Una ambición: dos nombres, una herencia

Una ambición: dos nombres, una herencia
Fernando Maldonado
Parabólica

Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado 

Durante décadas fue Mónica Caballero Garci Crespo. Así hizo su vida, fue conocida en Tehuacán. Mónica, Monina, la mujer de la vida social, de los restaurantes, los bares, los casinos clandestinos y los espacios donde construyó relaciones, amistades e intereses.

Pero para disputar la herencia de Socorro Romero Sánchez, ser Mónica Caballero no era suficiente. Entonces salió a la luz Olga Lucía Romero Garci Crespo. El cambio de nombre no puede observarse como un detalle menor dentro de esta historia. Ocurrió justo después de la muerte de Socorro Romero Sánchez y antes de que la disputa sucesoria alcanzara toda su dimensión.

La cronología deja una pregunta inevitable: ¿Mónica recuperó el nombre de Olga para pelear un lugar dentro de la familia Romero y presentarse a reclamar una fortuna?

Después del cambio no llegó la reconciliación familiar. Llegó la guerra: Olga Romero se enfrentó a la familia Celis Romero, cuestionó la sucesión, impugnó decisiones y convirtió la herencia de Socorro Romero Sánchez en una batalla civil, penal, mediática y política que continúa hasta nuestros días.

Mónica Caballero había vivido durante décadas lejos de ese apellido. Olga Romero apareció para reclamarlo todo.  El nombre, el parentesco, el reconocimiento y, principalmente, la herencia.

Ahí comenzó la transformación.

La vida social de Mónica quedó atrás y apareció una Olga cercana al poder por los oficios del ex gobernador Miguel Barbosa y su acuerdo de pelear por la jugosa herencia. Primero la hizo diputada, después dirigente estatal de Morena y finalmente, en donde se siente una figura con acceso a espacios de toma de decisión que una ciudadana común difícilmente tendría.

Y mientras crecía su influencia política, también escalaba el conflicto familiar. Esa coincidencia no demuestra por sí sola una ilegalidad, pero sí obliga a formular la pregunta que nadie en el poder quiere contestar: ¿la política fue para Olga Romero una vocación de servicio o terminó convirtiéndose en la mejor herramienta para fortalecer su batalla personal?

Mientras Olga acumulaba cargos, relaciones y poder, sus adversarios familiares enfrentaban denuncias, investigaciones, detenciones y procesos judiciales relacionados directa o indirectamente con la disputa por la herencia.

Podría decirse que cada autoridad actuó conforme a sus atribuciones, repetirse que todo es una simple coincidencia.  Pero en política las coincidencias reiteradas terminan convirtiéndose en sospechas legítimas. El problema no es únicamente jurídico. Es político.

Olga Romero debía utilizar su posición para dirigir un partido, organizar estructuras, construir unidad y responder a los militantes. Sin embargo, su nombre terminó asociado mucho más a la herencia de Socorro Romero que a cualquier resultado al frente de Morena.

La dirigente se volvió litigante. El cargo se mezcló con el expediente, y el poder terminó proyectándose como una prolongación de su pleito familiar. Esa es la tragedia de esta historia.

En su obsesión por ganar esa disputa, terminó destruyendo también la tranquilidad, la identidad y la credibilidad que Mónica había construido durante años. Una le dio a la otra el apellido que necesitaba, la otra le quitó la vida que tenía.

Hoy Olga puede presumir cargos, relaciones y acceso al poder. Puede continuar litigando, denunciando y peleando contra la familia Celis Romero. Incluso podría obtener una resolución favorable, pero hay algo que ningún tribunal podrá devolverle: la posibilidad de que su trayectoria política sea recordada por algo distinto a una herencia.

Porque al final no serían sus adversarios quienes pusieron en riesgo su carrera. Fue ella misma. Mónica cambió de nombre para entrar a la disputa.

Olga utilizó todo lo que encontró a su alcance para sostenerla.

Dos nombres.

Una ambición.

Y una herencia que terminó devorando a las dos.

 

@FerMaldonadoMX