Parabólica.MX escribe Fernando Maldonado
Los periodistas Belén Castellanos y Antonio Pineda fueron víctimas de una creatura de un sistema descompuesto que desde el poder considera su existencia como un mal necesario para remediar males mayores, como el caso del tristemente conocido “El Fede”, Federico López Flores, líder de la agrupación Fuerza 2000.
Castellanos y Pineda cubrían una asignación encomendada en la mesa de redacción de ImagenTV en Puebla para documentar lo que sucede a la luz del día, ante los ojos miopes de la autoridad y el consentimiento del poder público, como ha sucedido desde la época en que PAN y PRI fueron gobierno en la capital.
La vía pública tiene dueño en la capital. Quien decide o se ve en la necesidad de estacionar el vehículo bajo cualquier circunstancia debe pagar, a la empresa a la que se le entregó en concesión la calle a través de los estacionómetros o a los franeleros al servicio de “El Fede”, un personaje que construyó su figura desde las cañerías de la ciudad.
Fueron agredidos, especialmente el camarógrafo Antonio Pineda, porque en este país no hace falta pertenecer a la “gran prensa”, ser líder de opinión o dar cobertura a la batalla contra la delincuencia que opera en entidades especialmente lastimadas por grandes capos.
Sin desmerecer el atraco que vivió el editor del sitio e-consulta, Raúl Lazcano que también fue agredido por un grupo de asaltantes, que también se debe condenar porque sugiere que la reducción de delitos en los gobiernos de la 4T es mera retórica, el de los periodistas de ImagenTV refleja con precisión la indefensión de los trabajadores de los medios frente a factores de poder con cotos claramente identificados y consentidos por los gobiernos en turno.
A título personal, por años fui compañero de coberturas múltiples de Antonio Pineda, apreciado por quienes hacen periodismo en el territorio conocido como “Chicapis”. Ya en las serranías de Puebla, en la costa veracruzana, la Ciudad se México, el camarógrafo se ha mantenido firmeza indeclinable en la profesión que abrazó desde muy joven allá en su tierra, en el vecino estado de Tlaxcala.
No ha sido de los trabajadores de los medios que suela exhibir asomo de soberbia ni prepotencia, como algunos otros colegas en algún momento sí lo han demostrado, sino al contrario. Ha sido un profesional de la lente solidario, creativo y sobrio para dar resultados satisfactorios para la televisión poblana en cientos de encomiendas.
De la modesta presencia de Pineda han conocido los últimos gobernadores, desde Melquiades Morales hasta quién despecha en hoy en día en el cuatro piso del Centro Integral de Servicios y de los ediles de la zona metropolitana y la capital, casi todos lo ubican con claridad.
La identificación plena de los agresores callejeros y su captura, a quienes también habrá que imputar el delito de robo y daños por el equipo dañado y luego localizado, tendría que ser una prioridad para los Gobierno de la capital y del Estado en momentos en que se ha pretendido alimentar la idea de que en Puebla la libertad de informar y opinar tiene dificultades.
Permitir desde el poder que “El Fede” y sus pandilleros operen con la tranquilidad con la que se han desenvuelto en los gobiernos del pasado sería una pésima señal, sobre todo por la amenaza potencial de una mafia dispuesta a todo para conservar el coto del que se hicieron a la mala.
Proveer de medidas cautelares a Castellanos y Pineda por la amenaza latente tras haber exhibido la prepotencia gansteril de los dueños de las calles en la capital de debiera ser valorada como una acción inmediata.
@FerMaldonadoMX