Lunes, 25 Mayo 2026 20:49

¿Sólo para machos?

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Machomenos escribe Israel León O’Farrill 

Palabras clave: machismo, alimentación, publicidad, estereotipos, machósfera.

Hace ya unos ayeres, Lucía Méndez aparecía en un comercial anunciando camisas para caballero, de una marca que todavía aparece por ahí, toda sexy, sensual, portando solamente una camisa y, al ser descubierta, decía “pues te la presto”. Fueron varios comerciales en que la dinámica era muy similar, aunque a veces ella era acompañada por uno que otro hombre, perfectamente estereotipado para la época, elegante, viril, portando corbata y la camisa del comercial; o de sport y con una escopeta; o ella recostada sobre una piel de oso polar diciendo que le encantan sus trofeos de cacería y sus camisas. Los más vetustos de mis lectores sabrán de qué estoy hablando. Tradicionalmente, la mayoría de la publicidad de productos para hombres ha sido esencialmente machista, sexualizada y trágicamente estereotipada. De hecho, ahora que estamos en el umbral de un nuevo mundial de futbol, recordemos a Mar Castro y su “chiquitibum”, publicidad que hoy sería políticamente incorrecta. Pero ¿las cosas han cambiado mucho desde entonces? En apariencia sí, pero la sexualización, el machismo y la cosificación femenina y masculina siguen ahí de forma velada. Y, por si esto no fuera suficiente, ahora toma un giro bastante peculiar.

 En el diario El País se publicó un reportaje interesante intitulado “¿Cereales solo “para machos”? La comida se convierte en el nuevo campo de batalla de la ‘manosfera’”. Ahí se recoge lo que comenta la periodista Austin Ashburn sobre este tema: “A medida que la masculinidad tóxica continúa extendiéndose por nuestra sociedad, existen productos de marca como Man Cereal para satisfacer a los hombres que solo quieren interactuar con cosas que sean indudablemente masculinas y que no amenacen su ego”. Claro, la machósfera no se manifiesta exclusivamente en redes sociales con contenidos “red pill”, también lo hace en la publicidad y el mercadeo. “Eso ha creado un nicho de mercado para hombres muy hombres -continúa el reportaje-, productos que hacen de la polarización su mejor campaña de marketing y defienden una idea tóxica y anticuada de la masculinidad”. De esta manera, se venden productos de cuidado personal, como cremas para hombres rudos, desodorantes para atraer a las féminas -son ya legendarios esos comerciales-, ropa deportiva viril o suplementos alimenticios para ponerse musculoso y más varonil. Quiero pensar que nadie que se haya perfumado con esos desodorantes ha atrapado chicas en un bar, solo por el aroma; o, al ponerse tal marca de ropa, tampoco se asemeja a la Roca; mucho menos serán más hombres por consumir un cereal, una cerveza anunciada por Rocky/Rambo/Cobra o por manejar un auto último modelo. Sé que habrá quien diga que un hombre al volante de un auto de más de un millón de pesos se ve muy sexy… seguro para otros hombres (lo que es una contradicción, ¿no?) y, quizá, para mujeres atrapadas en las redes del propio patriarcado.

“El problema -sigue el reportaje- es que, en una cultura obsesionada con las etiquetas, la comida se ha convertido en mucho más que una necesidad: es una declaración de identidad”. En términos aspiracionales, “somos lo que comemos”, es decir, dónde, qué, cuándo y por qué consumimos lo que sea, lo que nos brindará estatus y, de paso, podrá reafirmar nuestra masculinidad. ¡Fórmula perfecta! Pero qué sucede con el mundo real, ese en el que la gran mayoría de las personas debe trabajar, con sueldos que apenas alcanzan, sin dinero para comprar los productos necesarios y menos para complementarlos con las horas en el gimnasio requeridas para cumplir con el estereotipo; ¿qué pasa si además se es de un color de piel incorrecto y un código postal inaceptable? Frustración total. De ahí a convertirse en un incel y atentar contra quien sea, quedan unos cuantos pasos. La machósfera es sumamente peligrosa y de una moralidad bastante perversa; llevada a producto de mercado es todavía más dañina, más baja, si es que eso es posible. Los influencers relacionados con ese mundillo viven de los “likes” que reciben y algunos de los cursos, talleres y conferencias que dan. Pero estas compañías que ganan dinero vía la reafirmación de los machismos, en cualquiera de sus vertientes, son equiparables a las refresqueras, las tabacaleras, las de los vapeadores o las de la comida chatarra: venden porquerías dañinas para el individuo y para la sociedad en general y, con total impunidad. No olvidemos que el machismo está detrás de la violencia de género, los feminicidios, los transfeminicidios, la discriminación, el acoso y tanta lacra que impide que vivamos en sociedades más sanas. El mercado podrá vender lo que sea, siempre y cuando caiga dentro de los márgenes de la ley. Sin embargo, vale la pena que tú que lees esto, te preguntes ¿yo compraría algo así? Y de ser afirmativa la respuesta, ¿por qué?

 

 

 

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