La novela negra que unió a Bartlett y Maximino

La novela negra que unió a Bartlett y Maximino
Fernando Maldonado
Parabólica

Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado

Hace 42 años que un atentado ocurrido en la Zona Rosa de la Ciudad de México iba a involucrar a dos personajes de la política poblana: Maximino Ávila Camacho y Manuel Bartlett *Díaz. Ambos gobernadores; el primero lo fue de 1937 a 1941, el segundo de 1993 a 1999.

Fue en 1984, otro país con un paisaje distinto, mismo hilo argumental.

El asesinato por la espalda de quien ha sido considerado el periodista más influyente del siglo pasado, y por la tesis que manejó a través de su trabajo de investigación, el iniciador de una novela negra que aún en el presente nos ofrece nuevos capítulos: la narcopolítica.

Manuel Buendía Téllez Girón cayó abatido una tarde del 30 de mayo de 1984 en el estacionamiento en el que solía dejar su automóvil. El tirador fue Juan Rafael Moro Ávila, nieto de Maximino, el ex gobernador de Puebla. En la trama aparece José Antonio Zorrilla, director de la policía política de la época, la Dirección Federal de Seguridad, que dependía de la Secretaría de Gobernación, a cargo entonces de Bartlett en el sexenio de Miguel de la Madrid.

El homicidio de Buendía sucedió cuando a través de su columna Red Privada había documentado la existencia de al menos tres expedientes que siguen vigentes hasta nuestros días: la sociedad insepulta de la clase política con personajes tan siniestros que hoy podrían figurar en el museo del horror.

Amado Carrillo Fuentes, Miguel Ángel Félix Gallardo, los hermanos Arellano Félix y Juan García Abrego, que abarcaron de los sexenios de Luis Echeverría a De la Madrid, entre 1970 y 1984.

El abuelo del ejecutor, Moro Avila, fue un militar que alimentó piezas literarias de ficción como “Arráncame la vida” de Ángeles Mastretta, hermano del ex presidente Manuel Ávila Camacho. Un extremista de la derecha que no se detuvo ante nada, hasta que un fallo en el corazón terminó con su vida.

Su actividad pública estuvo marcada por el férreo control del aparato que dio origen a un periodo de inestabilidad en Puebla que dio lugar a una larga lista de gobernadores sustitutos y no estuvo ajeno a otros horrores en la vida privada: el abuso sexual de jovencitas desde su natal Teziutlán.

Políticos asociados con el narcotráfico; la corrupción y la influencia de la derecha irracional y las operaciones de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos en México, en la pluma del periodista muerto por la bala del nieto del general Ávila Camacho, ordenado por Zorrilla Pérez, subalterno de Bartlett Díaz.

Bartlett, como Maximino no ha estado ajeno a los excesos del poder absoluto que suponía pertenecer a un régimen totalitario. Su paso por el gobierno de alternancia con Andrés Manuel López Obrador Obtador no alcanza para lo que parece perseguir en lontananza: su purificación.

Jefe directo de Zorrilla Pérez, autor intelectual del asesinato del periodista, también ha sido señalado de otros casos que movieron los hilos del poder, hasta tensar la relación bilateral con el vecino del norte en el caso del asesinato del agente de la CIA en Guadalajara, Enrique Kiki Camarena.

La novela negra tiene un tinte tragicómico: Bartlett Díaz y Ávila Camacho unidos por un personaje que más parece chiste, pues además de matarife a sueldo, fue actor de reparto en película de mala hechura como Lola la trailera y líder de un grupo de rock llamado “Asociación delictuosa”.

 

@FerMaldonadoMX