Historia de unos días escribe Alejandro Páez Varela
"Que nuestros intelectuales nos digan
cómo de los escupitajos de Salinas Pliego
nacerá una Nación renovada".
La semana pasada, Héctor Aguilar Camín publicó una serie de artículos que causó reacciones diversas. El tipo no es irrelevante en el ecosistema de periodistas, académicos, intelectuales y medios porque tuvo mucho poder y algo tiene todavía. Estos textos no sorprenden, sin embargo, porque de tiempo atrás había abrazado a las derechas en sus distintos empaques. Lo que creo que brilla en estas entregas es que hace explícito su acercamiento a ideas asumidas por el movimiento contemporáneo de derecha radical.
Si alguien cree que el intelectual se adelanta para crear un vínculo comprometido con el pensamiento teveazteco –que se fundamenta en el pastiche ideológico de Ricardo Salinas Pliego–, quizás tenga razón. Es probable que el intelectual piense en 2030, fecha a la que llegará de 84 años de edad.
No sorprende que Aguilar Camín se paree con el pensamiento de Salinas Pliego: el dueño de TV Azteca es una versión corta de Carlos Salinas de Gortari (sí, mucho menos inteligente), y es conocida la cercanía que tuvieron el intelectual y el expresidente. Lo que destaca es el desplazamiento ideológico del capo y de otros capos del mundillo intelectual mexicano –los que promovieron a Xóchitl Gálvez, como Enrique Krauze– hacia el ideario del empresario de ultraderecha.
La revista Letras Libres y muchos de sus escritores y editores, para no ir tan lejos, están oficialmente vinculados a la Universidad de la Libertad, la escuelita fundada por Grupo Salinas que promueve como misión “identificar, atraer y formar individuos inconformes, innovadores y con temperamento liberal”, y que es, en realidad, una versión orgánica de la red social X (transformada a su vez, con Elon Musk, en caldo del pensamiento ultraconservador).
Como decimos los periodistas: “la nota” no es (o fue) que el autor de La guerra de Galio y Morir en el Paraíso abrace en público a Milton Friedman, quien fuera asesor de dos ultras: Ronald Reagan y de Margaret Thatcher, padres del neoliberalismo. La nota fue que este intelectual que alguna vez coqueteó con la izquierda avale el momento latinoamericano, cuando una nación colonialista (Estados Unidos), que tiene como Presidente a un supremacista blanco (Donald Trump), ha decidido usar su poder militar para chantajear pueblos e imponerles a tramposos y mediocres de ultraderecha como Javier Milei o Abelardo de la Espriella, o vasallos del tipo Delcy Rodríguez.
Cuando alguien viaje al pasado, dígale al joven Aguilar Camín que en el futuro abrazará el pensamiento de ultraderecha. Quizás aquél no se asombre, pero le ahorrará al viejo los golpes públicos de decrepitud: nadie reclama nada, por ejemplo, a Martín Moreno.
***
Dos asuntos que se conectan: nunca antes en mi carrera había escuchado a tantos periodistas mexicanos decir que tienen “fuentes en Washington”. Primero. Y segundo: no tengo datos que me permitan reconocer que Ricardo Salinas Pliego fue adoptado por Donald Trump.
Tengo seguramente fuentes más modestas que la mayoría, pero incluso analizando lo que dicen los periodistas más afamados del país, no puedo decir que el Presidente estadounidense tiene al dueño de TV Azteca como un activo en México.
Tengo teorías, que vienen de lo que veo, platico, leo y analizo. Una de ellas es que Trump sabe o ha sido advertido tiempo atrás de que Salinas Pliego quiere usarlo. Conoce sus maromas mejor o tanto como nosotros. No tendrá el detalle, pero sí la versión resumida de que el empresario mexicano dijo a The Financial Times en marzo de 2019 que Andrés Manuel López Obrador era un “extraordinario político”, un “hombre muy sensible” y un “líder contra la corrupción”. Algo sabrá de cuando aseguró que AMLO era tan austero que parecía monje franciscano.
Y Trump no debe saber que “don Ricardo” hasta lloró en un programas de espectáculos, pero seguro está enterado de cuándo se transformó en un perro con rabia: cuando le cobraron impuestos. Trump es capaz de todo, pero nunca aceptaría que alguien lo use para ahorrarse dinero o para ganarlo sin compartirle algo. Por eso no se compra a Salinas Pliego. Es una de mis teorías.
Digo lo anterior porque son, en realidad, tres asuntos que se conectan: Los intelectuales mexicanos están haciendo una apuesta muy grande (uno) al vincularse con un ultraderechista que no tiene apoyo visible de Trump (dos), como dicen algunos periodistas que aseguran tener “fuentes en Washington” (tres), pero que, según yo, son una caterva de charlatanes.
¿Los capos de la intelectualidad mexicana han perdido la visión? Es probable. O tienen vista cansada. Salinas Pliego llegará de 76 años a la contienda de 2030. Krauze, de 82; José Sarukhán de 90; Francisco Barnés de Castro de 83; José Narro de 84 años y ya dije que Aguilar Camín de 84. Todos votaron y pidieron el voto por Xóchitl Gálvez. Firmaron el desplegado del 20 de mayo de 2024 donde la abrazaban y la acompañaban al cadalso. Ahora se alinearán al pensamiento teveazteco porque están dando muestras de caminar hacia allá.
