Con más perspectiva escribe Leticia Montagner
Es necesario recalcar en estos días, antes de que termine el mes de enero de 2026, que la búsqueda por el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres en México comenzó a gestarse hace 111 años.
Yucatán fue la cuna del primer oleaje tanto intelectual como de pronunciamiento político feminista en nuestro país; la publicación La Siempreviva publicada por Rita Cetina –maestra, poeta y feminista—representó el primer intento para visibilizar el sentir de la mujer mexicana con respecto a su papel en una sociedad que estaba a punto de experimentar cambios estructurales importantes.
En el contexto de la Revolución Mexicana y su final, se realizó el Primer Congreso Feminista en México, en la ciudad de Mérida, Yucatán que fue impulsado en el Gobierno del General Salvador Alvarado, quién convocó en 1915 a realizarlo.
La sede fue el Teatro Contreras, inició sus actividades el día 13 de enero de 1916 y los concluyó el 16 del mismo mes. En la convocatoria realizada por el Gobernador, en los considerandos, se advirtió la necesidad de reflexionar en torno a la emancipación de las mujeres:
1.- La mujer yucateca ha vivido hasta ahora entregada al hogar y sus obligaciones se han concretado a las que se originan de una vida quieta, empírica, sin dinamismo, que trascienda a la evolución y sin aspiraciones que la liberten de la tutela social y de las tradiciones en que ha permanecido sumida.
2.- Es un error social educar a la mujer para una sociedad que ya no existe, habituándola a que, como en la antigüedad, permanezca recluida en el hogar, el cual sólo abandona para asistir a los saraos y fiestas religiosas. La vida activa de la evolución exige su concurso en una mayoría de las actividades humanas.
El Congreso fue posible gracias a la participación de Felipe Carrillo Puerto y el propio Salvador Alvarado. Los gastos fueron cubiertos por el Gobierno del Estado.
El Congreso fue presidido solo por mujeres como Raquel Dzib Cisero, Consuelo Zavala Castillo, Elvia Carrillo Puerto, Candelaria Ruz Patrón, Carmen Heredia Urcelay, Rosa Torres González, Dominga Castro Pastrana, Beatriz Peniche de Ponce, Rosina Magaña, Amalia Gómez F. de Aguilar, Adriana Vadillo Rivas, Consuelo Andrade, María Brito F., Candelaria Villanueva, Piedad Carrillo Gil, Aurora Domínguez de Irigoyen, Mercedes Gual de Castellanos.
De acuerdo a fuentes históricas El Primer Congreso Feminista de Yucatán 1916, de Gloria Luz Alejandre Ramírez y de Eduardo Torres Alonso de la UNAM y del Primer Congreso Feminista Convocado por Salvador Alvarado, de Doralicia Carmona Dávila en Memoria Política de México, las reflexiones y conclusiones a las que llegaron las asistentes al Congreso se sintetizaron en el informe que se presentó al Ejecutivo Estatal y en el cual se instó a la autoridad a emprender acciones dentro de los campos educativos, culturales y laborales, destacando el sector público, como las siguientes:
En todos los centros de cultura de carácter obligatorio o espontáneo, se hará conocer a la mujer la potencia y la variedad de sus facultades y la aplicación de las mismas a ocupaciones hasta ahora desempeñadas por el hombre.
Educar a la mujer intelectualmente para que puedan el hombre y la mujer completarse en cualquiera dificultad y el hombre encuentre siempre en la mujer un ser igual a él. Deben abrirse a la mujer las puertas de todos los campos de acción en que el hombre libra a diario la lucha por la vida.
Puede la mujer del porvenir desempeñar cualquier cargo público que no exija vigorosa constitución física, pues no habiendo diferencia alguna entre su estado intelectual y el del hombre, es tan capaz como éste de ser elemento dirigente de la sociedad.
A 111 años, en este mes de enero, vale la pena recalcar que esta realidad empieza a ser visible.
@LMontagnerG
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