En el Día de las y los Abuelos, académica explicó la importancia de tener espacios de interrelación
El edadismo es una forma de discriminación hacia las personas por razón de su edad y se encuentra frecuentemente vinculado con las personas adultas mayores. Según la Encuesta Nacional sobre Discriminación (ENADIS) 2022 del INEGI, 61.6% de las personas de 60 años y más reportó que la causa más común de discriminación en los últimos cinco años fue su edad. Además, 4 de cada 10 personas de este grupo afirmó haber sido discriminada, sobre todo, al buscar empleo.
La Dra. Guadalupe Chávez Ortiz, directora del Centro Intercultural de Reflexión y Acción Social (CIRAS) de la IBERO Puebla señaló que este fenómeno tiene diferentes dimensiones, entre ellas los estereotipos, los prejuicios y las conductas. Los estereotipos se relacionan con aquello que pensamos sobre las personas adultas mayores; los prejuicios, con lo que sentimos hacia este grupo poblacional, y las conductas, con la manera en que actuamos a partir de esas ideas y percepciones.
La Dra. Chávez Ortiz destacó que el edadismo también se construye socialmente cuando no se favorecen las interacciones entre personas de diferentes edades. Ante los cambios en la pirámide poblacional y la posibilidad de convivir cada vez más con personas de distintas generaciones, consideró importante generar espacios que eviten la segregación social y favorezcan la vinculación entre personas adultas mayores, jóvenes e infancias.
Igualmente, identifica la práctica del edadismo autoinfligido, que ocurre cuando las propias personas reproducen ideas relacionadas con la edad sobre sí mismas. Un ejemplo es cuando alguien afirma: “Ya estoy muy grande para hacer esto”, una expresión que, señaló, puede aludir de manera negativa al cansancio, malestar o ciertas características físicas como el peso o la pérdida de cabello.
Otra dimensión corresponde al edadismo en las relaciones personales, que se presenta cuando se establecen límites a otras personas debido a su edad, por ejemplo, al considerar que alguien “ya está muy grande” para practicar un deporte o realizar una actividad educativa. Por ello, la especialista subrayó la importancia de evitar que este tipo de expresiones se reproduzcan en las relaciones sociales.
Asimismo, habló del edadismo institucional, presente, entre otros espacios, en los sectores de salud y servicios. Cuando una persona adulta mayor acude acompañada a una cita médica, es usual que el personal médico se dirija a quien la acompaña en lugar de hablar directamente con ella, lo cual es un signo de discriminación. Una situación similar puede presentarse en instituciones bancarias, cuando la atención se dirige hacia el familiar acompañante y no hacia la persona adulta mayor.
Ante estas expresiones de discriminación, la académica señaló que la reflexión debe involucrar a distintas disciplinas e instituciones. Desde las universidades, por ejemplo, consideró necesario replantear las construcciones y espacios para que tengan cabida personas de diferentes edades, mientras que las instituciones religiosas también pueden contribuir a evitar la reproducción de estereotipos hacia las personas adultas mayores.