Gestas de capitán

Gestas de capitán
Antonio Abascal
El Blog de Puebla Deportes

El Blog escribe Antonio Abascal 

La historia dice que hubo un capitán de un equipo italiano que rompió moldes desde ir en contra de las autoridades de UEFA y de Bélgica que prohibían un homenaje a las víctimas de una de las mayores tragedias en la historia del futbol, por lo llevó 39 rosas a la tribuna donde se dieron los hechos; cuenta la historia que se mismo capitán estuvo presente en la derrota de Italia por 1-0 ante Irlanda y en el segundo juego de Estados Unidos 94 cuando ya su equipo jugaba con diez hombres por la expulsión del guardameta Gianluca Pagliuca al minuto 21, sufrió una lesión del menisco que parecía dejarlo fuera de la justa, pero peleó para recuperarse en menos de tres semanas y aparecer en la final como titular ante Brasil donde fue el mejor de la cancha en una batalla sorda que requirió de la cruel decisión de los penales para darle el tetracampeonato a los brasileños tras las fallas de ese capitán y del jugador más creativo que los italianos tenían. Franco Baresi falleció el viernes y la palabra que más repitieron sus compañeros fueron: “Mi capitán”.

Hombres como Paolo Maldini, Zvonimir Boban que fueron sus compañeros, Giuseppe Bergomi quien fue parte del otro equipo de la ciudad, el Inter, pero que siempre fue cercano por su relación en la selección italiana y quien lo acompañó este mismo año cuando juntos aparecieron en la ceremonia inaugural de los juegos olímpicos de invierno de Milán-Cortina D´Ampezzo 2026 donde portaron la antorcha en su ingreso al estadio Giuseppe Meazza. Respetado por todos, incluido Diego Armando Maradona, parte del gran Milán de finales de los ochenta y principios de los noventa, hombre que se quedó huérfano cuando era un adolescente. Fue parte de la expedición italiana en España 82 que finalizó con el campeonato del mundo, aunque no jugó, tuvo un desencuentro con el seleccionador Enzo Bearzot y no asistió a México 86, pero ya convertido en el líder de la defensa del Milán de Arrigo Sacchi jugó todos los duelos de Italia en su casa y, de hecho, anotó en la tanda de penales de la semifinal frente a Argentina donde los pamperos se levantaron con el triunfo.

En Estados Unidos 94 ya con Sacchi como timonel todo empezó torcido con la derrota por 1-0 frente a Irlanda https://www.youtube.com/watch?v=-0EmKwn1PiQ y la expulsión de Pagliuca en el primer tiempo frente a Noruega cuando su propia lesión sumaba otra calamidad. Luigi Apollni ingresó por él, mientras que en el primer lapso Luca Marchegiani se había instalado en la portería para lo cual tuvo que ser sacrificado Roberto Baggio. Italia se levantó con un gol de Dino Baggio al minuto 69 que significó un tanque de oxígeno, luego empató a uno con México para avanzar como tercer lugar y viajar a Boston para medirse a Nigeria a la que derrotó en el tiempo extra con dos goles de Roberto Baggio quien, a partir de ese momento, cargó con el equipo; en cuartos en la misma sede, Baggio volvió a aparecer para decidir la batalla contra la España en la que militaba Luis Enrique quien recibió el codazo de Mauro Tasotti que debió marcarse como penal; en semifinales Baggio brilló contra Bulgaria, mientras todo esto pasaba, en las sombras Franco Baresi apuraba sus opciones para superar la lesión de menisco que requirió la intervención quirúrgica, pero el 17 de julio en el Rose Bowl de Pasadena, Baresi apareció como titular donde capitaneó con su prestancia a la defensiva italiana y en ocasiones se empleó a fondo para evitar que Romario hiciera daño; Baresi brilló, pero la final fue la primera (y única hasta el momento) que terminó sin goles tras los 120 minutos contando los tiempos extra, los penales definieron al primer tetracampeón de la historia; como cuatro años antes en Italia, Baresi fue el primero, pero su disparo se fue por arriba de la meta de Taffarel, otro defensor Marcio Santos también falló ante Gianluca Pagliuca, para dar paso a los goles de Demetrio Albertini y de Romario, de Evani y Branco, cuando Daniele Massaro volvió a fallar por Italia y Dunga puso en ventaja a los sudamericanos; Roberto Baggio estaba obligado a marcar para forzar el quinto lanzamiento brasileño, pero el que nunca había fallado, una de las grandes figuras de esa justa también voló su disparo para dar rienda suelta a la alegría brasileña que así volvía  ganar un mundial tras 24 años y la gran tristeza italiana de ver errar a dos de sus grandes figuras.

Baresi era un líder dentro y fuera de la cancha, querido por sus compañeros, admirado por sus rivales, hombre de un solo equipo y significaba la continuación a una forma de ser italiana: Grandes defensores, líderes, para dar paso a los jugadores imaginativos de mediocampo hacia adelante que cambiaban la cara a la selección; Baresi se fue a los 66 años de edad en un momento donde Italia ha dejado de generar esos defensores que daban miedo, pero, sobre todo, ha dejado de tener líderes que retaban hasta la medicina para regresar a la cancha tras menos de 21 días de recuperación ya que el juego de la lesión fue el 23 de junio y la final el 17 de julio. La historia dice que Brasil se coronó tetracampeona del mundo, pero muchos recordamos no sólo el resultado, recordamos a un jugador con la playera azzurra y con el número seis ser el mejor en la cancha con su capacidad defensiva, con su lectura del juego y con su elegancia, la misma que resultaba básica en el Milán de los neerlandeses que aterrorizó Europa con su defensa adelantada, que, por ejemplo, frenó al Real Madrid de la Quinta del Buitre y de Hugo Sánchez.

