Jat escribe por Jatzume Hernández Romero
Las peligrosas ideas de influencers
Con las recientes declaraciones de Erika Kirk sobre el retorno de las tradwife (mujeres tradicionales) en Estados Unidos, se pone sobre la mesa un tema importante. Para empezar, ¿qué es una mujer tradicional?
¿Es aquella que no necesita voz ni voto porque el hombre representa a la familia? ¿Es aquella que depende únicamente del sustento del hombre? ¿Es aquella que se dedica exclusivamente a los hijos y al hogar?
Considero que hay mujeres que disfrutan de estar en casa, cuidar de sus hijos y asumir esos roles, y eso es completamente respetable. El problema surge cuando existe la imposición de ideas contrarias a lo que una mujer considera adecuado para su propia vida.
¿Qué ocurre cuando una sociedad empieza a convencer a las personas de que los derechos conquistados ya no son necesarios? Vaya que son ideas peligrosas.
Recordemos que, hace apenas cincuenta años, las mujeres en Afganistán gozaban de muchas libertades que hoy siguen teniendo la mayoría de las mujeres en América: podían casarse al alcanzar la mayoría de edad y sin ser obligadas, salir solas, estudiar, vestir como quisieran, votar, hablar en público, tener amistades o simplemente ir al salón de belleza. Actividades que para muchas personas resultan cotidianas y que hoy, para millones de mujeres afganas, son prácticamente imposibles.
Y aunque el contexto de las tradwife es muy distinto, existe un punto en común: la intención de convencer, primero a una persona, luego a otra y después a miles, de que solo existe una forma correcta de vivir. Ese es apenas un pequeño indicio de las consecuencias que puede traer la intolerancia hacia quienes piensan diferente.
Lo más preocupante es que este tipo de movimientos ideológicos no se construyen de la noche a la mañana. Primero se ridiculiza a quienes defienden sus propias ideas. ¿Te suena?
Después se comienza a decir que ciertos derechos ya no son necesarios. Tal como ocurre con algunas voces dentro del movimiento tradwife, donde se sostiene que una mujer no necesita votar porque el hombre representa el voto de toda la familia.
El siguiente paso consiste en proponer pequeñas restricciones, aparentemente inofensivas. No se trata de eliminarlos —dicen—, solo de limitarlos. Hasta que, cuando la mayoría deja de defenderlos, terminan desapareciendo.
Y es que, aunque pueda parecer una idea sencilla o una acción sin mayor importancia, con frecuencia olvidamos todo el proceso histórico y la lucha que millones de mujeres emprendieron para que hoy todas podamos votar, representar, decidir y formar parte de la vida pública en igualdad de condiciones.
No es un fenómeno exclusivo del movimiento tradwife. También ocurre con la libertad de expresión. Tan solo en México, en lo que va del año, han sido asesinados seis periodistas o comunicadores por ejercer su labor, con el objetivo de silenciar sus voces. Incluso hoy existen influencers que los denigran y menosprecian simplemente por hacer su trabajo.
También sucede con la libertad religiosa. Un ejemplo de ello son los grupos extremistas que recurren a la violencia para imponer sus creencias y obligar a otras personas a seguir sus normas, incluso fuera de sus territorios de origen.
Es decir, ningún derecho sobra mientras exista la posibilidad de perderlo.
Aún tengo fe en que la sociedad será lo suficientemente crítica como para no dejarse llevar por modas con un trasfondo irracional y retrógrado, como algunas de las ideas que promueve el movimiento tradwife. Que no permitamos la desaparición de tantos derechos que fueron conquistados tras años de lucha y que hoy nos permiten vivir como lo hacemos.
Los derechos no obligan a nadie a ejercerlos; simplemente garantizan que cada persona pueda decidir.
@Jatzume1