Historia de unos días escribe Alejandro Páez Varela
"No creo que Lilly Téllez y Salinas Pliego
tomen su parte de la lección de Ayuso,
porque los consume el odio, pero otros lo harán".
De Madrid a Cancún
Este domingo, después de penosos recorridos por el Atlántico, los españoles que iban en el buque infectado con un brote de hantavirus volaron en un avión militar a la base aérea de Torrejón de Ardoz. Se les quería llevar a la capital de España, al “Enfermera Isabel Zendal”, un hospital de la Comunidad de Madrid que Isabel Natividad Díaz Ayuso anunció como centro “especializado en la atención de emergencias durante situaciones de catástrofes y brotes de patógenos emergentes, el mejor para pandemias del mundo”.
Sin embargo, los 14 españoles no pudieron ingresar porque el hospital no estaba preparado aunque costó 200 millones de euros, no los 50 millones que originalmente se habían anunciado. Cuando se dijo que volarían del crucero a la Comunidad de Madrid, la misma Ayuso los rechazó. No está claro si fue porque se haría evidente que el hospital es un fraude, o simplemente por su falta de empatía, característica del pensamiento conservador.
–No estoy de acuerdo –dijo Ayuso desde las playas paradisiacas de Cancún, México. Sus conciudadanos fueron llevados a un nosocomio militar después de protagonizar un escándalo con distintos niveles entre autoridades españolas de salud.
Momentos antes de este zipizape, Ayuso había tirado a la basura 450 mil 120 euros que la Comunidad de Madrid pagó en forma de patrocinios para la edición 2026 de los Premios Platino que se celebraron en Xcaret, Quintana Roo, México. Para acusar censura de la Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo, la señora se inventó que desde el Gobierno de la República se presionaba a los organizadores del evento y canceló el resto de su gira, pero se quedó en México, a disfrutar de los días con sol y margaritas.
La desmintieron. Grupo Xcaret negó amenazas y dejó a la señora Ayuso como mentirosa e incendiaria. “Debido a las desafortunadas declaraciones realizadas por la representante de la Comunidad de Madrid los últimos meses culminando con una gira política en México, en días anteriores a la celebración de los Premios Platino Xcaret, hemos solicitado a los organizadores retirarle la invitación para prevenir que el evento sea utilizado como plataforma política en lugar de la celebración que busca enaltecer a la industria cinematográfica de Iberoamérica…”, dijo el grupo en un comunicado.
Dos reveses duros para la Presidenta de la Comunidad de Madrid en apenas unas horas.
Ese hospital que costó tres veces más de lo presupuestado viene de una historia previa. En los días de la pandemia, Isabel Díaz Ayuso se opuso a que los ancianos recluidos en centros de asistencia fueran llevados a hospitales. Su argumento fue que “se iban a morir igual”. Como consecuencia, siete mil 291 adultos mayores murieron sin oportunidad de ser atendidos.
La falta de empatía, característica del pensamiento conservador: la ultraderechista Ayuso intentó justificarse: “Había muertos en todas partes –dijo–: en las casas, en los hospitales, en las residencias. Todo colapsado. ¿Y sabe lo que sucedía también? Que mucha gente mayor, cuando iba a los hospitales, también fallecía. Porque cuando una persona estaba gravemente enferma con el COVID, con la carga viral que había entonces, no se salvaba en ningún sitio”.
En 2024 se estrenó en España el documental 7291. Cuenta cómo Alberto Reyero, consejero de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid, pidió en marzo de 2020 la intervención de la Unidad Militar de Emergencias (UME) en las casas de residencia de ancianos. Detalla cómo Isabel Díaz Ayuso se opuso a darles ayuda. La Comisión Ciudadana por la Verdad en las Residencias de Madrid concluiría después que en marzo y abril de 2020 se produjeron un exceso de mortalidad en las residencias de la región, “el doble que en otras comunidades autónomas”, y dijo que si no se hubieran aplicado “criterios discriminatorios” se podrían haber salvado cuatro mil vidas.
La historia de los siete mil 291 ancianos muertos en una sola decisión se parece a otra, vinculada a un amigo de Ayuso: Ricardo Salinas Pliego. El multimillonario de extrema derecha que la invitó a dictar una conferencia a la Universidad de la Libertad se negó a que sus miles de empleados se guardaran en casa durante la pandemia. Nunca sabremos cuántos murieron por esa decisión.
Tampoco sabremos cuántas vidas se perdieron cuando Javier Alatorre, el lector de noticias de TV Azteca, desaconsejó a su audiencia, durante meses, que se aislara.
“¿Por qué Isabel Díaz Ayuso es una de las voces más significativas en su partido que se niegan a criticar mínimamente a Netanyahu o la masacre de Gaza, cuando el propio Feijóo [líder del ultraderechista Partido Popular] lo hizo en el Congreso este miércoles y el 82 por ciento de españoles dicen estar horrorizados?”, escribió Raquel Ejerique, adjunta al director en eldiario.es, el 21 de septiembre de 2025.
Ayuso, agregó entonces la periodista, ha tenido siempre una inclinación política por el Israel de Netanyahu, con reconocimientos públicos y decisiones favorables “a un grupo concreto de empresarios judíos y personas poderosas de Madrid: los impulsores y patronos de la Fundación Hispano Judía (FHJ)”. En la lista de esta fundación, añade la adjunta del diario español, se incluye, entre otros, a hombres y mujeres con enormes fortunas en España; a Juan Luis Cebrián, expresidente de Prisa y editor de El País y a Nacho Cano, a quien por estos días, en México, se le conoce más como “Facho” Cano.