Walt Whitman, poeta estadounidense dedicó uno de sus poemas a Abraham Lincoln cuando fue asesinado, en alguna de las estrofas que bien pueden ser empleadas para lo que significó Franco Baresi:

¡Oh, capitán! ¡Mi capitán! Levántate y escucha las campanas;

levántate —por ti la enseña ondea— por ti suena el clarín;

por ti son las guirnaldas y festones —por ti se apiñan gentes en la orilla;

por ti claman, la inquieta masa a ti se vuelve ansiosa.

Pero la figura de Franco Baresi y su fallecimiento sirven para hablar del otro momento que vive el futbol, un momento alejado de la cancha, un momento donde se ha hecho famosa la frase “el futbol no se vende” empleada por la UEFA y la CONCACAF ante la intentona de Gianni Infantino de crear una empresa subsidiaria de FIFA que comercializara, aún más, las copas del mundo. En palabras muy bonitas se ha dicho que el futbol pertenece a la gente cuando este pleito que destapó un buen trabajo periodístico de Martin Ziegler para “The Times” no es precisamente uno donde haya buenos y malos. Se trata de un choque de trenes por el poder del organismo y la posibilidad de ganancias millonarias, se trata de controlar las próximas décadas explotando al deporte más popular del mundo. No hay buenos, ni malos cuando de un lado está Infantino y del otro los Ceferin, Modigliani, Tebas, Al Khelaifi y otros que también han vendido al futbol y ahora se rasgaron las vestiduras porque ellos no se llevaban su parte.

Sin embargo, sabe ¿cuándo el futbol sí es de la gente?, cuando se habla de la pasión que sigue despertando, cuando se habla de jugadores que marcaron a generaciones como Franco Baresi (además un capo defensivo, no el hombre que hacía goles espectaculares), pero cada vez que jugaba el Milán uno sabía que había un defensor que era el más inteligente de todos, que leía el juego mejor que nadie y que luego mostraba una elegancia total cuando conducía el balón. El futbol es de la gente cuando hablamos de capitanes legendarios como Baresi, de tipos como Beckenbauer, de Cruyff, de hombres de un solo club como el propio Baresi, su rival en tantos derbys de la Madonnina, Giuseppe Bergomi, de selecciones que eran capaces de impactar con solo salir a la cancha como las versiones italianas de los ochenta y de los noventa. El futbol pertenece a la gente cuando hablamos de las gestas en la cancha, de las del pasado y de las que afortunadamente todavía se escriben en la actualidad, el futbol pertenece a la gente cuando hablamos de ídolos generacionales como Baresi para los del Milán que tuvo su contraparte en Bergomi del Inter, cuando hablamos de que un hombre fue capaz de regresar de una operación de rodilla sólo 21 días después. El futbol pertenece a la gente cuando no se cae en teorías conspiratorias.

El futbol pertenece a la gente cuando hablamos de sus protagonistas, de la belleza que es capaz de producir, de los técnicos revolucionarios como el que tuvo Baresi en el Milán, Arrigo Sacchi. Ahí el futbol sigue sosteniendo su magia, a pesar de las narrativas de tipos como Infantino enfermos de protagonismo por lo que se acerca a los ex jugadores para  aprovecharse de su popularidad, busca tener partidos con ellos o busca aprovecharse del juego para enriquecerse con una empresa que ya se salía de todos los parámetros, el futbol deja de pertenecer a la gente cuando en redes o en medios de comunicación algunos quieren tener el mismo protagonismo que jugadores y técnicos; el futbol deja de ser de la gente cuando nos centramos en batallas políticas de los organismos.

Mientras Italia llora a Franco Baresi y espera que alguien pueda solucionar su gran crisis, la muerte del capitán del Milán nos ha trasladado a muchos a esos momentos en que la escuadra rossonera goleó 5-0 al Real Madrid en la gran obra en donde Baresi lideraba y los neerlandeses imaginaban para después hacerlo patente; nos transportó a ese mundial de Estados Unidos 94 cuando italianos y brasileños se citaron en la cancha para dirimir al primer tetracampeón de la historia, nos transportó a un mundial donde los caminos de los equipos no se cuestionaban sino que se aceptaban como parte de la justa. Ese es el futbol de la gente, el que es capaz de producir ídolos, el que es capaz de generar emoción en los espectadores, el que es capaz de narrar las gestas de los jugadores, los verdaderos protagonistas de este deporte porque son los que nos hacen enamorarnos de lo que sucede en la cancha.

Murió Franco Baresi, el gran capitán del Milán, pero sus gestas se quedan en la memoria y en la retina de los que lo vinos jugar, sus grandes partidos quedarán convertidos en crónicas que harán que muchos se sigan enamorando del futbol y, por ello, el futbol es de la gente, aunque en realidad el futbol es de los jugadores.

@abascal2