Parabolica.mx escribe Fernando Maldonado
La aspiración de Olga Lucía Romero a la presidencia municipal obliga a una pregunta aún sin respuesta: ¿cómo separaría el gobierno de la ciudad del conflicto patrimonial en el que participa?
Una cosa es defender una pretensión patrimonial ante los tribunales. Otra es pedir el mando del municipio donde operan los negocios relacionados con sus adversarios.
Su enfrentamiento con integrantes de la familia Celis Romero por el legado de Socorro Romero Sánchez no es una diferencia menor. Involucra intereses empresariales, procedimientos judiciales y una controversia que ha llegado a detenciones y un probable tráfico de influencias.
Familiares han señalado a Olga por presionar
instituciones; esas acusaciones requieren acreditación y no deben confundirse con resoluciones judiciales. Existe una dimensión que no depende de anticipar quién ganará el litigio: la confianza necesaria para gobernar una ciudad en donde se asientan las empresas vinculadas al conflicto personal.
Olga tendría que explicar cómo garantizaría un trato imparcial. Y Morena tendría que evaluar esa respuesta antes de convertir una aspiración personal en una candidatura.
Tomemos como ejercicio la cifra de ocho mil empleos atribuida al grupo. Si cada puesto sostuviera un hogar de tres integrantes, habría unas24 mil personas dependientes de esos ingresos.
De una nómina dependen rubros como transporte, alimentos, rentas y servicios. Si un conflicto llegara a comprometer la operación o los pagos de una empresa, el efecto podría
extenderse hacia proveedores y comercios.
El riesgo político aparece cuando la incertidumbre se transforma en desconfianza. Si trabajadores, proveedores o empresarios perciben que una candidata no podrá separar sus intereses particulares del ejercicio del gobierno, esa percepción puede erosionar su respaldo.
Veinticuatro mil personas vinculadas económicamente no son veinticuatro mil sufragios disponibles. Ignorar la dimensión electoral sería igualmente ingenuo. Como referencia histórica, Pedro Tepole ganó la alcaldía en 2021 con 41 mil 870 votos, No es un umbral fijo para ganar otra elección, pero permite entender por qué la confianza de sectores económicos amplios importa en una contienda municipal.
Morena tendría que preguntarse si Olga Lucia ayuda a construir esa confianza o llega obligada
a explicar cómo evitaría que su conflicto personal contamine la administración.
El partido no debería evaluar únicamente cuánto reconocimiento tiene una aspirante. También debe revisar qué resistencias puede generar, qué relaciones necesita reconstruir y qué garantías ofrece a quienes no forman parte de su grupo.
En la capital se buscan inversiones. En Volkswagen se negocia para preservar la continuidad productiva. En Tehuacán sería una contradicción minimizar la certeza institucional al momento de escoger una candidatura.
El riesgo para Morena no sólo consiste en qué familia empresarial tenga derecho a vetar a Olga. Consiste en postularla sin resolver las dudas que su doble condición de litigante y aspirante plantea.
Olga puede sostener su reclamación en tribunales. Lo que no debería pedir es que el partido en el poder asuma que esa disputa
carece de consecuencias políticas.
Una herencia se disputa por interés de quienes la reclaman. La confianza de una ciudad exige gobernar para quienes están del otro lado del expediente. Y eso está por verse.
@FerMaldonadoMX