Minuto a minuto: Revelaciones de la última vez que se vio a Blanca Adriana en la Clínica Detox

Minuto a minuto: Revelaciones de la última vez que se vio a Blanca Adriana en la Clínica Detox
Carlos Miguel Ramos Linares
Blanca Adriana Vázquez Montiel Caso Blanca Adriana Calzada Zavaleta Clínica Detox

A detalle, la componenda para desaparecer a la mujer que acudió a la Detox Clínica

Parabolica.MX tuvo acceso al video completo de los últimos 18 minutos con 18 segundos en los que se pudo ver el cuerpo de Blanca Adriana, la mujer que acudió a la Detox Clínica y cuyos restos sin vida fueron hallados en el estado de Tlaxcala.

CALZADA ZAVALETA 2511

Las luces traseras de un Mini Cooper estacionado dentro de la cochera del edificio donde operaba clandestinamente la Clínica Detox, iluminan parcialmente el concreto gris del estacionamiento. La luz rebota sobre las columnas, dibuja sombras largas y deja al descubierto un espacio frío, aséptico, casi suspendido en el tiempo. Entonces aparece una mujer vestida con pijama quirúrgica y cubrebocas. Camina rápido, aunque no con la velocidad de quien huye, sino con la tensión contenida de quien intenta esconder un delito. Hoy se sabe que era la asistente de la clínica.

Abre la puerta del copiloto y deja una bolsa en el asiento delantero. Después rodea el vehículo, levanta la cajuela y baja dos cajas y otra bolsa más. Sus movimientos son automáticos, desordenados, fragmentados por pequeños titubeos. Deja abiertas las puertas del Mini Cooper y se aparta unos metros, mirando constantemente hacia el interior del inmueble.

El estacionamiento permanece vacío durante algunos minutos.

Luego aparece un joven, que fue identificado posteriormente como el hijo de Diana Alejandra Palafox Romero, responsable de la clínica y actualmente prófuga de la justicia. Toma la bolsa que había sido colocada en la parte delantera del vehículo y la traslada a la cajuela. Después desaparece mientras camina hacia el interior del edificio.

Es entonces cuando la escena adquiere otra dimensión.

Tres personas emergen de la clínica cargando un cuerpo. La asistente sostiene una parte; el hijo de la doctora intenta soportar el peso desde el otro extremo; junto a ellos avanza Diana Alejandra Palafox Romero, reconocible por la cofia quirúrgica que cubre su cabeza. Entre los tres, trasladan el cuerpo inerte de Blanca Adriana Vázquez Montiel hacia la parte trasera del Mini Cooper.

Durante el trayecto, el cuerpo cae parcialmente al suelo.

La imagen posee una crudeza difícil de mirar incluso en la distancia impersonal de una cámara de seguridad. El cuerpo se desploma sin resistencia, con la densidad absoluta de la inmovilidad. Las extremidades se vencen sobre el concreto mientras quienes lo cargan intentan reaccionar de inmediato, descompuestos por la urgencia. Bajo la iluminación blanca del estacionamiento, la escena adquiere una apariencia espectral, casi irreal, como si el espacio entero hubiese quedado atrapado en una especie de suspensión moral.

Después de levantar nuevamente el cuerpo, el hijo de Diana Alejandra se introduce en la cajuela para acomodarlo desde el interior del vehículo. La doctora hace lo mismo desde el asiento del copiloto, desplazando objetos y reorganizando el espacio alrededor del cadáver. A un costado permanece inmóvil la asistente, observando la maniobra sin apartar la mirada.

Los minutos siguientes muestran una secuencia obsesiva de entradas y salidas hacia la clínica.

La asistente regresa con más bolsas. El hijo de la doctora reaparece cargando una caja que introduce violentamente en la cajuela, empujándola con el pie derecho para abrir espacio entre los objetos acumulados. Diana Alejandra continúa acomodando pertenencias dentro del Mini Cooper, inclinada sobre el asiento delantero y la parte trasera del vehículo. Todo parece ejecutarse bajo una lógica precipitada, casi compulsiva, efermiza; donde cada movimiento intenta borrar el rastro del anterior.

Sin embargo, la escena alcanza uno de sus momentos más perturbadores varios minutos después.

La asistente vuelve a aparecer cargando un perro entre los brazos. Otros dos perros pequeños rondan alrededor del automóvil. Ella abre la cajuela y coloca al primero de los animales, junto al cuerpo de Blanca Adriana Vázquez Montiel. Segundos después llega Diana Alejandra Palafox Romero y sube a los otros dos perros.

La imagen resulta devastadora precisamente por su aparente cotidianidad. Entre bolsas, cajas y objetos amontonados, el cuerpo inmóvil de Blanca Adriana queda parcialmente oculto bajo la presencia de los animales. La escena parece despojada de cualquier gesto humano reconocible; apenas una mecánica fría de movimientos rápidos bajo la luz artificial del estacionamiento.

Finalmente, Diana Alejandra cierra la cajuela y rodea el Mini Cooper para ocupar el asiento del conductor.

La asistente se aparta entonces del vehículo y saca su teléfono celular. Camina hacia el extremo opuesto del estacionamiento mientras la pantalla ilumina intermitentemente sus manos y parte del rostro. Su manera de caminar cambia por completo: ahora luce errática, acelerada, incapaz de permanecer quieta. Rodea un Dodge Challenger morado con figuras amarillas de vinil estacionado al fondo del lugar mientras continúa hablando por teléfono.

En ese instante, el Mini Cooper enciende nuevamente sus luces traseras y comienza a retroceder lentamente. El portón del estacionamiento se abre y desde uno de los extremos la asistente observa cómo Diana Alejandra Palafox Romero abandona el inmueble llevándose consigo a sus tres perros y el cuerpo de Blanca Adriana Vázquez Montiel.

Después el portón cierra.

La asistente permanece sola dentro del estacionamiento. Continúa hablando por teléfono durante varios minutos. Su cuerpo comienza a desmoronarse lentamente. Primero se lleva ambas manos a la cabeza. Después inclina el rostro hacia el suelo, respira profundamente y termina recargándose sobre un Dodge Challenger morado estacionado a un costado. Permanece ahí inmóvil algunos segundos. Las cámaras alcanzan a registrar cómo se cubre parcialmente el rostro y parece llorar, abando la escena corriendo hacia el interior de la clínica.

Minutos después vuelve a descender acompañada por el hijo de la doctora. Ambos corren hacia el Challenger morado con movimientos atropellados, atravesados por la desesperación, corriendo. Suben rápidamente y abandonan el lugar.