El Rincón de Jorge A. Rodríguez y Morgado
“La oración no es para cambiar los planes de Dios.
Es para confiar y descansar en Su soberana voluntad”
Martín Lutero
El origen de las religiones se remonta a la más remota antigüedad, el ser humano impulsado por la necesidad de explicar lo desconocido, superar el miedo ante la muerte, revelar los fenómenos de la naturaleza y fomentar la cohesión social para sobrevivir en grupo, necesitó creer en algo superior que revelara sus dudas, incertidumbres y cuestionamientos, instaurando así la religión. Las primeras expresiones fueron el animismo y los rituales funerarios de los neandertales, mucho antes de que surgieran los grandes cultos organizados.
La creencia antigua de que los animales, plantas y ríos tienen un alma o espíritu protector fue su primer pensamiento, así mismo, se apoyaron en la magia y naturaleza usando pinturas y ritos para pedir éxito en la caza o lluvias para las cosechas. Con el paso del tiempo las ánimas de la naturaleza se convirtieron en dioses con nombre propio y poderes sobre el clima y la vida, surgieron los templos y los dioses oficiales hace más de 5 mil años ya que el creer en mitos y deidades ayudó a que grandes grupos de personas colaboraran bajo normas comunes.
La oración como una forma de hablar con los dioses o con lo sagrado nació con las primeras civilizaciones humanas. Es un acto para pedir, agradecer o estar en paz con lo divino. Las primeras formas de oración eran cánticos y peticiones a la naturaleza o múltiples dioses para pedir lluvia, caza o protección.
La Iglesia Primitiva adoptó la oración comunitaria fija y surgieron fórmulas litúrgicas tempranas, como los himnos y letanías medievales de los monasterios. Al paso del tiempo transitó de ser un acto oral espontáneo a incluir libros de plegarias escritas, horas canónicas y el uso de cuentas como el rosario.
La Biblia relata la oración como un diálogo directo y personal con un solo Dios (Yahvé), usando salmos y lamentos de figuras como profetas y reyes. Jesús de Nazaret marcó un hito al enseñar el Padre Nuestro como un modelo íntimo de comunicación filial, alejándose de los rezos mecánicos.
La oración que se considera más poderosa es el “Padre Nuestro” (Mateo 6:9-13) que se realiza tres veces al día, a las 9 de la mañana, a las 12 del día y a las 3 de la tarde mirando hacia el este. La Biblia nos dice: “Siete veces al día te alabo. A causa de tus justos juicios”, (horas canónicas San Benito de Nursia, siglo VI, Salmo 119:164 -Shin), "al levantarse, al encender la lámpara de la tarde, al acostarse, a medianoche" y "la tercera (9), sexta (12) y novena (3) horas del día, siendo horas asociadas con la Pasión de Cristo”.
Antes de rezar, se lavan las manos y la cara para estar limpios ante Dios y presentarle lo mejor; se quitan los zapatos para reconocer que se está ofreciendo una oración ante un Dios santo. Otra oración que se suele realizar es el Salmo 63, que se lee a las 3 de la mañana, para evitar la influencia de satanás, diablo o el mal.
Orar es hablar con Dios de forma sincera y sencilla, como cuando dialogas con un amigo. Para empezar, puedes seguir estos pasos básicos: busca un lugar tranquilo, dirígete a Dios con respeto, y expresa lo que hay en tu corazón. Orar sirve para tener contacto con la Divinidad y conectarse con Ella, genera un momento para encontrar paz en un espacio personal al acercarse al creador y expresar lo que hay en el corazón.
Se ha comprobado que el orar tiene ciertos beneficios, puesto que te permite contar desde lo más profundo de tu ser las alegrías y los miedos, y como recompensa recibir una guía para tu vida. Ayuda a reconocer y agradecer las cosas buenas de cada día y valorar lo que se tiene. Es una forma de mostrar humildad y buscar fuerza o sanación en momentos difíciles.
Calma la mente y da esperanza cuando hay problemas o tristeza. La paz y tranquilidad que genera la oración te ayuda a descubrir qué hacer y a entender mejor el camino correcto en tu vida. Es una forma de recordar de dónde viene tu bienestar y mostrar gratitud por lo recibido.
La oración es un medicamento poderosísimo ya que la oración no sólo regula todos los procesos del organismo humano, sino que también repara la estructura de la conciencia más afectada. Al orar, las preocupaciones quedan en un plan secundario e incluso desaparecen totalmente. De esta manera se hace posible el restablecimiento psíquico, moral y físico.
Estudiosos del tema indican que, el orar psicológicamente funciona como una herramienta de regulación emocional, meditación profunda, autorreflexión y desahogo mental que ayuda a reducir el estrés. Funciona a través de mecanismos como la introspección, la pausa consciente y la catarsis. Funciona como una terapia interna donde la persona exterioriza sus problemas, busca calma y procesa sus sentimientos, logrando paz y armonía.
Concluyo esta entrega con una frase de Oswald Chambers, considerado por muchos estudiosos como un “místico evangélico” por su enfoque en la comunión diaria con Dios, él nos dice: “No olvides orar hoy porque Dios no olvidó despertarte esta mañana”.