El Blog de Puebla Deportes, escribe Eduardo Zayas Cuatetl
La paciencia es un recurso escaso alrededor de la Selección Mexicana, con cada resultado provoca juicios inmediatos y cada actuación parece definir el futuro de un proyecto, sin embargo, al analizar los primeros cuatro partidos de Rafael Márquez al frente del Tricolor, el contexto invita a una reflexión más profunda antes de emitir una sentencia definitiva, conviene recordar cómo comenzó Javier Aguirre en su más reciente etapa con el combinado nacional y entender que los procesos requieren tiempo para madurar.
Los números son claros, en sus primeros cuatro encuentros como responsable del equipo nacional, Rafael Márquez no ha conseguido una victoria. El balance registra dos empates y dos derrotas, una estadística que naturalmente genera preocupación entre la afición mexicana, acostumbrada a exigir resultados inmediatos y a observar con lupa cada paso de la selección https://www.youtube.com/watch?v=xsHGbFHNBE8.
Más allá de las cifras, el equipo ha mostrado señales de una búsqueda futbolística distinta. Márquez ha intentado impulsar una salida más limpia desde la defensa, una presión más alta y una renovación paulatina del plantel con futbolistas jóvenes que aspiran a consolidarse rumbo al Mundial de 2030, pero la ejecución todavía está lejos de ser consistente y eso se ha reflejado en los resultados.
La falta de triunfos ha provocado cuestionamientos, pero dentro del grupo existe la convicción de que este periodo puede servir para corregir errores y fortalecer el proyecto. Así lo manifestó el lateral mexicano Jorge Sánchez al hacer un balance de la última fecha FIFA ya que considera que estos tropiezos sirven para detectar errores, corregirlos y saber qué deben cambiar de cara a lo que viene.
Las declaraciones reflejan una postura compartida dentro de la concentración nacional. Si bien el rendimiento no ha sido el esperado, los futbolistas consideran que estas experiencias pueden convertirse en una herramienta de crecimiento a mediano plazo.
La autocrítica también estuvo presente en voz de Obed Vargas, quien reconoció el descontento existente entre los seguidores del Tricolor debido a la ausencia de victorias.
“Nos quedamos con esa frustración, ese coraje que no dimos la cara que debemos dar. No demostramos lo que debemos demostrar a la gente de México, representarlos de la manera que debemos; entonces nos vamos con esa frustración y le pedimos perdón a la afición por no poder darle los resultados que merece”, dijo.
La relación entre la Selección Mexicana y su afición atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. Tras las decepciones recientes en torneos internacionales, el margen de tolerancia se ha reducido considerablemente y cualquier tropiezo amplifica las críticas.
Pero hay un precedente interesante. Cuando Javier Aguirre volvió al banquillo nacional, también recibió observaciones y cuestionamientos pese a contar con una trayectoria consolidada en el fútbol internacional. El “Vasco” apostó inicialmente por fortalecer el orden táctico y recuperar la confianza del grupo antes de desarrollar aspectos más complejos de su modelo de juego.
Aquella etapa demostró que incluso los entrenadores con mayor experiencia necesitan tiempo para transmitir conceptos, construir una identidad y encontrar la mejor versión de sus futbolistas. Los resultados positivos llegaron gradualmente conforme el equipo fue asimilando la propuesta del técnico.
La situación de Rafael Márquez es diferente y, en cierta forma, más compleja. Aunque cuenta con el respaldo de haber sido uno de los mejores futbolistas en la historia de México, su recorrido como entrenador todavía se encuentra en proceso de consolidación, su proyecto coincide con una etapa de renovación generacional en la que varios jugadores buscan convertirse en referentes rumbo a la próxima Copa del Mundo.
Por esa razón, limitar el análisis únicamente a los resultados sería un ejercicio incompleto. Los cuatro partidos disputados representan apenas el comienzo, la verdadera evaluación deberá centrarse en la evolución del funcionamiento colectivo, la consolidación de una base de jugadores y la capacidad del equipo para competir contra rivales de mayor jerarquía.
Es evidente que la falta de victorias preocupa. Dos empates y dos derrotas están lejos de las expectativas de una selección con la historia y los recursos de México y no obstante, también es cierto que los procesos exitosos raramente se construyen de manera inmediata.
Las palabras de Jorge Sánchez y Obed Vargas reflejan un sentimiento compartido dentro del grupo: reconocer los errores sin abandonar la confianza en el proyecto. Esa combinación de autocrítica y paciencia podría ser determinante para que el equipo encuentre el rumbo.
La Selección Mexicana necesita resultados, pero también necesita estabilidad y si en algún momento Javier Aguirre recibió el beneficio de la duda para desarrollar su trabajo, quizá Rafa Márquez merece la misma oportunidad. Cuatro partidos son suficientes para generar preocupación, pero insuficientes para dictar una condena. El juicio definitivo llegará más adelante, pero por ahora, el proyecto sigue en construcción y la paciencia será tan importante como los triunfos que aún están por llegar.