Piso 17 escribe Álvaro Ramírez Velasco
La presidenta Claudia Sheinbaum Pardo sorteó con agilidad y firmeza, con lo que quedó, sin duda, fortalecida, la que pudo haberse convertido en una crisis de Estado por el regreso del imprudente y soberbio gobernador de Sinaloa —otra vez con licencia—, Rubén Rocha Moya.
El mandatario de Sinaloa, quien está señalado por la DEA como sujeto de interés por sus presuntas relaciones con narcotraficantes, regresó apenas 32 horas a la posición de la que, en principio, solicitó licencia hace 122 días para, supuestamente, colaborar con las indagatorias.
¿Quién estuvo detrás de las poco más de 30 horas del desatino demencial de Rubén? La única respuesta posible, verosímil e increíble a la vez, es que, efectivamente, fue el expresidente Andrés Manuel López Obrador, furibundo por dos temas: el retiro de la visa de Estados Unidos a su vástago, Andrés Manuel López Beltrán.
También, por que el titular de Seguridad del gobierno de Claudia, Omar García Harfuch, recibiera halagos superlativos del titular de la DEA (Drug Enforcement Administration, en inglés), Terrance Cole, en la cumbre de la materia en Buenos Aires, Argentina.
Los dos temas están directamente relacionados y hay que sumar uno tercero, de gran peso, aunque separado de los anteriores: la detención del prófugo Fausto Corrales, chofer y asistente del exrector de la Universidad Autónoma de Sinaloa (UAS), Héctor Melesio Cuén Ojeda, quien fue asesinado en un ataque que intentó hacerse pasar por asalto.
En este último caso, Rocha Moya ha sido implicado por supuestos testigos y en varias hipótesis.
El rompecabezas de las 32 horas de Rocha es imposible de armar sin la hipótesis de la participación de López Obrador, al menos, como malaconsejador.
El mensaje de la presidenta en redes, desaprobando la acción de Rocha, que publicó la mañana del sábado, sin personalizar y, por ello, más fuerte y contundente, pues se amplió así la lista de destinatarios, tiene muchas pistas:
“Ningún interés personal puede estar jamás por encima de los intereses del pueblo y de la Nación (…) México merece servidores públicos que entiendan que los cargos son pasajeros, pero la responsabilidad ante la Nación es eterna (…) Por encima de cualquier nombre, de cualquier grupo y de cualquier interés particular, está el pueblo y la Nación”.
No puede haber duda de que López Obrador es uno de los destinatarios.
Mientras la oposición aprovechó el caso para poner en duda la fuerza de Claudia Sheinbaum, la verdad es que la forma en que ella terminó el plan de Rocha Moya y de quienes estuvieran detrás lo fortaleció contundentemente.
El partido, los grupos parlamentarios en el Congreso de la Unión y los congresos locales, las instituciones y los líderes morenistas, todos ellos respaldaron su liderazgo y dieron la espalda a Rocha Moya y a cualquiera que estuviera detrás.
Es Sheinbaum presidenta.
Es Sheinbaum jefa de Estado.
Es Sheinbaum jefa política.
Es Palacio Nacional o una vulgar ambición en Palenque.
@Alvaro_Rmz_V