Futbol: Negocio o sentimiento

Futbol: Negocio o sentimiento
Antonio Abascal
El Blog de Puebla Deportes

El Blog de Puebla Deportes escribe Antonio Abascal

Un boleto para ver la inauguración del mundial de 2026 entre México y Sudáfrica ronda de los 6,652 pesos a los 32,813; un boleto para ver el Uruguay vs España en Guadalajara cuesta 17,210 pesos en una sección “popular”; son los nuevos tiempos del “deporte más popular del mundo”, son los tiempos de la FIFA y de un mundial que se ha vendido como 104 súper tazones cuando nunca en su historia había necesitado compararse con alguna otra disciplina deportiva. El futbol es un fenómeno social cuya historia es muy particular, ya que el gusto por una herramienta llamada “pelota” siempre ha estado presente y, por ello, tantos antecedentes a lo largo y ancho del mundo; hubo momentos de prohibición por la masividad y violencia que generaba un balón pateado hasta que un grupo de jóvenes ingleses de clase alta tuvieron la feliz idea de reglamentarlo con mucha claridad lo que lo hizo fácil de entender.

De ese momento en que los jóvenes de colegios de clase alta lo practicaban hasta que fue llegando a la gente menos privilegiada el futbol fue abrazado por todos, pero particularmente por los menos favorecidos que le agregaron detalles técnicos: Los ingleses llevaron su gusto por todos los puntos donde tenían intereses (algunos estudiosos matizan esta idea señalando ejemplos como Paraguay donde un neerlandés lo introdujo o el caso de Guadalajara a través de un belga) y sucedió lo mismo: Al principio lo jugaron los privilegiados para dar paso a versiones populares y a los primeros jugadores que le fueron agregando condimentos: “El barrio” o “el potrero”, se sumaron. El futbol además fue capaz de contar sus historias, las de jugadores míticos, conectó de inmediato con cuestiones sociales, superó barreras raciales (la primera selección brasileña en mundiales fue carioca, sin personas de raza negra por decisión gubernamental que creía que darían una mala imagen del país, y sin embargo, en Francia 38 Leónidas fue la primera gran figura brasileña). Fue la parte popular la que le dio otro sentido al juego no sólo en Sudamérica sino también en los países europeos.

Jugadores que retaron regímenes políticos, el público quedaba fascinado por lo que veía en los estadios o leía en los periódicos; literatos sin tanto conocimiento quedaron maravillados por lo que vieron alguna vez que asistieron a un estadio y dedicaron odas a alguno de los héroes como Rafael Alberti a Franz Platko, el arquero húngaro del Barcelona; algunos como Eduardo Galeano dedicaron sus mejores páginas al futbol, hablaron de leyendas como Obdulio Varela o del trágico destino del guardameta, Moacyr Barbosa y declaraban ser “un mendigo de buen fútbol. Voy por el mundo, sombrero en mano, y en los estadios suplico una linda jugadita por amor de Dios. Y cuando el buen fútbol ocurre, agradezco el milagro sin que me importe un rábano cuál es el club o el país que me lo ofrece”.

Las cabinas de radio se llenaron de pasión, las voces de Ángel Fernández en México le dieron otro elemento: Emoción. Una tradición que mantuvo Víctor Hugo Morales con su mítico relato de los goles de Maradona (tal vez el mayor ejemplo de ese futbol del pueblo, un chico de barrio muy pobre llevando a la gloria a su país) ante Inglaterra en México 86. Justamente la historia de los cuartos de final en el Estadio Azteca nos lleva a otro elemento: El futbol, más de lo que se reconoce es política: Argentina gozó una “revancha” deportiva por las Malvinas, la propia Argentina había gozado un festeja multitudinario tras ganar su primer campeonato mundial en plena dictadura militar que prohibía las reuniones masivas; un futbolista no le dio la mano al dictador Augusto Pinochet en Chile, antes un austríaco reconocido como el “Mozart del futbol” se negó para jugar para Alemania en Francia 38 cuando los nazis ya habían anexado Austria o e Italia 34 varios juegos quedaron manchados por arbitrajes tendenciosos en favor de Italia en el punto más alto del fascismo encabezado por Benito Mussolini.

El futbol es política, por eso hoy estamos ante la decisión del gobierno de Estados Unidos de estudiar caso por caso entre los jugadores iraníes para darles o no su visa deportiva y que puedan enfrentar a Nueva Zelanda, Irán y Egipto en el grupo G del próximo mundial, ante lo cual el ministro de relaciones exteriores, Esmaeil Baghaei, criticó duramente al gobierno de Donald Trump: “Aunque es un derecho de nuestra comunidad futbolística participar en este evento sin obstáculos, Estados Unidos ha violado hasta ahora sus compromisos en este sentido”, informando que ya elevó una protesta ante FIFA ya que el país de las barras y las estrellas “está politizando los acontecimientos deportivos”.

Por todo este crecimiento, el futbol sí es un fenómeno de masas, pero también es un negocio lucrativo en el que muchos de sus participantes se han enriquecido incluyendo a los jugadores de futbol, ahora celebridades en la esfera social. También ahí ya hay notables cambios: En México 86, los aficionados podían estar cerca de las selecciones, podían ir a los hoteles (buenos y cómodos, pero sin tantos lujos como campo de golf, por poner un ejemplo) y pedir autógrafos; hoy algunas de las participantes en el mundial de 2026 piden un auténtico búnker con el pretexto del espionaje, como si no se hubieran estudiando entre todas en estos meses; por ello, FIFA se ha servido con la cuchara grande y ha generado un mundial poco accesible para las clases populares.

