Si todo lo hacemos por nuestros hijos, ¿por qué nos cuesta tanto hablar de lo que pasaría si faltáramos?

Si todo lo hacemos por nuestros hijos, ¿por qué nos cuesta tanto hablar de lo que pasaría si faltáramos?
Yani López
Fondo y forma

Fondo y Forma escribe Yani López

La estructura detrás de tu tranquilidad financiera.

 

Siguiendo con el tema de la maternidad, no me vas a dejar mentir cuando digo que desde que somos mamás aprendemos a anticiparnos a casi todo.

Pensamos qué van a comer, quién los recogerá de la escuela, cuándo toca llevarlos al médico, qué necesitan para el día siguiente, cuánto costará la próxima colegiatura y hasta qué llevarán en la mochila antes de que ellos mismos recuerden que lo necesitan.

Planeamos su presente y, muchas veces, también comenzamos a imaginar su futuro.

Queremos que estudien, que tengan oportunidades, que conozcan el mundo, que puedan elegir una profesión y que, algún día, construyan su propia vida. Pero existe una pregunta que casi ninguna mamá/papá quiere hacerse:

¿Qué pasaría con mis hijos si mañana yo no estuviera?

No es una pregunta agradable. Quizá por eso la evitamos.

Sin embargo, hablar de ella no significa vivir con miedo ni esperar que algo malo suceda. Significa reconocer que una parte importante de proteger a nuestros hijos consiste en prepararnos incluso para aquello que esperamos que nunca ocurra.

Y aquí la protección financiera adquiere un significado diferente.

Porque no basta con preguntarnos quién cuidaría de ellos. También habría que preguntarnos: ¿con qué recursos?, ¿durante cuánto tiempo?, ¿cómo se pagarían sus gastos?, ¿qué pasaría con la escuela?, ¿existen deudas?, ¿hay ahorros o inversiones?, ¿quién conoce nuestras cuentas?, ¿los beneficiarios están correctamente designados?, ¿existe un testamento?, ¿los documentos importantes están localizables?

Incluso en familias financieramente organizadas puede existir un problema: una sola persona sabe cómo funciona todo.

Sabe dónde están las pólizas, qué cuentas existen, cuándo se pagan las colegiaturas, dónde están los documentos, cuáles son las contraseñas importantes, qué créditos siguen vigentes o qué inversiones se contrataron.

Si esa persona faltara, al dolor emocional podría sumarse a un enorme desorden financiero.

Por eso proteger también significa organizar. Significa que nuestra pareja o una persona de absoluta confianza conozca la información necesaria. Que nuestros beneficiarios estén actualizados. Que exista claridad respecto a nuestro patrimonio. Que tengamos documentos importantes identificados y que hayamos pensado cómo queremos que continúen algunos de los proyectos que hoy construimos para nuestros hijos.

También significa calcular. Porque decir “quiero que a mis hijos no les falte nada” es un deseo. Convertirlo en un plan requiere ponerle números.

¿Cuánto necesita mensualmente nuestra familia? ¿Cuánto costaría mantener ese nivel de vida durante algunos años? ¿Qué deudas tendrían que liquidarse? ¿Cuánto falta para terminar de pagar la casa? ¿Cuántos años de escuela quedan? ¿Existe ya un fondo para la universidad?

Cuando comenzamos a responder esas preguntas, conceptos como ahorro, patrimonio, inversiones, testamento y seguros dejan de ser productos financieros aislados y comienzan a formar parte de una misma estrategia: dar continuidad a la vida que estamos construyendo.

Como mamá, preferiría estar presente para cada etapa de la vida de mis hijos. Verlos crecer, equivocarse, graduarse, enamorarse, trabajar, formar sus propias familias y cumplir todos esos planes que hoy apenas podemos imaginar.

Eso es lo que deseo. Pero la planeación financiera no se construye solamente alrededor de lo que deseamos que ocurra. También contempla aquello que, aunque sea improbable o incómodo, podría suceder.

Y quizá exista una forma diferente de mirar esta conversación. No se trata de preguntarnos constantemente qué pasaría si faltáramos.

Se trata de poder decir:

“Mientras estoy aquí, voy a hacer todo lo posible para dejar su camino protegido.”

Porque cuidar a nuestros hijos es prepararles el desayuno, llevarlos a la escuela, abrazarlos, educarlos y acompañarlos.

Pero también es dejar orden, instrucciones, recursos, decisiones tomadas y, sobre todo, procurar que si algún día nosotros no podemos continuar resolviendo por ellos, el amor con el que hoy los cuidamos también haya quedado convertido en previsión.

En el marco del mes del testamento, ¿Ya has pensado qué pasaría si mañana no estás?

Yani López

Asesora Profesional de Seguros

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