Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado
La semana pasada, en medios locales de Tehuacán y posteriormente en redes sociales, volvió́ a escena la defensa mediática de Miguel Ángel Celis Romero, imputado del probable delito de extorsión agravada. Una entrevista reciente, amplificada y repetida confirmó un patrón ya conocido: cuando el expediente no avanza, el micrófono se acelera.
El protagonista fue nuevamente Carlos Tress Ogazón, quien acusa con soltura y prueba con timidez. En la conversación lanzó imputaciones graves “deudas multimillonarias, delitos ajenos, supuestas presencias en el Centro de Justicia” sin exhibir respaldo jurídico alguno. Y en derecho penal, conviene recordarlo, quien acusa tiene la carga mínima de sustentar. No es un formalismo: es la regla.
Primer error: confundir escenario con tribunal. La entrevista fue la semana pasada; los dichos siguen circulando. Pero no hay autos, no hay constancias, no hay actuaciones que acompañen el discurso. Opinar es libre; imputar sin soporte, no. Segundo error más delicado: el fraude “no penal”.
El abogado del quien se le identifica como “El Animal” apuesta por el olvido: el fraude es un delito del ámbito penal. Más aun: en la siguiente audiencia de fraude están involucrados la esposa y los hijos de Miguel Ángel Celis Romero, quienes, dato que no pasa desapercibido en Tehuacán, no lo han visitado en estos cuatro meses. Si no ha habido acompañamiento personal, habrá́ comparecencia judicial, y esa a diferencia del micrófono, sí es obligatoria.
Tercer error: la acusación de pasillo. En tono irónico, casi de bufón de la corte, se afirmó́ que el abogado Pacheco Tenorio se encontraba en el Centro de Justicia. Bastó una revisión del registro de entradas para confirmar que no estuvo ahí́. Se fue más a fondo: no forma parte de las carpetas de investigación. Fin del acto.
Cuarto error: desconocer trayectorias. El abogado Pacheco Tenorio es originario de Tehuacán, con larga y exitosa carrera jurídica tanto en su ciudad como en Puebla, donde mantiene despacho desde hace años. Las trayectorias se acreditan en expedientes y resultados, no en adjetivos lanzados al aire.
Quinto error: y aquí́ la ironía es inevitable, si existe deuda, emplácese. El abogado y vocero insiste en que diversos abogados adeudan a la empresa. La pregunta es elemental: ¿Porqué no los emplaza legalmente? Los tribunales existen para eso. El micrófono, no.
El hilo conductor es evidente: distraer. Generar polémica para no estudiar carpetas. Hacer ruido para cubrir dilaciones. Acusar para evitar acreditar. El resultado es predecible: credibilidad a la baja y riesgos jurídicos al alza.
El contraste vuelve a ser inevitable. Alfonso Celis Enecoiz, conocido como El Piloto, no ha salido a los medios pese a tenerlos; no ha insultado; no ha cerrado calles. Su equipo legal, local y poblano, ha optado por el silencio estratégico y una postura clara: confianza en el Estado de Derecho y acatamiento a lo que determinen las autoridades. Menos frases, más proceso.
Moraleja penal: los expedientes no se conmueven por entrevistas. Se deciden por pruebas. Y cuando el micrófono pretende sustituir al Código Penal, el Código Penal siempre termina hablando.
Pero hay algo todavía más triste que el error técnico: la herramienta elegida. La defensa del “Animal” parece haber contratado un paquete 2x1: pagas un abogado y, gratis, te entregan un vocero que desinforma, acusa, insulta y se burla del Estado de Derecho... sin formar parte de las carpetas de investigación. Si esa es la seriedad que “El Animal” le concede a su defensa, el resultado no sorprende.
Porque cuando el propio imputado deja claro, como ocurrió́ la semana pasada, que utiliza recursos de una empresa donde es socio, no dueño, para beneficio personal, se entiende con facilidad el origen del conflicto entre socios. El problema no es el micrófono; es la confusión permanente entre lo propio y lo ajeno, entre empresa y patrimonio personal, entre proceso penal y espectáculo mediático.
@FerMaldonadoMX