Códigos de Guerra escribe Fernando Jiménez
“Las narrativas invisibles detrás del poder político”
Las recientes elecciones del Perú confirman algo más importante que un resultado: no hay una victoria cantada. La contienda entre Keiko Fujimori, asociada a la derecha, y el candidato de izquierda Pedro Castillo se ha cerrado a márgenes mínimos, con diferencias que cambian hora a hora. Más que definir un ganador, el proceso exhibe una tensión estructural: sociedades partidas donde unos cuantos votos definen el destino de un país entero.
Este es el patrón. América Latina lleva años operando bajo una lógica pendular. Brasil es el caso más evidente: un ir y venir constante entre Lula da Silva y Jair Bolsonaro, un ciclo que impide consolidar políticas de largo plazo y obliga a cada administración a desmontar a la anterior. No es alternancia saludable; es oscilación permanente. Es un sistema que reacciona más de lo que construye.
La analogía con la física es directa. A toda acción le corresponde una reacción de igual magnitud en sentido contrario. En política ocurre lo mismo: una izquierda percibida como excesiva activa una derecha de respuesta equivalente, y viceversa. En los extremos, el péndulo se detiene apenas un instante —máxima tensión acumulada—; al cruzar el centro, acelera y libera esa energía en forma de voto, narrativa y decisión pública. Más que estabilidad, es transferencia constante de fuerza.
El péndulo no es ideológico en estado puro, es reactivo. El votante no siempre elige proyecto; castiga contexto. El resultado es polarización sostenida, simplificación del debate y decisiones condicionadas por la urgencia electoral. América Latina no está votando futuro, está corrigiendo presente.
Este comportamiento tiene implicaciones directas en comunicación política y análisis político. Hoy no basta medir intención de voto; hay que entender velocidades de cambio, saturación narrativa y fatiga social. Los ciclos se acortan, las reacciones se amplifican y el péndulo se mueve más rápido, pero con menor profundidad. Impacta más, dura menos.
México, por ahora, opera bajo otra lógica. No existe el nivel de ruptura que detone un giro abrupto. Morena, encabezado por la presidenta Claudia Sheinbaum, ha optado por un pragmatismo que desdibuja la ortodoxia: defensa del tratado comercial con Estados Unidos y Canadá como ancla económica, y expansión del rol de las Fuerzas Armadas en tareas civiles y de seguridad. Decisiones asociadas a la derecha, ejecutadas desde un discurso de izquierda. Ese híbrido contiene, por ahora, la inercia pendular.
En México no hay aún ese péndulo en movimiento. La pregunta es otra: ¿está la oposición lista para entender el momento actual? La simulación de una ultraderecha —las malas copias de Milei— no va a atraer votantes ni a mover el tablero. Construir una alternativa real exige algo más que señalar los errores de la 4T: requiere leer el entorno, entender los códigos del poder y proponer una narrativa estratégica con viabilidad política. ¿Quién está construyendo hoy esa narrativa en México y en Puebla? Las elecciones se acercan. Muy pronto lo sabremos.
Fernando Jiménez | PulsoGob, consultor en comunicación política y estratega en gestión del poder. Fundador de la firma (pulsogob.com): Arquitectura Narrativa e Inteligencia basada en datos
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