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Machomenos escribe Israel León O’Farrill
Palabras clave: machismo, imagen, medieval, discurso, género.
En septiembre pasado, leí un reportaje muy interesante en el portal de la BBC Mundo sobre un tapiz medieval que narra la historia de la conquista normanda a Gran Bretaña. Lo interesante fue el título y el análisis que lo acompaña. “Una versión medieval de la manósfera: lo que el tapiz de Bayeux revela sobre la sangrienta y obscena realidad de la Edad Media”. En esa entrega, la reportera Deborah Nicholls- Lee afirma que el “tapiz de Bayeux cuenta una historia sangrienta, y ocasionalmente picante, de la conquista normanda de Inglaterra. Esta intrincada obra maestra está bordada sobre 70 metros de lienzo de lino y teje un relato de promesas incumplidas, codicia y agresión que culmina con la muerte del rey Harold II en la Batalla de Hastings. (…) Es una obra que representa una versión medieval de la actual manosfera digital: una ideología y un mundo centrados en la hipermasculinidad y en las experiencias de los hombres. Y un mundo donde el tamaño importa”. Por aquí y por allá en ese tapiz vemos pasajes diversos donde hay hombres luchando, saqueando, quemando propiedades, montados a caballo, con penes prominentes enfatizados como símbolo de la virilidad de sus jinetes e, incluso, lo que la autora nos dice que se ha identificado como una denuncia de las bordadoras sobre los abusos sexuales cometidos por un clérigo sobre ciertas doncellas retratadas ahí. Bien, pero, como se preguntaron algunos que comentaron el reportaje, ¿no será un tanto exagerado atribuir conceptos como manosfera a un tapiz elaborado en otra época tan distante? ¿Es posible analizar una producción de esa antigüedad con elementos del presente?
En foros académicos donde he estado, por ejemplo, en los Congresos de Mayistas, se ha discutido si se puede o no juzgar a las sociedades mesoamericanas con argumentos de las teorías de género. La respuesta ha sido que no. Coincido en gran medida pues es difícil estipular que en la América previa a la llegada de los europeos existiera el patriarcado, mucho menos el machismo, no al menos como lo conocemos ahora. No obstante, para muchos académicos sí es correcto explicar otros aspectos de estas culturas, como la política, la organización social, el desarrollo de técnicas agrícolas, cerámicas, sus dinámicas comerciales e incluso sus concepciones religiosas, partiendo de modelos y teorías europeas. Tampoco estoy de acuerdo con esto. En el caso de un tapiz europeo medieval, la cosa cambia, pues ahí en esa pieza, claro que podemos ver el patriarcado y muchas de sus expresiones que han trascendido hasta nuestros días, tales como el ejercicio del poder vía la violencia en muchas de sus expresiones, la depredación hacia las mujeres, el “honor” o la representación de la virilidad de forma evidentemente falocéntrica. Christopher Monk, historiador de la cultura inglesa entrevistado por el portal afirma que es “difícil encontrar una escena más empapada de testosterona”. Y resalta que, el “uso de genitales masculinos, ya sean humanos o equinos, (…) es una forma abreviada de representar el machismo político en el contexto de la transición al nuevo mundo anglonormando en la Inglaterra medieval”. ¿Existen grandes diferencias con el mundo de hoy? Si nos fijamos, la relación que una cantidad ingente de varones establece con su sexualidad ha sido mediada por la pornografía y ahí, si hay algo que impera, son los penes grandes. Por tanto, aprenden a relacionar el placer recibido y otorgado de forma centralmente en el coito y gracias a un pene enorme. En mi primera entrega de esta columna hablé precisamente del tamaño del pene como una supuesta muestra de virilidad que, visible o no, marca a los varones casi de por vida.
Volviendo a la premisa de esta entrega, no se trata de si le aplicamos o no la teoría de género o queer a un tapiz medieval; no es que queramos ver machismo en todos lados forzando el análisis para encontrarlo. Se trata de hacer evidente que en esa narración bordada se plasmaron elementos ideológicos y culturales que eran fundamentales para esas sociedades y que son antecedente del patriarcado y del machismo que vivimos hoy. En la actualidad, nuestros entramados simbólicos se han diversificado y el machismo se ha mimetizado en muchas otras expresiones, oculto a veces en discursos políticos, a veces en académicos, indudablemente en los religiosos. Es justo identificar en el pasado elementos del presente; para ello no hace falta ver en todo a nuestros influencers de la machósfera; simplemente, identificar sus orígenes para poder evidenciar su falta de originalidad y su anquilosada y peligrosa resistencia al cambio.
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