El rincón de Jorge A. Rodríguez Morgado
"La buena fortuna siempre favorece a los valientes."
Virgilio
El 1 de enero de cada año, millones de personas alrededor del mundo hacen propósitos para tratar de cambiar, mejorar o atender algunos aspectos de su vida. Lo importante es que, al sentirse protegido, siempre es posible volver a empezar, ajustar el rumbo y tener la esperanza de un futuro mejor, pero, lo que se percibe como un ritual moderno tiene raíces que se remontan a miles de años.
La tradición de los propósitos de Año Nuevo nace de rituales sagrados de la antigua Babilonia hace más de 4,000 años ya que, el inicio de un nuevo ciclo era motivo de festivales y rituales, pero no se trataba solo de promesas personales, sino de votos realizados ante los dioses. Práctica que, tras siglos de transformaciones, sigue marcando el inicio de cada año en todo el mundo.
Los festivales babilónicos tenían un carácter espiritual y colectivo. Los participantes agradecían a los dioses por las cosechas y formulaban votos para asegurar la protección y el favor divino. Se aprecia que, desde la antigua Mesopotamia hasta la sociedad contemporánea, existe una constante: el deseo de protección, renovación y mejora.
El origen de la protección divina es tan antiguo como la humanidad y las religiones, manifestándose como la creencia en una intervención sobrenatural para salvaguardar a individuos o pueblos. Se fundamenta en la necesidad humana de sentirse protegida siempre considerando una fuerza activa que brinda seguridad contra el mal, la muerte y la adversidad.
Una de las costumbres del ser humano para protegerse, es el uso de amuletos y talismanes, desde inicio del año, ya que “satisfacen la necesidad ancestral de seguridad y guía, actuando como conductos de energía protectora, ahuyentando el mal y atrayendo la buena fortuna, al encapsular creencias espirituales, símbolos sagrados o virtudes sobrenaturales en un objeto físico para tener una presencia constante de protección, a diferencia de las oraciones que son esporádicas”. Es una señal temprana de un instinto humano profundamente arraigado: encontrar seguridad o control a través de objetos físicos.
La palabra amuleto proviene del latín “amuletum”, término usado para referirse a un objeto que protege contra problemas o el mal. Se popularizó en la Antigüedad como un objeto cargado de poder mágico para la protección personal. Uno de los ejemplos más antiguos que se conocen es un diente de oso de las cavernas perforado, hallado en las montañas de Altai, en Siberia, y que se cree que se usaba como amuleto.
La palabra talismán viene del griego antiguo “télesma”, que significa "finalización, pago, rito religioso". Implica un objeto consagrado para un propósito específico, como la protección o la buena suerte, a través de un rito o completando un fin.
La diferencia principal entre un amuleto y el talismán consiste en que el amuleto es un objeto de origen natural o cotidiano con energía propia que protege de males (como un vegetal, una piedra o un diente) se cree que tiene poder inherente o natural, mientras que un talismán es un objeto creado o consagrado con símbolos específicos (como el Ojo Turco o la Mano de Fátima) y debe ser consagrado con intención para atraer o potenciar un objetivo, no solo para proteger.
El origen de los amuletos y los talismanes se remonta a la prehistoria, hace más de 40,000 años, impulsado por la necesidad humana de protección y control, con objetos como dientes de animales o conchas, y se popularizaron en civilizaciones antiguas como Egipto, usando materiales como loza, cornalina y jaspe, siendo siempre objetos con poderes simbólicos para alejar el mal o atraer la buena suerte. Los usaban para protección, sanación, fertilidad y un paso seguro al más allá.
Muchos amuletos tienen su origen en culturas específicas. Por ejemplo, el trébol de cuatro hojas está profundamente vinculado al folclore irlandés. Cada hoja representa algo especial: esperanza, fe, amor y suerte. La gente cree que encontrar uno trae fortuna, suerte y la protección extraordinaria.
Los talismanes son objetos que se usan para la protección o la buena suerte como el Ojo Turco (contra el mal de ojo), la Mano de Fátima (Hamsa, para suerte y protección), la herradura, también símbolos como el Ankh, el Ojo de Horus (Egipto), la Estrella de David o el Om, y objetos religiosos como rosarios y escapularios.
En la cultura mexicana, los milagros son pequeños objetos religiosos que a menudo representan figuras como ángeles o cruces. Su propósito es invocar bendiciones y protección en la vida diaria.
El impulso de proteger, influir o conectar a través de objetos físicos continúa evolucionando, pero han pasado miles de años y todavía estos objetos están presentes ya que ofrecen una perspectiva sobre los sistemas de creencias de los humanos y nuestra necesidad persistente de sentir que algo está de nuestro lado, nos protege, da seguridad, buena fortuna o defensa contra males percibidos, desde hace milenios.