Jat escribe, por Jatzume Hernández Romero
¿Y si te dijera que en Puebla se resguardan muertos en los pilares de algunos puentes, que hay almas en pena debajo de ellos y que, además, bajo nuestras calles existen antiguos pasajes que durante siglos permanecieron ocultos? ¿Me creerías?
Pues bien, en Puebla, una ciudad con casi 500 años de historia, todo esto es posible…
Durante el siglo XVII, la ciudad tenía poco menos de 150 años de haber sido fundada, pero vaya que ya tenía mucho que contar. Y es que recordemos que Puebla estaba dividida por el río de San Francisco, que atravesaba la ciudad de norte a sur y cuyo caudal podía convertirse en un verdadero peligro para quienes intentaban cruzarlo.
Por ello, con el crecimiento de la ciudad fue necesario construir distintos puentes para comunicar ambos lados del río. Uno de los más famosos fue el Puente de las Bubas, que conectaba directamente con el hospital que llevaba el mismo nombre, destinado a atender a personas con el llamado “mal francés” o “bubas”, enfermedad que hoy conocemos como sífilis. El puente que conocemos actualmente fue reconstruido en 1682 y durante siglos permaneció oculto bajo las transformaciones urbanas de Puebla.
En una ciudad naciente, donde las calles se cubrían de piedras brillosas y lozas relucientes, donde se escuchaban los relinchos de los caballos que jalaban carruajes y se levantaban edificios majestuosos de dos o tres pisos sobre las principales calles, adornados con la talavera más fina de la región; donde las mujeres llevaban vestidos anchos y pesados, con tantos olanes que parecían pequeños dulces de alfeñique… resulta difícil imaginar el otro lado de la cara: el más real, el más crudo.
El lugar donde los enfermos deambulaban sin esperanza, sin los insumos suficientes y rogando por un milagro, esperando morir en cualquier momento.
El lugar donde, en el extremo opuesto, otras personas vivían en pequeñas chozas de adobe, intentando conservar el calor y, con él, la poca dignidad que les quedaba.
El lugar donde la única manera de sobrevivir era servir a los pobladores que habitaban del otro lado del río.
Y es precisamente entre estas calles, puentes y barrios donde comenzaron a nacer historias que, con el paso de los siglos, se convirtieron en leyendas.
Una de ellas es la del Puente de Ovando.
Se dice que allí pereció una hermosa joven que, equivocadamente para las normas de su época, se había enamorado de un joven humilde. Aquella relación provocó la furia de su familia, especialmente de su padre, quien no estaba dispuesto a permitir que su hija se relacionara con alguien de una posición social inferior.
Una noche, el hermano de la joven los encontró juntos y disparó contra el muchacho. Pero ella se interpuso para salvarlo y recibió el disparo. El joven tampoco sobrevivió.
A partir de entonces, cuenta la leyenda que el alma de la joven comenzó a deambular por los alrededores del puente. Algunas versiones incluso aseguran que, durante la noche, aparece una mujer que pide limosna a quienes se atreven a cruzarlo.
Así que, si alguna vez te encuentras de madrugada sobre el Puente de Ovando… quizá quieras mirar dos veces a quien se acerque a pedirte una moneda.
Pero espera, porque todavía hay más.
Seguro conoces, o alguna vez has pasado, por el Puente de México, ese antiguo paso que muchos poblanos utilizan cuando se dirigen hacia Cholula y que todavía conserva enormes columnas que parecen resistirse al paso del tiempo.
Este puente fue construido en 1708, después de que una estructura anterior fuera destruida por una fuerte tormenta en 1707. Su construcción fue fundamental para comunicar Puebla con el camino hacia México y facilitar el tránsito y el comercio entre ambas ciudades.
Pero aquí es donde la historia se convierte en leyenda.
Se cuenta que, después del desastre, varios trabajadores murieron durante la construcción y que algunos cuerpos fueron enterrados en los cimientos del nuevo puente para hacerlo más resistente. De ahí nació una de las historias más escalofriantes del lugar: que los lamentos de aquellos hombres todavía pueden escucharse durante la noche.
Incluso hay quienes aseguran haber visto figuras de trabajadores caminando por la zona, como si continuaran con sus labores siglos después de haber muerto.
¿Será solamente un mito?
¿O será que aquellas historias nacieron de los accidentes y tragedias que realmente ocurrieron durante la construcción y que, con el paso del tiempo, terminaron convirtiéndose en relatos de fantasmas?
Lo cierto es que Puebla tiene esa extraña capacidad de esconder su historia a plena vista. Caminamos sobre calles que alguna vez fueron ríos, pasamos por puentes que durante siglos comunicaron dos mundos y, debajo de nuestros pies, todavía existen estructuras que permanecieron ocultas durante generaciones.
Y quizá eso es lo más fascinante: que algunas leyendas no necesitan ser comprobadas para formar parte de la memoria de una ciudad.
Así que, ahora que se acerca el Día de Muertos, la próxima vez que pases por alguno de estos puentes, recuerda que tal vez no estás cruzando solamente una construcción antigua…
Tal vez estás caminando sobre una historia que alguien, hace cientos de años, decidió contar.
Y quién sabe… quizá esta noche, cuando Puebla se quede en silencio, alguien más esté dispuesto a contarla contigo.
Así que cuidado por dónde caminas…
No vaya a ser que debajo de tus pies todavía quede alguien esperando ser escuchado.
@Jatzume1