Me imagino que a esa edad (yo tengo 58, ya mero), uno piensa menos en mediano y largo plazos. Pero, oiga, todavía es posible razonar el corto plazo. Este noviembre son las elecciones intermedias de Estados Unidos y es muy probable que Trump, el único sostén de Salinas Pliego (basado en periodistas que supuestamente tienen “fuentes en Washington”), será aplastado. Lo dicen todas las encuestas. The Economist dijo ayer que, con 559 días en su segundo mandato, el índice de aprobación neto del Presidente de Estados Unidos es de -25: el 35 por ciento lo aprueba, el 60 por ciento lo desaprueba y el cuatro por ciento no está seguro. El poll de polls de la cadena CNN da a Trump 36 por ciento de aprobación y 64 por ciento de desaprobación. La agencia AP le da 33 por ciento de aceptación y con 66 por ciento de rechazo. The New York Times afirma que Trump es casi tan impopular como Richard Nixon, quien tuvo que dimitir del cargo.
Nuestros intelectuales necesitan, y es sugerencia, otra dioptría en sus lentes. Ojalá duráramos más años, pero lo único que no podemos detener es el tiempo. Si no fueran alacranes, les tendría cierta ternura porque se abrazan, así ciegos, a una apuesta, Salinas Pliego, que imagina que será coronado rey por decirle “pendejos” a unos, y a otras no las baja de prostitutas; que a la comunidad gay le expresa su odio una semana sí y la otra también, lo mismo que a los pobres, a los que no son blancos o no cuentan con un buen empleo.
***
En mi columna anterior celebré que la oposición, sus medios (el 95 por ciento del total) y sus periodistas (en igual proporción); sus intelectuales, académicos y políticos tengan un precandidato que se acompaña con un proyecto de Nación. No es perfecto –ah, Pablo–, más acerca (me atrevo a decir), a lo que ellos siempre soñaron.
Individuo y proyecto son oportunistas, clasistas, homófobos, misóginos, explotadores, racistas: los mejores de su clase. Pero, ¡vaya!, ¡por fin hay algo! ¡Hay proyecto de Nación!
Me gustaría mucho que Ricardo Salinas Pliego fuera el candidato en 2030. Hasta por razones antropológicas. Quiero ver cómo algo así será visto en las calles. Claro que llenará el Zócalo porque son millones los que piensan como él. Quiero verlo y quiero saber qué porcentaje del total representan.
Una aportación importante de Aguilar Camín, de Krauze y de todos aquellos que quieran sumarle calidad a su legado intelectual será cuando le den forma a esa cantidad de odio, mentiras y escupitajos (el pensamiento teveazteco) y lo traduzcan en una obra. Pienso en que escriban a varias manos un libro, uno solo, con un título bonito (porque inteligentes son) y que lo repartan por todo el país sin cobrar un peso (ajá). Algo como: “Manifiesto urgente contra la dictadura y algunos consejos para una Nación renovada”. Que lo firmen los tres, o los 200 que firmaron el manifiesto de Xóchitl, todos unas lumbreras en sus áreas (aunque muy podridos del alma). Y que lo presenten en Ventaneando y en Venga la alegría. La obra podría acompañarse con una pequeña reliquia con lágrimas de Salinas Pliego, esa sí a buen precio, para los que puedan pagarla.
Y que en esa gran obra, única en su género, expliquen a qué hora eliminarán los programas sociales y el pago de impuestos, la oferta clave (no se les olvide) del pensamiento del señor. Que muestren en un paso a paso, para los estúpidos como yo, la manera en que sostendrán el sistema de salud o si lo piensan privatizar.
Y para terminar: que nuestros intelectuales nos digan cómo de los escupitajos de Salinas Pliego nacerá una Nación renovada, donde millones de pobres que no quieren ser pobres no sean pobres porque quieren. Porque –recuerden a su ideólogo– el pobre es pobre porque quiere y alguien se robó mi queso.
***
Milton Friedman, a quien Aguilar Camín eleva como su mentor, nunca vino a México. Nuestros “Chicago boys” tienen, en algún sentido, mucho de piratas. Pero estuvo en Chile y fue la más grande influencia del modelo económico del asesino Augusto Pinochet y luego el otro mentor (y mecenas) de nuestro intelectual, Carlos Salinas, lo adoptó en grande para México. Fuimos caldo de aquél guiso. Hasta que estalló la olla de presión y millones nos fuimos al carajo en aquella escena trágica, que seguimos pagando con réditos, conocida como “El error de diciembre”.
No menosprecio a Blancanieves de Gortari, quien fue un buen representante de la escuela neoliberal y sus enanos también se crecieron. De alguna manera, Friedman reúne otra vez al intelectual y el expresidente. De allí que los textos de Aguilar Camín no sorprenden y, en todo caso, lo que brilla de ellos es su acercamiento explícito a la derecha radical. Basta de hipocresía, dijo el escritor y periodista. Basta de simulación. Ahora se abraza a Salinas Pliego y al pensamiento teveazteco. Los críticos dirán que el empresario es menos pieza que Carlos Salinas. Y tienen razón. Pero es lo que hay. Quizás dure hasta después de las elecciones de noviembre en Estados Unidos, no sé. Pero las ideas perduran. La honestidad perdura.
Y ahora todos a coro: Que viva la (universidad de la) libertad, carajo. Y a celebrar.
@paezvarela