Este megaproyecto de movilidad pretende replantar más de 700 árboles para la instalación de estaciones y torres que conecten a la ciudad de norte a sur. Ambientalistas y academia se pronuncian ante los efectos adversos y la afectación a decenas de especies
Desde finales de 2025, el gobierno de Puebla anunció la construcción de un cablebús que conecte a la capital desde el CIS en Angelópolis hasta la colonia Resurrección, con estaciones en seis puntos clave de la ciudad. Dos de estas se ubicarán en puntos emblemáticos de la ciudad: el Parque Ecológico y el Parque Benito Juárez, espacios con décadas de existencia que no solo albergan la vida deportiva y familiar del municipio, sino también parte de su fauna y flora esencial.
Ante el anuncio de este proyecto, la IBERO Puebla se unió a la preocupación de la sociedad civil movilizada y la comunidad científica del estado. A través del Instituto de Investigaciones en Medio Ambiente Xabier Gorostiaga, SJ (IIMA), la Clínica Jurídica Minerva Calderón, el Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría, SJ (IDHIE), y los departamentos académicos de Ciencias de la Salud y Arte, Diseño y Arquitectura, se advierten los riesgos y consecuencias ambientales de la implementación de esta obra.
Romeo Alberto Saldaña Vázquez, académico e investigador del IIMA, detalló los factores que generan preocupación en esta obra, pues la edificación de dichas estaciones comprende la tala de al menos 746 árboles maduros. El especialista señaló que estos espacios verdes cumplen una función social y ambiental fundamental, y su tala perjudicaría la vida ambiental de Puebla.
Cada fin de semana, los parques Juárez y Ecológico reciben a cientos de personas que practican deporte, conviven en familia y disfrutan de los servicios ecosistémicos que ofrecen sus árboles maduros, muchos de ellos con más de 30 años de antigüedad. La remoción de estos ejemplares afirmó, no solo afectaría el patrimonio vegetal de la ciudad, sino también la memoria colectiva de generaciones que han crecido y construido recuerdos en estos espacios.
Desde el punto de vista ambiental, destacó que ambos parques albergan una biodiversidad importante. En el caso del Parque Juárez, se han registrado alrededor de 47 especies de aves, entre ellas el gavilán de Cooper (Accipiter cooperii), protegido por la Norma Oficial Mexicana 059. En el Parque Ecológico también habitan especies resguardadas por la misma normativa, como el pato mexicano (Anas diazi), lo que implica que cualquier intervención debe considerar la protección de su hábitat.
El académico subrayó que la planeación de proyectos de movilidad debe integrar criterios ambientales y sociales que eviten daños irreversibles a las áreas verdes urbanas, especialmente cuando estas cumplen funciones ecológicas clave, como regulación térmica, captura de carbono y conservación de fauna.
Saldaña Vázquez invitó a la ciudadanía a informarse y participar activamente en el diálogo público sobre este proyecto, señalando que la defensa de los espacios verdes es también una defensa de la calidad de vida y del patrimonio natural de Puebla.