De París a Tlatelolco: sobre los estudiantes que se niegan a aceptar que el futuro simplemente les ocurra.

De París a Tlatelolco: sobre los estudiantes que se niegan a aceptar que el futuro simplemente les ocurra.
Parabólica.Mx
París Francia Tlatelolco

Juan Pablo Acata Vázquez/Desde París

 

Esta mañana, París amaneció con esa normalidad extraña que tienen las ciudades acostumbradas a protestar. El metro seguía pasando. Los cafés seguían abriendo. La gente caminaba deprisa hacia sus trabajos y, entre las calles ordenadas del séptimo distrito, alrededor de Sciences Po, aparecía otra Francia: estudiantes reunidos, discusiones, bloqueos, policías, pancartas y jóvenes preguntándose en voz alta qué clase de educación —y qué clase de país— estaban heredando.

Resulta difícil observar algo así siendo mexicano y no pensar en casa. Porque Francia lleva semanas viendo crecer un movimiento que comenzó con algo aparentemente pequeño: adolescentes reclamando profesores. No una revolución. No el derrumbe de la República.

Profesores.

Salones menos saturados. Instalaciones dignas. Personal suficiente. Una educación que no convierta el origen social de una persona en una sentencia sobre su futuro. Un sistema universitario que no haga de la incertidumbre una forma permanente de existencia.

Y de pronto dejó de ser pequeño.

Lo que comenzó en algunos liceos de Créteil, terminó extendiéndose por el país. El 6 de octubre, el Ministerio del Interior francés contabilizó 266 mil manifestantes; las organizaciones estudiantiles calcularon 450 mil. Ese día, 891 liceos tuvieron las clases total o parcialmente suspendidas. En París marcharon 56 mil personas según las autoridades y 100 mil según los organizadores.

Las cifras importan.

Pero hay algo más importante que las cifras. Comenzaron a aparecer estudiantes que no sufrían directamente las mismas carencias. Estudiantes de escuelas privilegiadas.

Universitarios.

Profesores.

Padres.

Trabajadores.

Personas que entendieron una idea elemental que a veces nuestras sociedades parecen olvidar: una injusticia no tiene que sucederme a mí para incumbirme.

Y entonces la protesta dejó de pertenecer únicamente a quienes tenían profesores ausentes o edificios deteriorados. Se convirtió en una discusión sobre qué significa ser joven en Francia. Eso es lo verdaderamente interesante. No las barricadas. No los videos. No el humo.

La transformación de un problema individual en una pregunta colectiva.

Una mañana en Sciences Po

Hay una ironía particularmente poderosa en que esta discusión haya llegado hasta Sciences Po. Por sus aulas han pasado presidentes, primeros ministros, diplomáticos, altos funcionarios, intelectuales y buena parte de la clase dirigente francesa. Es una institución diseñada, en cierto sentido, para estudiar el poder.

Y durante estos días algunos de sus estudiantes comenzaron a preguntarse qué hacer frente a él. El 6 de octubre no hubo bloqueo en Sciences Po París: las clases fueron trasladadas a distancia ante el riesgo de perturbaciones, una decisión que organizaciones estudiantiles criticaron por considerar que dificultaba la movilización.

Al día siguiente, mientras el movimiento continuaba en Francia, la contradicción adquiría  otra dimensión: estudiar democracia dentro de un aula mientras afuera una generación discutía sobre la manera en que quería ser escuchada.

Y quizá por eso pensé inmediatamente en México, en nuestras universidades.

Estudiantes,  normalistas, desaparecidos, jóvenes que estudian y trabajan. En quienes tardan dos horas en llegar a una universidad; en quienes jamás consiguen entrar. En egresan con un título y descubren que el mercado laboral les ofrece precariedad

Pensé, inevitablemente, en Tlatelolco.

México no necesita otro 1968. Ojalá nunca vuelva a existir un 2 de octubre y que ningún joven tenga que convertirse en mártir para que escuchar sus preguntas.

Ojalá nunca volvamos a necesitar sangre para producir memoria.

Lo que sí merece ser recuperado del 68 es aquello que ocurrió antes de Tlatelolco.

Y entonces quizá la pregunta que Francia nos deja desde el otro lado del Atlántico no sea qué debemos copiar de ellos.

Es mucho más sencilla.

Y mucho más incómoda:

¿Cuánto más vamos a tardar en volver a escucharnos?

Instagram: @Jp__Acata

Fb: Juan Pablo Acata Pue

X: Acata_mx