Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado
Los nombres comienzan a acumularse alrededor de la operación. Y el problema para ellos es muy sencillo: la herencia no es suya.
Pedro, Magally, el nuevo administrador y Venustiano Islas López, el ya conocido “juez de los calcetines”.
Si cualquiera de esos funcionarios utilizó un centímetro del poder público para favorecer intereses patrimoniales debería responder por ello. Monina puede querer una fortuna. Lo que no puede tener es una Fiscalía particular, jueces a modo, magistrados a su servicio ni convertir al Estado de Puebla en el despacho jurídico más caro de México para cobrar una herencia.
Aquí está una de las mayores perversiones de toda esta historia. Miguel Ángel Celis llegó a prisión por un litigio distinto al que Monina lleva más de quince años planteando alrededor de la herencia. Monina vuelve a aparecer alrededor de su libertad.
Ese dato destruye cualquier intento de presentar esto simplemente como la consecuencia natural del viejo litigio sucesorio. No. Es otro expediente, otra historia jurídica. Pero otra vez aparece Miguel, otra vez aparece la cárcel, otra vez aparecen personajes del Poder Judicial y otra vez, Monina.
La resolución que devuelve a Miguel a prisión preventiva tiene una contradicción que merece ser expuesta. La propia autoridad reconoce que cambiaron circunstancias objetivas que habían servido para sustentar originalmente la medida cautelar, pero termina ordenando que subsista la prisión preventiva sobre la hipótesis de que podría obstaculizar la investigación.
Carece de pruebas para sustentar esa decisión. No existe prueba de amenaza alguna, documento destruido, prueba desaparecida. Mandar a alguien a prisión sobre lo que podría hacer, exige una explicación mucho más seria que una colección de posibilidades.
Y mientras eso ocurre, Miguel solicita permiso judicial hasta para salir temporalmente de Puebla. Cuando no acredita suficientemente el motivo, el juez se lo niega. ¿Miguel escapa? No. ¿Viola la medida? No. ¿Desaparece? No. Regresa al mismo juzgado y presenta nuevamente su solicitud acompañando la documentación que considera necesaria. Pero el peligro es Miguel. Claro.
El verdadero peligro es normalizar que una dirigente política convierta en ambición económica privada en una maquinaria institucional. Eso es lo que ve el empresariado: una disputa por una fortuna privada rodeada de fiscales, jueces, magistrados, órdenes de aprehensión y operativos. Y detrás, una dirigente de Morena que incluso pretende gobernar Tehuacán.
Monina podrá seguir buscando la herencia hasta el último día de su vida. Lo que no debería ser permitido es que sus instituciones se conviertan en los títeres de una dirigente política para conseguir mediante el poder lo que durante quince años no ha podido mediante el derecho.
¿Cuántos títeres públicos necesita Monina para cobrar una herencia?
@FerMaldonadoMX