Jat escribe Jatzume Hernández Romero
Respetar a nuestros mayores no es solo un valor
El tiempo simplemente no para. Por más que queramos, el envejecimiento es algo inevitable; sin embargo, pareciera que se nos olvida en qué consiste la vejez. Mientras tendría que ser un tiempo para relajarse y disfrutar de la plenitud adquirida con los años, otras personas creen tener derechos sobre quienes han llegado a esta etapa, dejándolos vulnerables, invisibles e incluso expuestos al abuso.
Vivimos en una sociedad que celebra la juventud. Admiramos la velocidad, la innovación y la energía de las nuevas generaciones, pero con frecuencia olvidamos que cada una de esas virtudes se sostiene sobre los hombros de quienes estuvieron antes. Los adultos mayores no son únicamente personas que acumulan años; son historias vivas, experiencias convertidas en aprendizaje, testigos de cambios sociales, culturales y tecnológicos que transformaron el mundo que hoy habitamos.
Sin embargo, la realidad dista mucho de la imagen ideal de una vejez tranquila y digna. Miles de personas mayores enfrentan diariamente distintas formas de maltrato. Algunas son evidentes, como la violencia física o el abandono. Otras son más silenciosas, pero igualmente dolorosas: la indiferencia, la discriminación, el aislamiento, la exclusión de las decisiones familiares o el despojo de sus recursos económicos. En muchos casos, quienes deberían protegerlos son precisamente quienes terminan vulnerando sus derechos.
La Organización de las Naciones Unidas estableció el 15 de junio como el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, una fecha que busca visibilizar una problemática que con frecuencia permanece oculta entre las paredes de los hogares. Porque el maltrato hacia las personas mayores no siempre deja huellas visibles; a veces se manifiesta en una llamada que nunca llega, en una conversación que no se escucha, en una opinión que se descarta únicamente por la edad de quien la expresa.
Resulta paradójico que una sociedad que valora tanto la experiencia en algunos ámbitos sea capaz de ignorarla en otros. Con frecuencia escuchamos frases que reducen a las personas mayores a una carga o a un obstáculo, como si el valor de un ser humano dependiera exclusivamente de su productividad. Olvidamos que la dignidad no tiene fecha de caducidad y que el respeto no debería disminuir con el paso de los años.
La manera en que tratamos a nuestros adultos mayores dice mucho sobre quiénes somos como sociedad. Una comunidad verdaderamente humana no es aquella que únicamente impulsa a los más fuertes, sino aquella que protege a quienes pueden encontrarse en una situación de mayor vulnerabilidad. Garantizar una vejez digna implica acceso a servicios de salud, seguridad económica y espacios de participación social, pero también algo mucho más sencillo y profundo: escuchar, acompañar y respetar.
Tal vez el problema radica en que solemos ver la vejez como algo lejano. Pensamos en ella como una realidad ajena, reservada para otros. Pero basta detenernos un momento para comprender que el tiempo avanza para todos por igual. Si la vida nos concede el privilegio de llegar a una edad avanzada, algún día nosotros también necesitaremos paciencia, comprensión y compañía.
Por eso, más que una fecha conmemorativa, este 15 de junio debería ser una invitación a reflexionar sobre el futuro que estamos construyendo. Porque la forma en que hoy tratamos a las personas mayores es, en realidad, la forma en que estamos definiendo cómo queremos ser tratados mañana.
La vejez no debería ser sinónimo de abandono, olvido o dependencia. Debería representar el reconocimiento de una vida recorrida, de los desafíos superados y de las enseñanzas compartidas. Al final, todos avanzamos por el mismo camino. Y si algo merece quien ha llegado más lejos, es caminar sus últimos años acompañado por el respeto, la gratitud y la dignidad que toda persona merece.
@Jatzume1