Fondo y Forma escribe Yani López
La estructura detrás de tu tranquilidad financiera.
Antes de ser mamá, muchas de mis decisiones financieras terminaban en mí. Podía preguntarme si algo me alcanzaba, si quería gastarlo, ahorrarlo o simplemente disfrutarlo. Después de tener hijos, esa relación con el dinero cambió.
De pronto, muchas decisiones comenzaron a tener nombre y apellido.
Ya no se trata solamente de cuánto cuesta la casa que quieres, sino de dónde crecerán tus hijos. Un viaje deja de ser únicamente una experiencia personal y se convierte en recuerdos en familia. Aparecen las colegiaturas, actividades, médicos, ropa, cumpleaños y, más adelante, la universidad.
Pero también aparecen preguntas que antes quizá ni siquiera nos hacíamos: ¿estamos ahorrando suficiente?, ¿qué oportunidades queremos darles?, ¿cómo construimos un patrimonio?, ¿qué queremos dejarles?, ¿cómo protegemos lo que estamos formando como familia?
La maternidad también transforma nuestra vida financiera.
Y creo que muchas mujeres aprendemos una enorme cantidad de finanzas precisamente cuando nos convertimos en mamás, aunque nunca lo llamemos así.
Aprendemos a hacer presupuestos, priorizar gastos, anticiparnos a lo que viene, comparar precios, administrar imprevistos y hacer que el dinero alcance. Sabemos cuándo llega la reinscripción, cuánto cuestan las actividades, qué gasto extraordinario tendremos el próximo mes y qué cosas pueden esperar.
En muchos hogares, mamá termina convirtiéndose, sin título y muchas veces sin reconocerlo, en una especie de directora financiera de la familia.
Sin embargo, existe una contradicción.
Podemos volvernos extraordinariamente buenas para ocuparnos del futuro de nuestros hijos y, al mismo tiempo, comenzar a olvidarnos del nuestro.
Queremos pagarles una buena educación. Ahorramos para la universidad. Procuramos que tengan experiencias, oportunidades y herramientas que quizá nosotros no tuvimos. Y está bien. El problema aparece cuando para construir su futuro sacrificamos permanentemente nuestro ahorro, nuestras inversiones, nuestro patrimonio o nuestro retiro.
Porque cuidar financieramente a nuestros hijos también significa cuidar nuestras propias finanzas.
Un hijo pequeño puede depender completamente de nosotros hoy, pero el objetivo es que algún día deje de hacerlo. Que estudie, trabaje, construya su propia vida y alcance su independencia.
Nosotras también necesitamos conservar la nuestra.
Por eso la planeación financiera de una familia no debería tener únicamente una cuenta mental llamada “mis hijos”. Debería contemplar distintas metas: necesidades actuales, emergencias, educación, protección, construcción de patrimonio y retiro.
No todo tiene que resolverse al mismo tiempo ni necesitamos grandes cantidades para comenzar. Lo importante es entender que cada objetivo tiene un plazo diferente y que postergar indefinidamente algunos de ellos también tiene consecuencias.
Especialmente el retiro.
Podemos pasar veinte o treinta años trabajando para darles independencia a nuestros hijos y descubrir, al final de ese camino, que no construimos la nuestra. Y entonces existe el riesgo de invertir los papeles: aquellos hijos a quienes quisimos darles todas las oportunidades pueden terminar teniendo que hacerse responsables económicamente de nosotros.
Quizá por eso una de las decisiones más amorosas que podemos tomar como mamás sea aprender a incluirnos nuevamente en nuestros propios planes.
Ahorrar para ellos, sí.
Protegerlos, por supuesto.
Ayudarlos a estudiar y comenzar su vida, siempre que esté dentro de nuestras posibilidades.
Pero también ahorrar para nosotras. Invertir. Construir patrimonio. Pensar en nuestro retiro. Tener recursos propios y prepararnos para una etapa en la que nuestros hijos ya no necesiten que resolvamos su vida y nosotros tampoco necesitemos que ellos resuelvan la nuestra.
Desde que soy mamá, mi manera de ver el dinero cambió. Primero dejé de preguntarme únicamente “¿me alcanza?” y comencé a pensar “¿nos alcanza?”.
Con los años entendí que faltaba una tercera pregunta:
¿Estoy construyendo algo que nos alcance mañana?
Porque ser mamá implica cuidar muchísimo del futuro de nuestros hijos.
Pero nosotras también formamos parte de ese futuro.
Yani López
Asesora Profesional de Seguros
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