La extinción de 50+1

La extinción de 50+1
Fernando Maldonado
Parabólica

Parabolica.MX escribe Fernando Maldonado

Dese hace meses que el colectivo de mujeres 50+1 perdió brillo, legitimidad e influencia. La capacidad de interlocución se fue por las grietas de la división inocultable. Una abierta y poco elegante intención de partidizarla produjo una enorme grieta difícil de disimular.

Dos rivales en escena, la zacatecana e hija de Amalia García, Claudia Corichi, y la fundadora María Elena (Nena) Orantes, cónsul de México en Houston comenzaron una rivalidad política que tiene como punto clave a la capital de Puebla.

La escena de estos días revela hasta donde caló esa división en una organización que fue ejemplo de pluralidad e inclusión. Entre féminas de diversa profesión, oficio, militancia y creencia.  

Una imagen dice más que mil palabras dicta el lugar común. Y así es para el caso de quienes aparecieron en la escena al lado de la secretaría de Bienestar en el estado, Laura Artemisa García Chávez, al participar en la firma de la agenda de las mujeres que congregó a una 400 de ellas en el Centro Mexicano Libanés este sábado.

Medio millar de empresarias y emprendedoras que parecen en el registro de 50+1, sin el sello que ha distinguido al colectivo que perdió lustre.

En cambio, aparece a un costado de Artemisa la magistrada en retiro Margarita Palomino, reconocida en el foro poblano, ex integrante del Poder Judicial y presidenta depuesta del colectivo, en disputa por la chiapaneca y zacatecana.

Palomino y quienes reconocen la solidez de su carrera y congruencia, han tenido que tolerar una mal disimulada intentona de golpe de estado.

La Nena Orantes ha pretendido su desplazamiento por la ex senadora de la República, Nancy de la Sierra Arámburo que llegó a la Cámara Alta por el Partido del Trabajo y como cuota de Ricardo Monreal hasta que al final decidió regresar a sus orígenes: el priismo.

De la Sierra fue Senadora al mismo tiempo que José Juan Espinosa presidente municipal de San Pedro Cholula. Ambos decidieron romper con Morena que había hecho candidato a Luis Miguel Barbosa. Ella encontró lugar en la bancada priísta; y él, en el exilio.

Ambos habían mostrado exultantes ser “obradoristas” hasta que terminaron marginados.

El caso de Orantes, integrante del cuerpo diplomático para asistir a migrantes en los Estados Unidos fue exhibida como una activista de 50+1 ante la “Mañanera del Pueblo” de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo cuando la chiapaneca diplomática decidió viajar a Europa para extender la influencia del colectivo convertido en franquicia política y partidista.

En la bitácora del colectivo en desdoro aparecen nombres como el de Blanca Alcalá, Genoveva Huerta, Blanca Jiménez, Roxana Luna, Ana Lilia Chacón, Verónica Vélez, Jéssica Baltazares.

Ahí aparecen la propia Zacatecana Corichi de sangre tlaxcalteca e hija de la ex dirigente nacional del PRD y la Nena Orantes, las dos mujeres que pretenden imprimir sello y agenda propia a la organización que de a poco palidece.

“Es hora de enfocarse en la igualdad sustantiva: que el poder femenino sirva para cambiar la realidad social y cerrar brechas históricas” había dicho Orantes en febrero de este año cuando consiguió la destitución de Corichi ante notario público.

Con lo que no contaba era que en tiempos de cambio de paradigma, la influencia notoriamente partidista que se expresa con la imposición de perfiles marcados por su propia historia obligan a lo obvio. El activismo, como la materia, ni se crea ni se destruye. Se transforma.

El colectivo 50 + 1 perdió la capacidad para guiar el esfuerzo de las mujeres a las que aglutinó con la idea de dar coherencia a una exigencia general: la paridad en todos los planos de la vida pública.

@FerMaldonadoMX