Ya desde 2018, el sociólogo argentino Pablo Alabarces hacía una distinción clave: “El futbol junta lo popular y lo masivo, lo cual ya implicaba un problema teórico, que es: si hay alguna diferencia entre lo popular y lo masivo. Pero la tradición latinoamericana habla de que lo popular es algo más que lo masivo; durante la presentación de su libro “La historia mínima del futbol en América Latina” en el Colegio de México dijo: “Al hacer un libro de historia ratificas lo que sabías respecto de la enorme dimensión de lo popular histórico en relación con el fútbol. A la inversa también ratificas lo que toda la investigación contemporánea viene señalando que es, el cambio de la representación de clase en el fútbol contemporáneo, con las copas del mundo como su máxima expresión. En las copas del mundo el público presente en los estadios es de clase media y alta”.

Puso ejemplos de lo que sucede en Inglaterra donde tradicionalmente el futbol era de la clase obrera para pasar a personas mayores de cuarenta años con ingresos superiores a la media del trabajador británico, un fenómeno que también se da en América Latina, por ello en dicha presentación también hablaba de falta de democratización y de obligaciones de los intelectuales: “La obligación del intelectual es denunciar esta falta de democratización del fútbol, en el sentido de las clases representadas. El fútbol latinoamericano, adeuda de democratización por todos lados, lo gobierna élites que son corruptas, el peso de las burguesías incide. El fútbol es muchas cosas, pero también es una mercancía de la industria cultural, en consecuencia regida por las leyes de la plusvalía en el capitalismo contemporáneo. No es una expresión de resignación, es una descripción política”.

FIFA hoy es una maquinaria de hacer dinero, negocia con los gobiernos, ha llegado a cambiar nombres de calles durante las Copas del mundo (sucedió en Alemania 2006), mostró su músculo político al juntar a los tres mandatarios de Norteamérica para que participaran en el sorteo del pasado 5 de diciembre, tiene una plataforma donde se compran los boletos por adelantado y hace participar en una lotería a los interesados que pagan por esos boletos para enterarse después si resultaron escogidos; en caso de que no FIFA les devuelve el monto invertido menos diez dólares que son el derecho de participar; por ello, el mundial también es un ejemplo de la ley de la oferta y la demanda, por ejemplo el Cabo Verde vs Arabia Saudita del 26 de junio en Houston es uno de los que menos interés ha despertado y el boleto más accesible está en 2930 pesos en un lugar denominado “categoría cuatro”.

El deporte más popular del mundo es parte de un discurso que ya no conecta con la realidad, por ello es válida la diferenciación que propone Pablo Alabarces: Sigue siendo masivo, pero cada vez es más un artículo de lujo: Las playeras que las selecciones usarán en tierras norteamericanas rondan los tres mil pesos, en algunas tiendas deportivas en Puebla se oferta la colección de balones mundialistas, desde el "Telstar" de México 70 hasta el "Trionda" de 2026, en precios que van desde los seis mil pesos en versión pequeña, los diez mil en tamaño normal o cincuenta mil en la edición profesional. Todavía no se conoce el costo del álbum del mundial y de los sobres que llenan de ilusión a coleccionistas grandes y pequeños, pero por el número de equipos participantes se tendrá que hacer una inversión mayor a la de Qatar 2022 que fue superior a los 2,400 pesos.

Un artículo de lujo que lo aleja de las clases que lo engrandecieron dentro y fuera de la cancha porque la pasión del futbol conecta con lo popular, aunque esa palabra, "pasión", también tiene sus bemoles para Pablo Alabarces: “Constituye un discurso fenomenal con el cual se trata de explicar conductas que son muy disímiles. A menudo, tiende a creerse que la pasión aparece por fuera de lo mercantil porque no se compra ni se vende. Entonces, en tanto que es un fenómeno "innato" y "espontáneo" no aparecería condicionada por factores económicos. Sin embargo, sabemos bien que la pasión opera como un argumento de marketing y constituye una respuesta sencilla frente a una situación de conflicto que no se quiere pensar demasiado. Por este motivo, me inclino a hablar más de lo "emotivo" y de lo "afectivo" para explicar el vínculo de los argentinos con este deporte, ya que pasa mucho más por lo sentimental que por lo racional”.

Lo cierto es que el mundial de 2026 es un gran negocio, algunos no podrán estar en los estadios, se quedarán con las ganas de ir a un lugar de concentración, tal vez no compren la playera o el álbum, porque el futbol se ha alejado de sus prioridades económicas, otros arriesgarán parte de su capital, pero al final es que seguirán con interés el desarrollo del torneo. El futbol fue capaz de enamorar, fue capaz de convertirse en un fenómeno social que hoy explota la FIFA si pudor y, por ello, prepara un mundial en Arabia Saudita; sin embargo, todavía hay algo que no arrebata a la gente: El futbol como emoción, el futbol como sentimiento, un latido que permite ese manejo mercantilista, pero que a la vez es también un elemento más íntimo en el que radica el sentido de esta disciplina deportiva: Cada uno de nosotros está marcado por alguna página histórica o por un momento de identidad, grupal o personal, que sobrepasa a la actualidad mercantilista de FIFA.

@abascal2