Códigos de Guerra escribe Fernando Jiménez
“Las narrativas invisibles detrás del poder político”
En días pasados se dio a conocer la revocación de la visa de entrada a Estados Unidos a Andrés Manuel López Beltrán, "Andy", hijo del expresidente. El hecho desató de inmediato una intensa conversación pública: mientras López Beltrán difundió una carta calificando el tema de su visa de "politiquera" donde denunció persecución y acoso contra su familia, Washington mantuvo la reserva sobre sus expedientes de visado. La oposición quiso ver en este episodio el prólogo del colapso de los López; sin embargo, en términos estrictamente reales, la cancelación de un visado es un acto meramente administrativo que suele operar más como una herramienta de presión política que como un expediente penal formal.
Casi al mismo tiempo, en la Conferencia Internacional para el Control de Drogas celebrada en Argentina, en un contraste evidente, el director de la DEA, Terrance Cole, colmó de elogios al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, catalogándolo como un "socio de confianza" y "un buen amigo". Las mediciones desarrolladas por PulsoGob capturan con claridad ambas realidades digitales: por un lado, la conversación sobre la visa de "Andy" se concentró fuertemente en bloques de oposición, convirtiendo una medida administrativa en un insumo de ataque político y victimización; por el otro, la figura de García Harfuch mantiene niveles de aprobación superiores al 60% en temas de cooperación internacional, provocando el respaldo estadounidense hacia el hombre por encima del sistema, o quizás señalando al que para ellos debería ser el futuro líder del sistema.
Esta dualidad no cayó bien en Palacio Nacional, donde la presidenta Claudia Sheinbaum acusó un "doble discurso" por parte de Washington, cuestionando la selectividad de sus opiniones. La postura del Ejecutivo evidencia la incomodidad de ver cómo EE. UU. valida a un actor estratégico del gabinete mientras mantiene bajo escrutinio o sanción administrativa a figuras ligadas al núcleo del movimiento, ese con el que lejos de romper parece proteger a toda costa.
Si existieran elementos penales concluyentes contra perfiles de alto nivel, la lógica de inteligencia tradicional apostaría por la atracción y captura en territorio estadounidense, no por la restricción de entrada. Por ello, la revocación de visas muestra más el deseo desesperado de la oposición de que Washington ejecute los movimiento políticos que nunca lograron construir localmente, mientras tanto los elogios a Harfuch parecen buscar moldear la pauta de la estrategia nacional de seguridad y forzar su alineación con el vecino del norte.
La ruptura política que históricamente acompaña al relevo presidencial en México nunca se dio de la forma “tradicional” en lo que va del sexenio y con las declaraciones del director de la DEA estas tensiones se traslada al interior del gabinete. El reto para el gobierno mexicano ya no radica únicamente en responder a los embates narrativos del exterior, sino en administrar una relación bilateral donde nuestro vecino utiliza el juego del policía bueno y el policía malo. Hoy queda suficientemente claro con quién prefiere trabajar Estados Unidos, con ese a quien dieron: “amigo, gracias por tu liderazgo, tu amistad y colaboración”.
Fernando Jiménez | PulsoGob, consultor en comunicación política y estratega en gestión del poder. Fundador de la firma (pulsogob.com): Arquitectura Narrativa e Inteligencia basada en datos
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