Se trataría de una defensa geopolítica y no para usarse en una “guerra contra el narco”
La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) dio a conocer que ha puesto en marcha un plan estratégico para evaluar la compra en el mercado internacional de 12 aviones de combate nuevos con miras al año 2028. Esta adquisición busca sustituir a los históricos pero ya obsoletos aviones supersónicos Northrop F-5E/F Tiger II, comprados en 1982, de los cuales solo quedan tres unidades operativas para custodiar el cielo mexicano.
Ante la magnitud de la inversión, que incluye en la lista de candidatos al Saab Gripen sueco y al F-16 estadounidense, surge la duda clave: ¿Para qué quiere México estos aviones de guerra?
No es para combatir al narcotráfico
Especialistas militares coinciden en que estos cazas supersónicos no están destinados a la lucha interna contra el crimen organizado por razones de peso técnico y estratégico:
* Velocidad incompatible: Los aviones de combate vuelan demasiado rápido y alto para detectar o seguir objetivos dinámicos y pequeños en tierra, como convoyes de camionetas o laboratorios clandestinos en la sierra.
* Daño colateral masivo: El armamento de un avión de superioridad aérea posee un poder destructivo diseñado para la guerra convencional. Su uso en territorio nacional pondría en riesgo extremo a la población civil.
* Flota actual eficiente: Para el combate al narcotráfico y la vigilancia interna, la Fuerza Aérea Mexicana ya emplea herramientas adecuadas y de menor costo, como helicópteros Black Hawk, aviones ligeros de ataque Texan T-6C+ y aeronaves no tripuladas (drones).
El verdadero objetivo: Soberanía y geopolítica
La mirada de la Sedena está puesta en la seguridad nacional a nivel internacional y en el cumplimiento de los estándares globales de defensa:
* Custodia del espacio aéreo: México tiene la obligación internacional de vigilar su territorio e interceptar aeronaves no identificadas o vuelos ilícitos a gran escala que vulneren las fronteras.
* Independencia disuasoria: Como una de las economías más importantes del mundo, el país busca mantener una capacidad mínima de defensa propia para evitar depender militarmente de potencias extranjeras, particularmente de Estados Unidos.
* Blindaje de zonas estratégicas: Los nuevos vectores servirán para disuadir amenazas y proteger infraestructura vital, como las plataformas petroleras en el Golfo de México y la frontera sur.
El proceso se encuentra actualmente en fase de evaluación técnica y económica. De concretarse, representará un giro importante en la postura de defensa externa de México de cara a los desafíos geopolíticos de las próximas décadas.