Soberbia: un ego sobredimensionado   

Soberbia: un ego sobredimensionado   
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El rincón de Morgado

El rincón de Morgado escribe Jorge A. Rodríguez y Morgado

La soberbia es la máscara de la ignorancia.

Anónimo

“Cave Cave DNS Videt” –“Cuidado, cuidado, Dios lo ve”, (DNS =DomiNuS), inscripción que aparece en el centro de uno de los cuadros atribuido a el Bosco, o a uno de sus seguidores. Es un óleo sobre madera titulado “La Mesa de los pecados capitales”, pintado alrededor de 1500, con medidas de 1.20 m × 1.40 m, obra adquirida por el monarca Felipe II de España antes de 1560 y depositada en el monasterio de El Escorial en 1574. En la actualidad se encuentra en el Museo del Prado.

La estructura pictórica de la tabla está definida por cinco círculos. El central que está dividido en tres anillos concéntricos, representa simbólicamente el Ojo de Dios. En el centro de éste aparece la imagen de Cristo que muestra sus heridas saliendo del sepulcro; en el espacio siguiente hay una leyenda que advierte que está vigilando: “Cuidado, cuidado, Dios lo ve”.

El círculo central está separado por otro disco con rayos dorados que dota a la pintura de un espacio neutro, para destacar a continuación el anillo exterior donde aparecen reflejados los Siete Pecados Capitales, cada uno identificado por inscripciones en latín: lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia.

Cada pecado de la tabla tiene su inscripción y están situados de forma circular para que todos lo vean, culminando en las esquinas con las Postrimerías (eventos post-mortem -Muerte, Juicio, Infierno, Gloria), mostrando un mensaje moralizante: “Dios lo ve todo y los pecados llevan al castigo o la salvación”.

El artista representa Los Pecados Capitales como pequeñas escenas, fruto de la observación de la vida cotidiana, sin despreciar la crítica a los vicios de la época.

Así, en la lujuria retozan enamorados mientras bufones y músicos acompañan con sus artes pecaminosas. La gula muestra a la gente comiendo y bebiendo sin ningún control. En la avaricia vemos a un juez siendo sobornado. La pereza representa a un tipo durmiendo con su perrito. La ira es representada con dos borrachos peleándose a las puertas de una taberna. Para la envidia vemos varios ejemplos de envidiosos.

Finalmente, para la soberbia tenemos a una vanidosa mujer que se mira a un espejo que está sostenido por un demonio que se ríe de ella. Su casa está rodeada de lujosos objetos.

El concepto de soberbia como un rasgo humano negativo o pecado se remonta a textos muy antiguos. Los griegos usaban el término hybris para nombrar la soberbia, que se identificaba como la arrogancia, insolencia y desmesura que desafiaba a los dioses, acción que inevitablemente conducía a la caída o castigo divino.

En la Biblia la soberbia es identificada como un pecado fundamental y la raíz de otros vicios. Se menciona en el libro de los Proverbios y advierte: "La soberbia precede al fracaso; la arrogancia anticipa la caída". La narrativa bíblica describe el primer pecado, cometido por Luzbel (Lucifer) o Satanás al querer ser igual o superior a Dios, como un acto de pura soberbia, lo que lo llevó a su caída.

La soberbia es una actitud en la que una persona se siente superior a los demás, despreciando opiniones, emociones o logros ajenos. Quien actúa con soberbia suele mostrar orgullo excesivo, dificultad para reconocer errores y una necesidad constante de tener la razón o de ser admirado. La soberbia cierra puertas a la empatía, al aprendizaje y a las relaciones sanas.

La soberbia a menudo esconde sentimientos de inferioridad, inseguridad y baja autoestima. La persona soberbia se siente obligada a presentarse como superior para compensar sus propias carencias internas. Suelen tener dificultades para admitir errores, lo cual limita su capacidad de crecimiento y aprendizaje. Creen que ya han alcanzado un estado de perfección o conocimiento superior, por lo que se estancan.

En el mundo real un trastorno que está muy presente es el Síndrome de Hubris  (del griego hybris, que significa arrogancia desmedida, desmesura o soberbia), que describe un trastorno de personalidad adquirido por personas en posiciones de poder. Reyes, emperadores, gobernantes de toda índole, políticos, militares, grandes empresarios y directivos lo han padecido y lo padecen.

Quién no ha escuchado frases tales como “se le subieron los humos”, “se emborrachó con el poder”, “subió muy rápido y se cree una maravilla”, “antes era sencillo ahora es petulante”, “se mareo al subirse a un ladrillo”, etcétera, claro síntoma de soberbia.

Se caracteriza la soberbia por un ego desmedido, sobredimensionado; exceso de confianza; desprecio por la crítica; obsesión por la imagen; creencia de invulnerabilidad al fracaso; desapego de la realidad y desprecio por las opiniones de los demás.

Aunque no es una enfermedad mental formal, sus efectos pueden ser graves ya que puede llevar a tomar decisiones imprudentes y a normalizar comportamientos narcisistas en la sociedad y se dice que se puede prevenir fomentando la autoconciencia, la humildad, la educación emocional y la empatía en quienes están en posiciones de liderazgo.

La soberbia, amable lector, está muy extendido en el mundo actual y hace que quienes lo padecen pierdan el contacto con la realidad tras alcanzar un puesto de responsabilidad. Nadie está a salvo. ¡Cuidado!

La mejor cura consiste en reflexionar sobre esta cita, atribuida a Eurípides: “Aquel a quien los dioses quieren destruir, primero lo vuelven loco”.