Y la historias de la masacre en Gaza lleva a otro personaje: David Hatchwell, “el empresario sionista y líder de ACOM [Acción y Comunicación sobre Oriente Medio] que se ha querellado contra periodistas y medios de izquierdas”, como escribe Adrián Martín Andrés, en marzo pasado, en Diario Red, un conjunto de medios dirigido por Pablo Iglesias. Hatchwell es uno de los grandes amigos de Ayuso.
Martín Andrés hace un buen resumen del personaje: “Dueño de Excem, Hatchwell amasa su fortuna gracias a este gigante de la consultoría, la inmobiliaria, el cemento y la ciberseguridad. Además, fue la empresa que actuó como enlace comercial para adquirir el software de espionaje Pegasus. También fue la mano derecha de Sheldon Adelson en su proyecto de montar un casino tipo Las Vegas en Madrid, algo que acabó fracasando”.
El 23 de diciembre de 2014, Noga Tarnopolsky dijo que entre los 15 donantes más generosos para la campaña electoral del Primer Ministro israelí, Benjamín Netanyahu, figuran los nombres de catorce ciudadanos estadounidenses y de un español: el empresario David Hatchwell Altaras, quien contribuyó con nueve mil euros.
Nacho Cano, aliado de Ayuso, también está relacionado con Hatchwell. Es el productor de algunos de los espectáculos más costosos del artista, como Malinche, y pasó a formar parte de su consejo de administración en la sociedad Malinche The Musical Spain, como escribe Raquel Ejerique. Cuenta otra historia fascinante: el músico pretendía plagiar el diseño de una pirámide azteca para construirla en Madrid; en esa pirámide falsa pensaba albergar un teatro dirigido por él. Los vecinos protestaron. No cuajaron los planes.
Y la historia de Cano, Ayuso y Hatchwell nos lleva de regreso a Ricardo Salinas Pliego. Grupo Salinas es uno de los promotores de Malinche, ese intento por maquillar la brutalidad de los españoles durante su dominio en tierras mexicanas. Malinche, de Nacho Cano, es parte de una guerra cultural más amplia desde la ultraderecha para borrar los vestigios de los horrores cometidos en nombre de Dios, en Gaza, en México o donde sea.
Yásnaya Elena A. Gil escribe en octubre de 2025 en El País: “Malinche, el espectáculo que elogia el mestizaje, se ha convertido en el punto de encuentro de la ultraderecha que financia genocidios y consolida su alianza con Ricardo Salinas Pliego. […] Es urgente denunciar Malinche, el musical, como la defensa del mestizaje de la ultraderecha genocida y como propaganda que emerge de la alianza que han establecido”.
La visita de Isabel Natividad Díaz Ayuso a México ha sido extremadamente desafortunada para la causa de extrema derecha. En apenas unos días le han extendido varias lecciones a los que piensan como ella. Los mexicanos están/estamos altamente politizados, pero ella no lo sabría, sino hasta ahora. Nadie levantó la mano contra la extremista Presidenta de la Comunidad de Madrid, pero sintió el rigor de un país que rechaza el clasismo, el racismo y la intolerancia que ella representa. Puede gritar todo lo que quiera del “narcogobierno” y la “narcopresidenta”, pero tiene consecuencias. Su fracaso eleva la barrera a otros que se veían de gira por México invitados por, ya sabe usted, Salinas Pliego.
Ayuso no entendió la lección de Cayetana Álvarez de Toledo y Peralta-Ramos, la otra española que Salinas Pliego promueve entre intelectuales, académicos, periodistas, políticos, empresarios y demás sobrinos que lo siguen o que actúan por él desde la clandestinidad. Cayetana suele acudir a encuentros cerrados, en ambientes muy controlados. No se expone ni a los aeropuertos aunque viaje en vuelos comerciales. Llega a México, sale en TV Azteca o en otros medios sobrinos, da declaraciones que cierta prensa le infla y dice adiós. Ayuso debería aprenderlo.
Este episodio deja además lecciones al copatrocinador de la gira de Ayuso, Salinas Pliego, y a su emporio de medios y sus engranajes de mentiras y difamación: son menos poderosos de lo que su ego les sugiere. Han intentado por años imponer una agenda cultural antinacional a los mexicanos, como el engrandecimiento de Hernán Cortés, etcétera. No han podido lograrlo. Ahora tienen el encargo de Washington de inyectar la idea de que vivimos en una dictadura vinculada al narco; su voz más envenenada, Lilly Téllez, lo grita en todos los medios disponibles en Estados Unidos. Los hace ver como lo que son, vendepatrias, pero no estoy seguro de que todos se compren las ideas que promueven.
El fracaso de Ayuso, pues, no se queda en Ayuso aunque ella quede, sí, como ridícula y tramposa. Es un rechazo más amplio y desborda las fronteras. Mantener a este país soberano nos ha costado sangre y lágrimas y decir “México no es tierra de conquista” es más que una simple idea. Ir a gritarle a Donald Trump que nos invada es escupir para arriba. Hablar mal de México es hablar mal de millones de ciudadanos de bien. Calcularon mal. No creo que Lilly Téllez y Salinas Pliego tomen su parte de la lección, porque los consume el odio, pero otros lo harán. Sobre todo los que estaban con las uñas afiladas, haciendo cola para venir a hacer campaña fascista en México. No, México es otra cosa. Podrá ser el mejor amigo de los amigos, pero cuando está en peligro se vuelve otra cosa. Que le pregunten a la señora Ayuso. O que le pregunten a Maximiliano.
@paezvarela