Columnista invitado el Dr, Alfredo G. Torres
Recientemente el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta propuso incorporar carreras técnicas de Medicina y Enfermería en bachilleratos tecnológicos de Puebla con el objetivo de busca ampliar la formación de recursos humanos en salud desde edades tempranas y aumentar las oportunidades educativas y laborales para los jóvenes. La propuesta ha generado un sin número de críticas pues de acuerdo con los anuncios realizados por el gobierno estatal, el objetivo es que los estudiantes cursen simultáneamente el bachillerato y una formación técnica relacionada con las ciencias de la salud.
Como cualquier propuesta, se deben evaluar sus aspectos positivos y negativos, siempre pensando en mejorar la salud de los Poblanos. Por lo que se podría suponer que esta iniciativa tiene como objetivo tener un mayor acceso a educación en salud, lo que puede acercar a estudiantes de zonas rurales o de bajos recursos a carreras relacionadas con la salud. Igualmente, facilitaría la creación de una ruta educativa hacia licenciaturas en Medicina, Enfermería y otras profesiones sanitarias. Otro aspecto positivo sería el atender el déficit de personal sanitario, pues tanto México como Puebla enfrentan una escasez histórica de médicos, enfermeras y otros profesionales de la salud, especialmente en comunidades marginadas. Si se lograra implementar una formación temprana se podría aumentar el número de jóvenes interesados en ingresar posteriormente a programas universitarios de salud. Otro aspecto útil sería los estudiantes podrían adquirir conocimientos de primeros auxilios, promoción de la salud, prevención de enfermedades, toma de signos vitales y educación sanitaria, lo que sería una herramienta valiosa incluso para quienes no continúen estudios profesionales. Finalmente, si el programa se estructura como una carrera técnica reconocida, algunos egresados podrían desempeñar funciones auxiliares o administrativas dentro del sector salud, siempre bajo la supervisión correspondiente de un médico o una enfermera certificados.
Desafortunadamente, existen un sin numero de aspectos negativos a esta propuesta, el primero de ellos es que la medicina no es una profesión técnica, A diferencia de la enfermería, donde existen niveles técnicos bien establecidos en muchos países, la medicina requiere una formación universitaria extensa, internado, servicio social y certificaciones profesionales. El introducir el concepto de "técnico en Medicina" puede generar confusión sobre las competencias reales del egresado. Aun más preocupante sería el riesgo de intrusismo profesional, en caso de que no se definan claramente los límites de actuación, algunos egresados podrían intentar realizar actividades diagnósticas o terapéuticas para las cuales no están capacitados. Esto podría afectar la seguridad de los pacientes, como ya se ha visto recientemente en Puebla con clínicas sin licencia o pseudo médicos sin título atendiendo a los pacientes.
Se han iniciado pláticas con la Universidad de la Salud del estado de Puebla para evaluar esta propuesta, pero se debe ser muy cuidadoso en garantizar la calidad de la formación, puesto que las ciencias de la salud requieren laboratorios, simuladores, prácticas supervisadas y docentes altamente capacitados y muchos bachilleratos técnicos podrían no contar inicialmente con la infraestructura necesaria para una enseñanza adecuada. Otro aspecto negativo seria que algunos estudiantes podrían interpretar que el bachillerato técnico les permite ejercer funciones médicas o de enfermería profesional, cuando legalmente no sería así. Además, diversos colegios profesionales podrían percibir la medida como una simplificación excesiva de profesiones que requieren años de formación especializada.
¿Cuáles serían las implicaciones reales para el paciente Poblano? Los beneficios reales para los pacientes dependerán completamente del diseño e implementación del programa. Si se implementar correctamente se podría aumentar la alfabetización en salud de la población, mejorar la disponibilidad de personal auxiliar capacitado para actividades preventivas, fortalecer programas comunitarios de vacunación, educación sanitaria y prevención de enfermedades y eventualmente contribuiría a aumentar el número de futuros profesionales de la salud.
Si se implementa de manera deficiente, podría generar atención por personal insuficientemente capacitado, aumentar el riesgo de errores en la identificación de síntomas, orientación clínica o procedimientos básicos, crear confusión entre pacientes respecto a quién es médico, enfermera profesional, técnico o auxiliar, y afectar la confianza pública en los servicios de salud si ocurren incidentes relacionados con competencias mal definidas.