La fábula de Pedro y el lobo en el Poder judicial

La fábula de Pedro y el lobo en el Poder judicial
Fernando Maldonado
Poder Judicial Puebla Parabólica

Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado

Hay quienes pasan treinta años construyendo una carrera judicial para aspirar algún día a dirigir una parte del Poder Judicial. Hay otros a quienes la vida les sonríe, bastante más rápido.

Pedro Antonio Martínez Hernández tenía apenas 29 años cuando llegó al Consejo de la Judicatura de Puebla. Sin una larga carrera como juez, sin décadas de dictar sentencias. Y sin haber recorrido durante media vida los juzgados y escritorios.

Meses después ya era presidente. Ascenso exprés.

Lo que para muchos abogados representa la culminación de una vida profesional, a Pedro le cayó del cielo. Y quizá ahí comenzó el verdadero problema: llegar rápido no significa aprender a ejercer rápido el poder.

Pedro asumió la presidencia prometiendo orden. Vino la famosa limpia con más de cien movimientos: Jueces trasladados, secretarios removidos; administradores sustituidos y funcionarios investigados.

El argumento sonaba fantástico: romper inercias, evitar redes de influencia y combatir corrupción. Una cirugía mayor.

El problema es que mientras Pedro presumía haber sacado por la puerta principal a la vieja guardia, algunos integrantes de esa misma vieja guardia aprendieron dónde estaba la entrada trasera. Ahí aparecen dos nombres que deberían observarse con bastante atención:

Daniel Iván Cruz Luna y César Iván Bermúdez Minutti.

Ellos sí conocen el Poder Judicial. Y bastante.

Bermúdez ingresó desde 1991. Ha pasado por juzgados, secretarías, Consejo de la Judicatura y finalmente llegó a magistrado del Tribunal Superior de Justicia.

Cruz Luna también conoce perfectamente la maquinaria penal: administrador de oralidad, juez, funcionario de seguridad y actualmente magistrado del Tribunal de Justicia Administrativa.

Mientras Pedro todavía aprendía dónde estaban algunos botones, ellos prácticamente conocían el manual de memoria. Y los viejos lobos tienen una característica. No necesitan ocupar la silla principal, basta con saber quién está sentado en ella.

Durante los últimos meses diversas publicaciones han señalado precisamente que personajes asociados con esos grupos terminaron ocupando posiciones importantes dentro de la nueva estructura.

Un nombre destaca particularmente: José Guillermo Valdez Luna.

Hoy aparece oficialmente como Administrador General de los Juzgados de Oralidad Penal y de Ejecución de todas las regiones judiciales del estado. El título es largo; el poder que concentra también.

Y entonces la famosa renovación comienza a generar una pregunta bastante incómoda:

¿Pedro desmanteló grupos? ¿O solamente cambió cuáles podían sentarse más cerca de él?

Combatir redes de influencia sustituyéndolas por funcionarios vinculados públicamente con otras redes sería una definición bastante creativa de renovación.

Más todavía cuando durante estos meses comenzaron también los señalamientos sobre presiones, procedimientos administrativos, remociones y supuestas listas de jueces incómodos.

Incluso recientemente se cuestionó la salida de funcionarios del Órgano Interno de Control después de que, según publicaciones periodísticas, se habrían resistido a iniciar procedimientos sin elementos suficientes contra determinados juzgadores.

Son señalamientos y tendrán que ser probadas.

Pero son suficientemente graves para que alguien dentro del Poder Judicial deje de mirar hacia otro lado. Justamente ahí puede encontrarse la verdadera historia.

Pedro Antonio Martínez puede ser presidente. Pero presidencia y poder no siempre significan lo mismo. A veces quien tiene menos experiencia termina rodeándose de quienes además concentran mañas. Conocen desde hace décadas los pasillos, saben perfectamente cómo llenar los vacíos que deja una conducción débil.

Bermúdez y Cruz Luna conocen el sistema.

Los personajes cercanos a sus estructuras conocen el sistema. Pedro apenas está construye la suya.

Sería ingenuo pensar que la batalla actual solamente consiste en administrar juzgados.

Lo que viene es considerablemente más grande.

Puebla se dirige a una elección judicial.

Tras las reformas más recientes, será en 2028 cuando la ciudadanía tenga que elegir jueces y magistrados. Y ahí está el verdadero premio. Pedro es temporal. Las presidencias terminan, los  consejos desaparecen y los nombres cambian.

Pero colocar personajes afines en posiciones judiciales que permanecerán durante años puede significar construir algo bastante más duradero.

Un grupo.

Una estructura.

Una generación completa de juzgadores.

Por eso la pregunta ya no debería ser únicamente qué está haciendo Pedro Antonio Martínez con el Poder Judicial.

La pregunta verdaderamente interesante es:

¿quién está utilizando a Pedro Antonio Martínez para construir el Poder Judicial que quiere dejar después de Pedro?

 

@FerMaldonadoMX