el alambre
Fernando Maldonado
Parabólica

Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado

La burra no era arisca, pero lo hicieron. Más si se trata de un mecanismo de extracción de datos de dispositivos móviles. La expresión aquella de “hay pájaros en el alambre” fue tan cotidiana en Puebla que llegó a producir escenas que ahora ahora resultan pintorescas: ex funcionarios, periodistas y líderes políticos con ingeniosos mecanismos para evitar ser escuchados, o vistos a distancia.

El espionaje que se produjo en el gobierno de Rafael Moreno Valle fue tan célebre que traspasó fronteras. El software Galileo producido por la empresa italiana Hackim Team fue utilizado con tal exceso que The New York Times comisionó a mediados de 2016 al reportero especializado en temas sobre seguridad nacional Mattatias Schuartz para documentar en Puebla la existencia de una ciberguerra global que pasa por encima de los derechos y privacidad de los usuarios de la tecnología.

La industria global para escudriñar, obtener y manipular la data ha sido un desafío para colectivos, activistas y defensores de la privacidad. Ese contexto explica la sospecha y las dudas sobre la adquisición en la Fiscalía General del Estado por obtener un software de última generación denominado Cellebrite, de patente israelita.

La duda razonable se debe a la existencia de la tentación autoritaria en gobiernos de diversa índole y militancia. Las coartadas son casi las mismas: salvaguardar la seguridad, mantener la gobernabilidad y evitar que grupos radicales concreten planes para boicotear el funcionamiento de sociedades enteras.

Cellebrite tiene diferencias de funcionamiento y alcance. Entre uno y otros, es bastante diferente de otros instrumentos.

Galileo o Pegasus tenían capacidades para infiltrar telefónicos móviles a distancia o a través de la infiltración de un gusano cibernético para obtener conversaciones, fotos o ubicaciones del usuario al que se decidía “colgarle” el teléfono.

La tecnología israelita plantea un escenario diferente. Por ejemplo, requiere del teléfono celular en forma física para poder realizar en análisis forense y así poder tener acceso a conversaciones de WhatsApp, fotografías o ubicaciones, aún después de haber sido eliminadas del dispositivo.

La información disponible establece que el uso de Cellebrite no debe imaginarse como una herramienta mágica capaz de ver absolutamente todo lo contenido en un aparato. Dicho de otra manera, que una autoridad haya adquirido este mecanismo no garantiza que pueda desbloquear cualquier teléfono ni recuperar cualquier conversación.

Se debe tener en cuenta un conjunto de variables tecnológicas que pueden jugar en favor del propietario del dispositivo. El modelo del teléfono, la versión iOS o Android, los parches de seguridad, la versión de la aplicación en cada uno, el cifrado y la forma en la que el usuario eliminó la información.

El gobierno de Puebla ha ofrecido garantías de que una vez puesto en funcionamiento, la utilidad tendrá como fin eficientar procesos de investigación, inherente a la Fiscalía General que permita tener mayor precisión en su desempeño. Suena razonable, sobre todo ante la evidencia disponible: la capacidad de fuego, logística y operación de grupos delictivos.

La experiencia en el pasado nos ha demostrado que el uso de la tecnología con propósitos de investigación criminal ha sido desvirtuado por grupos de poder en torno del gobernador en turno. El propio Armenta y su entorno han sido blancos de espionaje. Invocar ese pasaje debe ser suficiente para evitar volver a ese episodio de oprobio en el pasado, del que existe documentación abundante.

@FerMaldonadoMX