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Machomenos escribe Israel León O’Farrill
Palabras clave: machismo, embarazo, crianza, cuidado, responsabilidad
Hace poco, una amiga nos preguntó a sus amigos y seguidores varones en Instagram si, de ser posible, estaríamos dispuestos a embarazarnos en lugar de nuestras parejas. Según me contó, se sorprendió de la cantidad de hombres que le dijeron que sí; yo, por mi parte, le dije que no lo haría, básicamente porque no he querido, ni quiero tener hijos. Por supuesto, si se pudiera y se diera la ocasión, me encantaría compartir la carga que ello implica para las mujeres, es decir, compartir el embarazo, no simplemente que la otra parte lo asumiera y ya. Claro está que eso no es posible -todavía- y, con estas preguntas y respuestas, básicamente tejemos en el aire. Sin embargo, la respuesta no está en el embarazo mismo, pues eso, con muy poca fortuna, recae en la mujer; la respuesta está en la crianza. Para ello, antes que otra cosa, se tiene que comprender quién se hace cargo del cuidado en la pareja. Hace unas entregas hablé del tema desde una perspectiva básicamente estadística y no exclusivamente sobre el cuidado de los hijos, sino en cuanto al cuidado en general, de hijos, adultos mayores y personas con capacidades diferentes, actividad que recae en una abrumadora mayoría en las mujeres.
De acuerdo con Alfredo Ramos en su libro “Perforar las masculinidades” (2024), es “verdad, en general a los hombres no han sido los hombres quienes nos han enseñado a cuidar. Para quien ha querido aprender, esa carga, esa responsabilidad ha recaído en las mujeres. Por eso me parece que es relevante que existan referentes de hombres que cuidan (…) Cuidar tiene que dejar de ser un accidente para convertirse en un elemento esencial de la biografía masculina (Robb, 2019). La paternidad es, con todos sus peros, la puerta de entrada más habitual de los hombres al universo de los cuidados”. Como se lee, el ser padre viene de la mano con el cuidado; no es la mera circunstancia biológica del depósito de la semilla lo que convierte a alguien en padre y, por supuesto, tampoco el que una mujer pueda gestar y llevar un embarazo lo que la convierte en madre, sino la crianza misma. De hecho, Ramos nos cuenta que, en España, se hizo un estudio sobre el tiempo dedicado por padres y madres al cuidado de los hijos durante la pandemia. El dato fue revelador, pues mostró que los varones lo hicieron de forma menos significativa en la realización de tareas educativas frente a las del juego. “Respecto a las primeras -nos dice Ramos- los porcentajes eran 63% mujeres frente al 37% hombres; en el segundo ámbito, la situación cambiaba ligeramente al 55% mujeres, 45% hombres”. Durante la pandemia, la cosa no varió significativamente. La crianza va mucho más allá de juegos, sin duda.
Lo dicho, es biológicamente imposible que el varón cargue con el producto en su cuerpo, junto con todos los cambios biológicos y hormonales que lo acompañan, pero sí es perfectamente capaz de integrarse en la crianza de niños y niñas. Es importante comprender que, al menos de manera metafórica, hombres y mujeres se embarazan en pareja, así como también -de forma literal, esa sí- se convierten en padres en pareja. Bueno, los varones no podrán amamantar, pero sí realizar muchas otras actividades en conjunto con su pareja para llevar a cabo no sólo el embarazo, sino el parto y el puerperio. Pero, quizá lo más importante, puede y debe hacerse cargo del cuidado y de la crianza de sus vástagos. Poco importa si la pareja está junta o separada, el varón también debe hacerse responsable. Esto es necesario que lo comprendan hombres y mujeres antes, durante y después de tener hijos. Por supuesto, sería deseable, como sucedía hace tiempo, que las familias de ambos colaboraran de manera activa en la crianza.
El reto radica, no sólo en la manera en que nos han formado a los varones para afrontar la crianza y que es, por más que no se quiera reconocer, profundamente patriarcal; también se ha formado a las mujeres en el mismo sentido. Y quizá debiéramos irnos más para atrás y preguntarnos ¿para qué formamos pareja? ¿Lo hacemos por cumplir consignas de familia, históricas o simplemente porque podemos? Debemos empezar desde estas simples preguntas para después preguntarnos el motivo para criar. Tener hijos conlleva una responsabilidad enorme, lo mismo para la pareja, que para con la sociedad en su conjunto. ¿Embarazarse? Ojalá se pudiera; ¿hacerse responsable de la crianza? ¡Por supuesto!
Información adicional
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