Participó en conversatorio de la Comisión de Derechos Humanos
Israel Vallarta salió de un largo periodo de coma tras 20 años de permanecer preso, acusado en el gobierno de Felipe Calderón de pertenecer a una banda de secuestradores.
Así definió el proceso que vivió después de ese largo periodo sin haber recibido sentencia en un penal de alta seguridad por un montaje de Genaro García Luna y periodistas como Carlos Loret de Mola y Ciro Gómez Leyva.
Los medios, la radio y la televisión, definió, son irresponsables, cuando hablan de esas personas.
A pregunta expresa sobre si mantiene rencor, enojo o perdón respecto de quienes orquestaron la trama mediática respondió:.
“Hace tiempo nosotros perdonamos, si no no hubiéramos podido avanzar, te lo aseguro”.
El personaje que recién cobró notoriedad por haber confrontado en vivo al periodista Ciro Gómez Leyva por haberlo señalado de actuar junto a la ciudadana francesa Florence Caseez como plagiarios descubrió que las televisoras que “destrozaron mi vida” ya no son tan fuertes dada la influencia de las redes sociales.
Sin embargo anticipó, procederá jurídicamente contra quienes lo difamaron como secuestrador.
Vallarta, junto con la activista Mary Sainz participaron en el conversatorio “No era penal” en el marco del día internacional Nelson Mandela en el Tec de Monterrey campus Puebla que organizó la Comisión de Derechos Humanos de Puebla.
Narró su experiencia carcelaria con una oración: “Las sombras, después de los barrotes, siempre se hacen más grandes. En cada secuestrador, narco o asesino hay un ser humano que ha cometido errores”.
Se sorprenderían, advirtió acompañado de Mary Sainz, de cómo son esas personas, “con las que me senté a la mesa o practicar algún deporte; escucharlos en navidad, día del padre o en la perdida de algún ser humano.
En su turno, la activista y actual esposa de Vallarta hizo una larga relatoria desde el activismo: ejecuciones, abuso sexual en contra de niñas y niños, feminicidio.
“Hay que trabajar hasta que la dignidad sea costumbre”, aún a costa de las amenazas y hostigamiento del Estado.
“La sociedad genera equilibrios” frente a esos abusos pues el acoso en contra de los activistas es sistemático.
Cuando una persona es presa -como el caso de Israel Vallarta-, también es privada de la libertad toda la familia.
No se tienen conocimiento del largo camino, muchos de los imputados llegan a morir “y me consta que no se pueden despedir”.
Quedan muchas cicatrices que nunca se van a olvidar. No hay cantidades (de dinero) que repare los daños ocasionados a esas personas.
Es lo que la universidad de la vida nos enseña.